Encuentros — 4 diciembre, 2014 at 13:19

Ian Mclagan, se fue sin avisar…

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En el mes de septiembre de Ruta 66 (no. 318) publicábamos una de  las últimas entrevistas que quizá atendió el bueno de Ian Mclagan. Siempre afable y cortés como pocos, nos concedió una larga entrevista con motivo del fabuloso box set “Here Come The Nice” que se ha publicado este año y nos hablaba de sus experiencias dentro y fuera de los Faces, y de la posible reunión que ahora ya nunca podrá ser lo mismo. Ian siempre fue un ser muy querido y queremos rendirle nuestro más sentido homenaje a uno de de los personajes más honrados del rock.

 

Ian McLagan acaba de llegar a la simpática edad de 69 años, cincuenta de los cuales ha entregado a la música. Aprovechando la edición de la magnífica caja Here Come The Nice, que recopila todas sus grabaciones de su banda Small Faces para la discográfica Immediate Records (incluyendo demos, liner notes, un genial diseño artístico y sorpresas varias – quizás debería haberse llamado, más adecuadamente, All or Nothing), charlamos con él sobre sus bandas, sus caras, sus canciones y las de otros.

 

Here Come The Nice es una caja espectacular en todos los sentidos, está claro que se le ha dedicado tiempo y amor.

La verdad, me da la impresión como que hemos estado esperando mucho tiempo para que todo este material haya sido editado en vinilo y CD en un formato tan bueno. Rob Caiger, que se ha encargado de recopilarlo y montarlo, hizo un trabajo similar con The Move. Se esforzó muchísimo para localizar las copias maestras originales: algunas estaban en Nueva York, otras cintas (másters de Olympic Studios) estaban en posesión de un fan… En fin, en el libreto se comentan todas estas historias la mar de curiosas. Todos los recopilatorios que han salido en los últimos treinta años regurgitaban las mismas copias, lejos de las originales. Gracias a su diligencia pudimos encontrarlas. Lo cual es genial, porque las diferencias en el sonido son muy vastas. A lo largo de los años, la calidad sonora de estas canciones parecía ir perdiéndose y nos malacostumbramos a oírlas de la forma incorrecta. También desempolvamos tomas alternativas que llevaban por ahí perdidas todas estas décadas. ¡Escucha la intro de la versión en estéreo de Tin Soldier…! Te caes de culo. Gran parte de este material no lo había escuchado desde esos tiempos en el estudio. Escucharnos charlando entre toma y toma es algo que evidentemente me invade de nostalgia. Incluso podemos oler ese espacio, las memorias flotando hacia aquí.

 

Tanto los Small Faces como los Faces fuisteis admitidos en la Rock’n’Roll Hall of Fame hace un par de años. ¿Cómo lo llevas?

No acabo de entender la inducción simultánea, como si fuéramos la misma banda… una debería haber seguido la otra. No lo decidimos nosotros. Aparte de eso, no hace falta decir que es un gran honor estar ahí. No lo veo como una culminación o un final a mi carrera, pues ésta continúa. No hay jubilación a la vista.

 

¿Qué recuerdas de tu entrada en los Small Faces? ¿Cuál era tu principal motivación entonces?

A decir verdad, pensaba que conseguiría un montón de dinero [risas], aunque esto no acabó siendo así. En principio hicimos un pastón, aunque nunca lo recibimos. Economía aparte, mi ambición era la misma que ahora, francamente. Recuerdo que por entonces me hicieron una entrevista y me preguntaron: “¿cómo ves tu futuro?” Mi respuesta fue bastante simple. Querría estar en un bar lleno de humo (por entonces fumaba tabaco, qué raro se me hace ahora pensar en estar en un bar cigarrillo en boca) tocando rhythm and blues conmovedor cada día de la semana. Y bueno, eso es en resumen lo que hago ahora mismo aquí, en Austin. Toco cada jueves en un bar, el Lucky Lounge, con mi banda. De hecho sacamos hace poco un disco en directo para que la gente del mundo pueda ver de qué rollo vamos. Es curioso como todo acaba siendo tan circular.

 

¿Qué recuerdas de los hábitos de composición en los Small Faces y de tus pinitos como compositor de canciones?

Steve y Ronnie podían trabajar tanto separadamente como juntos. Además la mayoría de veces, al principio, estábamos de gira así que lo hacían delante de todos, podíamos compartir lo que iban desarrollando. Steve quizás traía una canción acabado, y Ronnie añadía una conexión, o al contrario, uno de ellos la terminaba todo solo. Un par de años más tarde tuvimos unas vacacioncillas en una casa de campo y ahí no pudieron evitarme tanto [risas], así que se les pegaron algunas de mis ideas. Así, ciertos temas pasaron a ser Lane-Marriot-McLagan. Conseguí romper la hegemonía del dúo de compositores, que era poco habitual (en los Beatles, G. Harrison siempre iba por su lado). Siempre me habían animado a componer, pero no con ellos [risas].

 

¿Ya desde el principio notabas sensibilidades distintas entre ellos dos?

Por entonces no estaba tan claro hacia dónde acabarían tirando – más tarde hemos visto que hacia derroteros muy distintos. Ronnie tenía un enfoque más folky y Steve era el señor cara A, ya sabes, señor All or Nothing. Aunque Ronnie escribió Itchycoo Park, que es todo un hit en toda regla.

 

Bueno, debe ser la canción más célebre de los Small Faces.

Es un tema fascinante, aunque lamentablemente lo odié durante muchísimos años. Nunca, hasta hace poco, me había fijado bien en su contenido. Estaba hasta las narices, me parecía una memez hippie, drogas y tal. La canción dice, “on the bridge of sighs (habla de Cambridge), to rest my eyes in shades of green”. Grabando un álbum de canciones de Ronnie en 2006, Spiritual Boy, celebrando lo que habría sido su sesenta aniversario, la pillé. Viene a decir que aun y sin tener dinero, ni futuro, ni privilegios, encontré la belleza en un parque de Londres. Para qué ir a clase, si la belleza está en todos los sitios: encuéntrala.

 

Qué curioso. La idea de volver para atrás a revisitar viejas canciones y encontrar nuevos significados o inspiraciones a través de los años.

Sí, a mi me parecía un tema excesivamente alegre, “oooh qué bonito es todo”, muy desfasado, pero acabé percatándome de que trata sobre la búsqueda de lo sublime. En 1990 giré con Ronnie por Japón; evidentemente estaba encantado de girar con él, con la única condición de no tocar Itchycoo Park. Discutimos bastante al respecto y al final no la tocamos. Hoy día me arrepiento muchísimo de ello. Está claro que es de las mejores canciones de la banda, junto a Tin Soldier, All or Nothing, Afterglow of Your love, I’m Only Dreaming… En general puedo escucharlas, pero tampoco mucho: no soy un fan, sino que lo he vivido.

 

¿Qué nos puedes contar del peculiar Odgen’s Nut Gone Flake?

Ronnie Lane diseñó en gran parte ese álbum, está todo relacionado con el hecho de tomar ácido, mandangas de ese tiempo. Lo estábamos hablando y Steve propuso coger a Spike Milligan [cómico británico] como narrador, aunque ése no estaba interesado. Al final contamos con Stanley Unwin, quien tras pasar un rato con nosotros en el estudio captó nuestra dinámica y la incorporó a su propio estilo de charla, o gobbledygook como lo llamaba él, y se sacó los vínculos entre canciones de forma muy concisa, espectacular. El disco en sí es muy producto de su época pero creo que la combinación de diversos estilos es resultona. Kenney Jones lleva años intentando convertirlo en algún tipo de largometraje de animación. Quería a Robin Williams como Stan, que me parece mala idea: ¡debería ser un actor inglés! Ahora que lo pienso, está en desarrollo una obra teatral sobre los Small Faces, aunque no estoy involucrado porque tiene muy mala pinta.

 

Se ha comentado mucho como ese álbum y la obra de los Faces le “dotó de huevos”, por así decirlo, al pop psicodélico británico.

Bueno, no sé, a todos nos encantaba el blues, el rock’n’roll y particularmente el soul. Booker T. and the MGs, todo el sonido Stax, la instrumentación guitarra-bajo-órgano-batería. Cuando empezamos con Faces las cosas cambiaron un poco porque no teníamos muchas canciones compuestas. Lo que teníamos era, eso sí, una obsesión colectiva con el directo de Muddy Waters en el festival de jazz de Newport de 1960. Lo conocíamos de pe a pa, así que en concierto recuperábamos hasta cinco canciones de ahí (Hoochie Coochie Man, Mojo Working, Got My Brand on You). Así que, en el fondo, al principio éramos casi estrictamente una banda de blues. Después ya fuimos construyendo cosas propias, a diferencia de los Small Faces había mucho más mestizaje colaborativo. Yo componía con Ronnie Lane, Rod [Stewart] conmigo, Ronnie Wood con Rod, un Ronnie con el otro Ronnie; en fin, todos componíamos con todos [risas]. Daba igual: lo que funcionara, lo primero que saliera. Éramos todos bastante diferentes y todos teníamos el mismo peso dentro de la banda.

 

Tenéis planeada una reunión el año que viene, ¿no?

A ver, el año pasado fue mi cincuenta aniversario en el negocio de la música – aunque eso nadie lo celebró [risas]-, y el año próximo se cumplen cincuenta años de Small Faces. Me gustaría muchísimo montar un par de shows en Londres, obviamente necesitaríamos invitados porque solo quedamos Kenney y yo. Por otro lado hemos estado hablando con Rod de hacer una reunión de Faces también en 2015. No creo que se puedan combinar ambas cosas porqué a él no le interesa cantar temas de S.F. Si todo sale bien haremos un tour con Faces y luego unos pocos bolos-tributo de S.F. Cerraremos el círculo. Yo me lo pasé bomba con la anterior reunión de Faces [con Mick Hucknall en lugar de Stewart]. Ya sin ensayar demasiado las cosas cuadraban, tuvimos que revisar algunas pocas partes pero fue increíble la forma como planearon hacia nosotros las canciones. No creo que saquemos mucho dinero de ello, llegados a cierta edad te das cuenta de que la música, más allá del negocio, se resume en tocar junto a gente con quien te sientes bien, con quien tienes conexión.

 

Si tu artículo de Wikipedia es fidedigno, tiene que salir pronto un nuevo disco tuyo en solitario.

Bueno, no me fiaría mucho de Wikipedia, durante un tiempo en mi página tenían mi nombre como Ian William Patrick – ni idea de dónde narices se sacaron el William [risas]. En principio este junio saldrá, en efecto, mi nuevo trabajo, llamado united states, así en minúsculas, ya que no trata sobre el país, sino sobre relaciones entre hombres y mujeres: estados unidos. Trata sobre sexo, vamos. Me gusta pensar que mi mejor forma artística se encuentra en lo que he sacado solo, por mi cuenta. Cada día de trabajo pienso al respecto. Me preocupo por nuevas canciones, nuevos conciertos.

 

¿Cuánto tiempo llevas ya viviendo en Estados Unidos?

Pues más de treinta y cinco años, desde 1978. Londres (Reino Unido, en general) en esa época estaba obsesionado con los sintetizadores, todo el mundo quería que lo tocara, y a mí, la verdad, me la pelaban bastante. Así que escapé un poco ese frenesí emigrando a Los Ángeles, dónde vivía Ronnie Wood, quien me ayudó a conseguir un contrato con un estudio. Les hice un par de discos pero al cabo de unos años acabé hastiado de esa ciudad, así que me trasladé, en los noventa, a Austin. Me parece una ciudad sensacional, la escena musical es muy fresca, muy real. La gente se preocupa por la música y va a los conciertos, mientras que en L.A. notaba menos entusiasmo. Por supuesto hay el festival South by Southwest, que sinceramente me enerva un poco, se ha convertido en algo demasiado grande. Aquí puedo hacer lo que me gusta: tocar música.

 

¿Quién te ha inspirado más de entre la gente con que has trabajado? ¿Con quién tienes pendiente marcarte una jam?

Sin duda uno de ellos sería Bobby Womack, trabajé con él en los setenta, un músico genial, tanto con la guitarra como cantante. Injustamente ignorado. Y por supuesto los Stones, ¿qué puedo decir? Colaborar con esos tipos, de los cuales ya era un gran fanático, fue una experiencia brutal, un poco como tocar con tus ídolos. El año pasado volví a colaborar con Keith [Richards] en un pequeño proyecto. Girar con Bob Dylan fue también sensacional… y el hombre aún sigue girando y componiendo. Muy inspirador. Ya en otra liga, mi buen amigo Billy Bragg. Su voz no es particularmente buena pero puede cantar sus canciones, en su mayoría un poco políticas – si bien debajo de todo eso es un romántico. Toqué con él en España, en Bilbao. Al respeto de con quién me gustaría trabajar, la verdad es que con nadie. Estaría encantado de tocar con quien sea, pero no es algo que busque o me preocupe. Lo que disfruto es tocar con mi banda actual, estoy muy satisfecho de la dinámica que conseguimos.

 

¿Cuales son tus hábitos actuales como melómano?

Los domingos hago de DJ durante tres horas en la radio local, así que me encuentro constantemente revisitando música. Le doy muchas vueltas a mi colección de vinilos y voy descubriendo cosas – la búsqueda nunca acaba. No paro mucha atención a los artistas recientes, escucho a veces la radio pero no se me queda mucho. El otro día estaba leyendo una entrevista con un sujeto en el New York Times y le hacían la típica pregunta, “¿cuál es tu canción favorita?”, a lo que el tipo respondía, “Cualquier cosa que esté en la lista de éxitos”. ¿Se puede ser más gilipollas y aburrido? No tengo ni idea de qué es lo que más se vende, no tiene ninguna influencia en mí. Suena a cliché, pero es cierto: las listas de éxitos ya hace décadas que están llenas de basura. ¡Quien recuperara los días de Buddy Holly y los Everly Brothers!

Si bien no tengo mucha idea de música actual, destacaría una chica que se llama Paloma Faith, en particular su canción Picking Up the Pieces. Tiene una voz muy conmovedora, rollo así Adele, pero mejor. Ah, y ayer me topé en la televisión con una banda nueva muy cojonuda, los Strypes. ¡Son espectaculares! Casi es como ver a los Small Faces resucitados. Le meten mucha caña. Son jóvenes, guapos, furiosos, rebosan energía y tienen buenas canciones. Cuentan con esa aura especial, si me entiendes. Son lo más grande que ha salido de Irlanda en mucho tiempo. Hay gente a que quizás le parezcan un refrito, pero oye, la música buena, del estilo que sea, nunca caduca, nunca muere. Escuchas Little Richard en cualquier década y es brutal. Tutti Fruti es lo mejor – y es atemporal. Álbumes como esos… no se puede ir más allá. Los Strypes me pusieron muy feliz, me dieron una buena sacudida. Ya tocaba algo así, hostias.

 

Hablas de redescubrir música vieja. Podría decirse que alguien como Ronnie Lane no es justamente recordado o valorado ¿Qué otros artistas de los años sesenta y setenta crees que han caído en el olvido?

Hay un montón. De los primeros que me viene a la cabeza, Tim Hardin, que falleció joven por sobredosis. Era genial y la gente parece haberse olvidado de él. También mencionaría a Phil Lynott, con quien tuve el placer de colaborar antes de irme de Reino Unido [en el álbum de Thin Lizzy Fighting]. Considero que no es recordado con todo el respeto que se merece. Hay mucha obsesión con lo flamante y lo nuevo en cuento hay una brutal cantera de gente a reivindicar. Por supuesto eso me enerva un poco porque claro… ¡Hola, todavía estoy aquí! [risas]

 

La maldición del manager turbio

Los Small Faces son uno de los casos con peor suerte en el management de la historia del rock. En Carnaby Street, Londres, una placa conmemorativa destaca el despacho donde la joven banda estrechaba sus manos con el endiablado empresario Don Arden, célebre instigador de dolores de cabeza (Black Sabbath y The Move también lo sufrieron). “Don Arden era, de hecho, un manager excelente”, comenta McLagan, “lo que pasa es que era un ladrón, así de claro.” Arden, aun y preocuparse por la popularidad de la banda, acabó estafándoles gran parte de su dinero mediante engaños y triquiñuelas financieras. Para poner a los padres de los chavales de su parte, acusó a la banda de ser unos drogadictos e intento otras vías de chantaje. “No era tan fácil encontrar un manager muy bueno que no fuera un chorizo. En nuestro caso, parece que nunca llegamos a conseguirlo.” Tras romper lazos con Arden, cayeron en el regazo de Andrew Loog Oldham, ex-manager de los Rolling Stones. “El problema con Andrew es que dirigía una compañía de discos [Immediate Records]: así que a parte de representarnos, era además nuestro editor, agente… no puedes meter todos los huevos en una cesta porque cuando se te caiga, te vas a quedar sin nada.” De entre todos los artistas de Immediate Records, los S.F. eran los únicos que traían dinero, aunque después eso tampoco acababa en sus manos realmente. “A mi me pasaban la miserable suma de cincuenta libras a la semana”, recuerda McLagan. “No recibimos royalties de edición, composición o interpretación. Nos ganábamos la vida en la carretera.” No fue hasta 1997 que aclararon las cosas legalmente y recibieron su primer cheque, tras décadas de hacer dinero virtual. “Steve [Marriott] llevaba años muerto y Ronnie [Lane] falleció justo poco antes de recibir el cheque. Es bochornoso, se lo enviaron a una dirección incorrecta, de no ser así le habría llegado a tiempo. Como mínimo lo habría visto, palpado, habría sido importante para él. Resumiendo, la mitad de Small Faces murió sin haber recibido un duro por su trabajo.” Aunque en los sesenta abundaban los empresarios en búsqueda de bandas a extorsionar, ningún caso es comparable al de los S.F. “Ahora me levo bien con Andrew porque, en fin, el dinero ya se fue, nadie va a cambiar eso”, suspira McLagan. “Pero nos dieron muchos palos. Los Beatles tuvieron un gran manager que no les robó, The Who tuvieron varios buenos… no sé sobre los Kinks o los Hollies pero estoy bastante seguro de que nadie fue estafado en el mismo grado. Éramos una de las bandas más populares de Reino Unido y comimos migajas. Absurdo.”

 

Texto: Xavier Gaillard

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