Discomático

David Eugene Edwards – Hyacinth (Sargent House)

DAVID EUGENE EDWARDS "Hyacinth" LP - Evil GreedNo las teníamos todas, los fans del reverendo, ante el anuncio de su primer disco -pónganse muchas comillas aquí- en solitario. Tanto su artefacto a medias con Alexander Hacke (Risha, 2018) como Silver Sash, la última entrega de Woven Hand el año pasado, lo mostraban un tanto errático y disperso, no tanto huérfano de inspiración como inconcreto en sus propuestas. Por ello, la constatación de que Hyacinth nos lo devolvía por sus fueros (si no por completo, sí en buena parte), ha sido tanto una alegría como un alivio.

Y ello a pesar de que pudiera ser fácil caer en la sensación de que el disco -a primera escucha- suena excesivamente monocorde. La voz de Edwards -siempre grave, siempre severa- ataca todas las canciones desde un rango tonal prácticamente idéntico; puro trampantojo. Conforme se repiten las reproducciones, emergen los matices. Leves inflexiones aquí, sutiles variaciones allá. Una voz omnipresente que no oculta, en cualquier caso, un trabajo instrumental a caballo entre lo acústico y lo electrónico, empleados ambos con inteligencia y precisión.

Porque son esas texturas electrónicas las que dan carácter a Hyacinth. Y se lo dan desde lo percusivo cuando es menester («Celeste», «Bright Boy») pero también desde lo, digamos, atmosférico, utilizando capas de sonido para arropar a las canciones que tal requieren («Weaver’s Beam», «Howling Flower»).

Todo ello nos remite en cierto modo -sin imitaciones ni calcos nostálgicos- a la que para muchos es la mejor época de Wovenhand, la que ahora hace casi veinte años nos dejó maravillas como Consider The Birds o Mosaic. Aunque lo hace sin, insistimos, repetir fórmulas en exceso. Este álbum se sostiene por sí solo como un nuevo paso en la dilatada carrera de nuestro hombre. Uno en el que parece que su particular parcela del americana -la del folk gótico y el country temeroso de Dios- abre la empalizada para permitir la entrada de elementos contemporáneos; un enfoque certero -a tenor de los resultados- que no dista mucho, en esencia, de lo facturado por Mark Lanegan en su última etapa.

 

Eloy Pérez

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