Encuentros

Diego Vasallo, «somos transmisores de lo que percibimos»

Diego Vasallo no ha cedido un milímetro en su personal evolución editando trabajos de sinuoso folk-rock a contracorriente, cada vez de manera más independiente y autogestionada. Su último trabajo «Malo ni bueno» solo está disponible en Bandcamp y físico online y en conciertos. En paralelo Diego es autor de una vasta y liberrima producción pictórica, véase el maravilloso arte del último disco de los madrileños Black Toska.
Lienzo y pintura, letra y música confluyen en una misma mirada al mundo que le rodea.
Nuestros colaboradores Antonio Jesús Moreno “El Ciento”, también ilustrador y Sendoa Bilbao, versado en composición y procesos creativos, exploran ambas vertientes del autor.

Lo pictórico,
por Antonio Jesús Moreno “El Ciento”.

Haciendo un símil entre tu trayectoria como autor de canciones y tu obra pictórica se podrían asemejar de algún modo la paleta de colores y sus formas con los rudimentos propios que componen una canción, timbres, instrumentación y arreglos. En este sentido, se podría reconocer tu estilo como un rock expresionista: oscuro, bitonal, experimental, sugerente, intervenido…

¿Qué te aporta la pintura que no puedes alcanzar u obtener con la escritura de canciones? ¿Una mayor libertad, quizás?

Heart of Mud

Es difícil comparar la pintura con las canciones, los procesos son tan diferentes que no sé si se tocan, en realidad. Aunque por otro lado, la mirada es la misma, por lo que es inevitable que haya una cierta contaminación. Al fin y al cabo, solo tenemos una forma de mirar e interpretar todo ese caos, esa belleza y ese desastre en el que estamos inmersos.
La pintura es el proceso que se adapta mejor a mis ritmos, a la forma en que me gusta dejar discurrir el tiempo. El taller, el silencio, los materiales, todo ese microcosmos me atrapa, me concentro mucho más que con el trabajo musical, mucho más abstracto. La pintura es un trabajo mucho más físico, y eso a las mentes dispersas nos viene muy bien.

Siguiendo esta línea, se podría decir que toda tu obra -tanto musical como pictórica y poética- tiene en común un compromiso total con la búsqueda y defensa de esa libertad creativa. Una liberación de corsés que a día de hoy ha hecho de ti un artista radicalmente único.
¿Qué artistas: músicos, poetas o pintores dirías que son los que más te han marcado?

La búsqueda creativa, para mí es el verdadero motor que mueve todo esto. Sin esa exploración de los límites no le veo mucho sentido a este trabajo. A mí lo que me gusta en realidad es leer y caminar. Si no surgiera esa chispa que enciende el proceso, el mecanismo que nos hace ir a por algo que intuimos pero no conocemos, me quedaría muy a gusto en mi butaca con un libro. Hay muchísimos artistas que me han influido, y me influyen. A veces su obra no tiene mucho que ver con la mía, pero hay algo en ellos que me motiva a intentarlo: Roger Wolfe, Karmelo Iribarren, Emil Cioran, Bukowski, William Turner, Marguerite Duras, Patti Smith, Nick Cave, Hugo Race, Manolo Millares, Antonio Saura, Tapies, Francis Bacon, Luchino Visconti, Harry Dean Stanton, Johan Barthold Jonkind, Eduard von Keyserling, Ángel González, Eloy Sánchez Rosillo, Mark Lanegan, Cartier – Bresson, Joan Didion, Elisabeth Jane Howard, Edith Piaf…
Podría seguir hasta el infinito.

Portada disco «Dandelions» de Black Toska

Según cuentas, tu primera educación en lo gráfico procede del cómic clásico nacional y los súper héroes, ¿Qué factor o factores crees que te han llevado a eliminar casi todo rastro figurativo en tu obra en favor de la abstracción?

La verdad es que no tengo ni idea. Tengo la teoría de que la obra de uno avanza por donde quiere, descontrolada, sin que podamos hacer mucho al respecto. Solo hay que trabajar e intentar guiar a esa cosa que se desboca. Por eso es muy fácil estrellarte y fracasar, una y otra vez, una y otra vez…
En cualquier caso me ronda por la cabeza algún tipo de serie que pudiera acercarse al lenguaje del cómic, pero ahora no sé cómo. Seguramente surgirá. O quizás no.

¿Hay alguna intención o concepto detrás de tus trabajos pictóricos o se trata simplemente de pura expresión guiada por la intuición?

No hay concepto, pero sí intención. La de ordenar el caos, introducir algún tipo de equilibrio en el cuadro, controlar el gesto, la mancha, la textura, crear una imagen que pueda llegar a transmitir emoción. La mayoría de las veces no se consigue. Yo diría que la intuición y el oficio son las claves.

¿Qué dirías que tienen en común actualmente tus pinturas y tus canciones? ¿Algún rasgo que caracteriza el conjunto de tu obra?

Dicen que son melancólicas, así que algo de eso habrá. Siempre he pensado que estoy muy influido por el entorno del que vengo, las brumas del norte, las rocas, la lluvia, los cielos grises y las playas invernales. Somos transmisores de lo que percibimos. Me gustaría tener la templanza de un monje zen, pero sigo contaminado por mi forma de mirar.

Lo musical,
por Sendoa Bilbao

Caemos como cae un ángel, tu álbum anterior, fue grabado de manera urgente, una producción cuidada pero sobria y fue ahí donde diste con estas canciones largas sin estribillo.

En este nuevo disco Malo ni bueno vuelves a estas canciones río pero aquí están más arropadas con capas sonoras, ruidos y destellos sonoros. ¿Ha sido más paciente este proceso creativo y cuánto has dejado en manos de Fer Garcia que te acompaña en la producción?

Sí, ha sido una grabación muy diferente. Al grabarlo en Green Farm Recordings, el estudio de Fer García, en su casa, nos lo hemos tomado con calma. Hacíamos una o dos sesiones y volvíamos a la semana o así, dejando tiempo para pensar, probar cosas, en fin, muy diferente a las sesiones del anterior, que se hizo en unos pocos días. Aunque hay bases de canciones que se grabaron muy rápido, tocando Fer, Andoni Etxebeste y yo a la vez en la acogedora sala bajo el tejado. Quiero lo que no se puede, la tocamos una sola vez, voz incluida y así se quedó. Luego Fer fue metiendo capas de guitarras, slides, ambients, y Álvaro Turrión nos mandó unas fantásticas pistas de Rhodes y Hammond. Fer García ha aportado muchísimo al disco, probando y probando guitarras, texturas, sonoridades. Luego escuchábamos lo que había e íbamos decidiendo con qué nos quedábamos. Sin límites, libertad total, experimentación artesanal.

Tus tres discos anteriores son más urbanos, suceden entre calles, paseos y bares,. Aquí sales de la ciudad y nos muestras cumbres y páramos más amplios. Hace frió pero tú estás más abrigado y seguro. ¿Ha cambiado el lugar desde el que escribes?

Realmente sí, me mudé hace dos años a una casa en el campo, cerca de Hondarribia y probablemente eso ha cambiado las cosas. Casi siempre escribo dando caminatas, pero el entorno es otro, así que será inevitable que afecte a las canciones. El mar, el horizonte, las rocas, los montes, la bahía, según dónde mires las reflexiones toman caminos diferentes. Creo que en estas letras quizás haya más amplitud, más aire puro, cada vez son más como mensajes en botellas lanzadas al agua, llenas de preguntas sin respuesta. Los textos avanzan algo desbocados, sin mucho control, no sé realmente hacia dónde apuntan.

Nos sorprendiste con el avance “De este lado” que es toda una declaración de intenciones. Una canción de más de siete minutos y la más experimental del disco. Quiebres sonoros, melodías en ascenso hacia estribillos inexistentes…
¿parte del proceso es buscar los limites de la canción?

Sí, sin duda. En eso por supuesto hay verdaderos maestros en los que mirarse, pero es verdad que las canciones pop con una estructura muy definida, con sus diferentes partes melódicas cada vez me interesan menos. Pienso más en paisajes, carreteras desconocidas, texturas sonoras, la canción como algo que avanza hacia delante con armazones musicales muy sencillos y que va recogiendo cosas por el camino. El sonido que arrastra la canción es parte de su esencia, no se puede desligar del texto, de la voz, es un todo, un artefacto. Una especie de monstruo.

Sueles llevar una lista de referentes musicales al estudio de grabación, con el proyecto anterior hablamos de Joe Henry y Heath Cullen, ¿qué otros músicos han sobre volado esta producción esta vez?

Muchos, además Fer tiene una cultura musical vastísima. Pero por citar algunos nombres que han sobrevolado durante el proceso, citaría a Duke Garwood, Mark lanegan, John Murry, John J. Presley, y mucho Hugo Race. Pero no nos poníamos una dirección concreta en las canciones. Las dejábamos libres, retocando aquí y allá, a ver a dónde nos llevaban.

“No compañías, no distribución, no marketing, no problemas”, decías el otro día en redes. Cuanto más libre eres en la composición mayor autonomía tienes en la gestión del proyecto. Esta es una tarea diaria de músicos del underground. ¿Te estás fijando en ellos para tener un mayor dominio de tu proyecto? ¿Es un paso hacia delante o hacia atrás?

Me fijo mucho en cómo manejan sus carreras algunos músicos que me gustan. La autogestión es en parte una opción hacia la libertad (casi) total y en parte algo a lo que me ha conducido el tortuoso camino de mi trayectoria. Las otras opciones me han llevado a perder pasta en cada disco, así que no veía muchas alternativas, la verdad. Las plataformas, streaming y demás mierdas han hecho que acabemos aquí. No tengo ni idea de si es un paso adelante o directo al precipicio; en cualquier caso, es lo que hay ahora, no le doy muchas más vueltas. Lo peor de todo es el curro que tenemos mi mujer y yo en casa, como dos titanes contra la furia de los elementos.

En el documental de Beatriz Echeverría “Diego Vasallo, La posteridad para más tarde” comentas que hubo un momento en el que llegaste ha sentir cierto rechazo por el mundo del rock. Creo que tu trayectoria demuestra a todas luces que te reconciliaste tiempo después .La canción “Quiero lo que no se puede” parece un canto de resistencia, un himno para los que buscamos fuera de lo explícito. Y tú, ¿desde los Dalton, Duncan Dhu, Cabaret Pop y ahora sólo, siempre miraste hacia “la cumbre y el abismo”, no?

Sí, estuve casi una década sin subirme a un escenario. No soportaba las chorradas de la Industria, las preguntas estúpidas, los compromisos, y mis discos tampoco tuvieron ningún éxito, aunque junto a Suso Saiz creo que hicimos unos cuantos que estaban muy bien. Así que me desvinculé bastante de todo este tinglado. Pero sí, volví con ganas en 2016, en gran parte gracias a Fernando Macaya, que me animó, me formó una banda, me abrió su estudio en Santander y concebimos tres discos de rock crudo, oscuro y melancólico, como El Sardinero en invierno, donde me encantaba alojarme y dar largos paseos. Guardo grandes recuerdos de esa época y del Escenario Santander.
En realidad todas las canciones que escribo se pueden ver como un canto de resistencia ante el desconcierto, el horror, el sinsentido de este cascarón que llamamos mundo y que es una piedra helada. Entre la cumbre y el abismo nos movemos, todos los días, a lo largo de este viaje, menos mal que la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta.

Diego Vasallo estará presentando «Malo ni bueno» con banda el jueves 7 de marzo en la sala El Intruso de Madrid.

 

Fotos: Jokin Fernández

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