Encuentros — 16 junio, 2011 at 0:00

La Frontera, Cruzando Rivas Creek

Incombustibles, Javier Andreu y su compinche Tony Marmota presentan nuevo disco, Rivas Creek, y siguen realizando conciertos en los que se combinan nuevas canciones con esos viejos temas que les transformaron en forajidos del oeste en tiempos de la famosa movida madrileña. Decían que si el whisky no te arruinaba, las mujeres lo harían. Pero ni el uno ni las otras han podido con ellos……..

  

¿Dónde está Rivas Creek?

Rivas Creek es el pseudónimo de Rivas Vaciamadrid, una localidad al suroeste de la comunidad de Madrid donde he pasado los últimos diez años de mi vida. Y donde he compuesto este disco en estos últimos dos años, en una habitación llena de cables, guitarras y recuerdos. Por allí para el rio Jarama y como Creek quiere decir arroyuelo le cambié el nombre a Rivas, porque me parece más country y más personal. 

Mucho ha llovido desde los tiempos de vuestra irrupción en la escena rock nacional, con canciones ya emblemáticas. Las cosas han cambiado mucho, pero vuestro universo sigue manteniendo nexos de unión con vuestros inicios. ¿Qué os inspira para escribir y seguir en marcha? 

Nos inspira el afán de superación y el contacto con nuestro público. Para nosotros lo más importante es tener un buen espectáculo y hacer feliz a la gente 

Todos los temas del nuevo álbum los firma Javier Andreu, pero el tándem con Tony Marmota se mantiene inalterable. ¿Seguís manteniendo el sentimiento de banda?

Somos más amigos que nunca. La furgoneta y los hoteles nos mantienen muy unidos y aunque vivimos un poco lejos el uno del otro el rock and roll nos acerca cada día más. Nunca nos alejamos de los inicios y en este disco hemos intentado mantener la frescura de los primeros discos. Precisamente no quisimos dejarlo en manos de ningún productor, para mantener el sonido que nos caracterizaba en nuestros primeros discos. Por eso lo hemos producido nosotros, con Santiago López, nuestro técnico de sonido. 

El tren es un elemento clave en vuestra iconografía. ¿Seguís siendo culos de mal asiento, empedernidos viajeros dentro del mundo del rock?

Date cuenta que yo nací en Madrid, en la calle Ferrocarril, que es un nudo ferroviario muy importante junto con Alcázar de San Juan, donde hemos grabado un video que se puede ver en nuestra página web lafronteraweb.com. Por allí pasaban trenes a todas horas y eso quieras o no se queda grabado en el subconsciente sobre todo cuando eres un crío. En Cercedilla también nos pasábamos las horas muertas jugando en las vías y arriesgando en los túneles. 

Vuestra hoja de promoción no miente: os tomáis las cosas con calma. Ocho discos en estudio en más de veinticinco años. ¿Lleváis vosotros las riendas de vuestra carrera?

Cuando firmas un contrato de por ejemplo tres años y a disco por año te sientes presionado. La inspiración no aparece por arte de magia y cuando viene, con la misma facilidad te puede llevar a un estanque seco de falta de ideas. En este caso nos hemos sentido libres al no tener, hasta ahora, contrato discográfico.

Siempre habéis sido una banda peculiar, desde vuestros inicios compartiendo espacio y tiempo con los grupos de la llamada movida madrileña hasta la actualidad, en la que seguís defendiendo un conceptual rock de raíces. ¿Es difícil nadar eternamente contracorriente?

Hay que apoyar a los valores nuevos sin olvidar de dónde venimos. Y nadar a contracorriente. En eso reside la cultura, en aportar ideas nuevas. Hay que destacar y la única manera es siendo diferente. Preferimos nadar a contracorriente que dejarnos llevar hacia la mediocridad. Empezamos ofreciendo algo distinto y creo que por eso estamos aquí. En la época de la movida cada grupo se movía en un universo único y todos teníamos algo que decir. 

¿Es difícil adaptarse a vuestro actual status, tras haber alanzado el éxito masivo con Rosa De Los Vientos?

El éxito de Rosa de los Vientos fue un arma de doble filo. Por un lado pudimos llegar a todo el mundo y todos conocían nuestras canciones, pero el nivel de exigencia fue muy alto. Algunos cayeron por el camino,  pero fue algo maravilloso que vivimos con gran intensidad. Ahora estamos más concentrados en nosotros mismos y con lo que hacemos. 

De los once nuevos temas ¿percibís en alguno de ellos ese algo especial que transforma una canción en algo eterno?

Creo que hay una canción que reúne todos los requisitos para convertirse en mi himno personal. Esta dedicada a Suso, mi mejor amigo, con el que empecé a tocar y a componer. Es un homenaje a su memoria. 

Habláis de un largo proceso para dejar reposar los nuevos temas antes de grabarlos y editarlos. Nueve años sin publicar nuevas canciones es mucho tiempo. ¿Cual es vuestro método de trabajo? ¿Cuándo y cómo sabéis que es el momento de entrar de nuevo en el estudio?

Es todo un poco caótico. Realmente no sabes si estas componiendo o no, cuando estas tocando la guitarra en casa, o en un prueba de sonido. Las canciones van surgiendo sin darte cuenta. Soy bastante desordenado. Menos mal que tengo una grabadora encima de la mesa y de vez en cuando doy al botón de grabar. Después hago una selección cuando me siento inspirado. También tengo cuadernos con escritos y poemas. Por lo general me baso más en disfrutar con la creación que con el resultado. Por eso he tardado. Me he sentido tan feliz en el proceso que no quería que terminara. Ahora estoy con nuevas canciones. Es mi manera de estar conectado con el otro lado, con lo importante. 

Por último, ¿podéis adelantarnos vuestros planes para un futuro próximo?

Pues seguir dando conciertos por España y Portugal y este año posiblemente dar el salto a Chile, Argentina y México. Pero sobre todo, seguir componiendo para un nuevo disco.

ALFRED CRESPO 

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