Encuentros

Paul Roland, confesiones de un viajero del tiempo

Ajeno a modas y coyunturas, creador de un mundo propio tan fantástico como sugerente, Paul Roland es sin lugar a dudas una figura fascinante. Autor de una vasta producción discográfica y literaria, sus discos -desde la ya lejana década de los ochenta- han cautivado a más de una generación de fans atraídos por su culto, irónico e imaginativo universo.

Su carácter incansable e hiperactivo, que le ha llevado siempre a involucrarse en numerosos proyectos -varios a la vez en más de una ocasión- sigue regalándonos discos maravillosos e inclasificables. Con motivo del inminente lanzamiento del último de ellos aprovechamos para entrevistarle y conocer un poco más sobre su presente, su pasado y el futuro más inmediato.

 

 

Varios de tus álbumes (Happy Families, Duel, Hexen, White Zombie …) están basados ​​en un tema o motivo principal sobre el que desarrollar las canciones, pero en tu nuevo disco, Lair of The White Worm, no pudiste encontrar ese hilo conductor. Cuéntanos qué proceso seguiste para darle forma.

Mi música no puede ser catalogada como rock progresivo (aunque crecí escuchando Yes, ELP y Tull a mediados de los setenta), pero me gusta darle a un álbum un tema unificador, si puedo. Supongo que ello viene de ser autor y cuantos más libros escribo, más quiero hacer cada álbum como si fuera una novela o una colección de cuentos.

Cuando estoy escribiendo la música, tengo una intensa sensación sobre cuál será el tema de la canción, algo que casi siempre se vuelve todavía más fuerte cuando entro a grabarla. En el caso de Lair of the White Worm, ya era el título de una canción antes de que escribiera la letra y parecía un gran tema unificador para un álbum, pero no habría sido adecuado para todas las canciones. Y la novela de Bram Stoker del mismo nombre no es su mejor trabajo que digamos, así que tuve que “escuchar” lo que las canciones me decían que tenían que ser. Todas las canciones, tanto las que tiraban por el heavy rock como las más acústicas e íntimas, me decían que necesitaban un tema de fantasía. Pero yo ya había escrito sobre castillos, reyes y caballeros antes, así que tenía que encontrar algo que tuviera un elemento fantástico que no fuera estilo Tolkien o un cuento de hadas tipo Grimm. Fue entonces cuando reviví una idea que había estado en el fondo de mi mente durante diez años o más: la plaga de Londres de 1664.

 

 

Paul RolandPrecisamente «Year of The Harlot, Year of The Whore», la canción de apertura, habla de esa plaga, pero tengo entendido que la terminaste antes del estallido de la pandemia actual. ¿La situación en la que vivimos ha tenido algún efecto en el resultado final del álbum, a algún nivel?

Para nada, aparte del hecho de que algunas personas asumirán que yo escribí las tres canciones que abren el álbum como resultado de la pandemia. No lo hice. Fueron inquietantemente premonitorias, eso es todo. Simplemente sentí que era un tema con potentes imágenes (particularmente las máscaras con pico que llevaban los médicos durante la plaga) que encajaría con el horror y la atmósfera histórica. Pero hay otras canciones en el álbum que no tienen nada que ver con la plaga, como «Prophetess, Sybil and Seer» que habla de los antiguos oráculos griegos, «Leda and The Swan» (otro mito griego), el folk-rock de «Bewitched», la melancólica historia de fantasmas «Sister, Why Sit By The Window and Weep?» y la más típica de mi estilo «In Memory of a Time Traveler»

 

Hay cuatro interludios instrumentales a lo largo del álbum, a cargo de Nico Steckelberg. Personalmente creo que enriquecen y dan cohesión al conjunto. ¿Has quedado satisfecho del resultado?

Sí, estoy absolutamente encantado con ellos. Aumentan el sentido dramático del álbum, por lo que suena como una obra de teatro para la mente. Siempre es un riesgo invitar a otro artista a contribuir a un álbum, pero yo había trabajado brevemente con Nico anteriormente (él creó «The Last Voyage of the Nautilus», basado en mis temas, para el álbum Nevermore) y Joran había aportado su etérea voz tanto en esa pista como en el álbum Hexen, así que estaba seguro de que aportarían un elemento de fantasía oscura a las canciones; superaron mis expectativas considerablemente. Luego agregué más coros femeninos por parte de Anna Barbazza, que toca el bajo y canta en mi banda de directo y, de repente, el álbum evolucionó de un monocromo absoluto a un color vibrante. Ojalá hubiera podido trabajar con estos músicos en mis álbumes anteriores, pero al menos ahora hay un desarrollo distinto y una paleta más rica que la que tenía en el pasado.

 

 

La imagen puede contener: 2 personas, personas tocando instrumentos musicales, personas en el escenario y guitarraEntre los músicos que participan en el disco, con los que pareces sentirte muy cómodo, está tu hijo Joshua al bajo. ¿Cómo es trabajar con tu hijo en un estudio? Imagino que te sentirás orgulloso …

Yo estaba emocionado, pero él es una persona tan tranquila y sin pretensiones que no sabía lo que estaba pensando o sintiendo. Me sorprendió mucho cuando le pregunté qué pensaba del proceso de grabación después de tocar en Bates Motel (nuestra primera grabación juntos) y tan solo dijo: “ah, se trataba de esto…no era para tanto”.

 

 

Como comentabas al principio, Lair of the White Worm es un título tomado de la novela de Bram Stoker. Habiendo sido inspirado previamente por muchos autores clásicos (H.G. Wells, Poe, Grimm, Lovecraft, Verne …), ¿alguna vez has considerado dedicar un álbum completo a Drácula, el libro?

No. Creo que cubrí ese tema con «Nosferatu» y más recientemente con la canción acústica de once minutos «Carmilla», para una reedición mexicana de Duel. Los vampiros han sido tratados hasta la muerte, si me disculpas el juego de palabras, y no puedo imaginar tener nada nuevo que decir sobre ellos. Dicho esto, he creado una pieza de danza contemporánea -un ballet- basada en The Nosferatu Variations, junto a mi amigo David Roche, un compositor clásico, que está más cerca de la película de Murnau que del personaje de Stoker.

 

 

Hablando recientemente con un conocido que también es fan, comentamos que en tus canciones has creado una inmensa galería de personajes memorables, peculiares y excéntricos, y los dos teníamos la sensación de que en la mayoría de los casos sentías cierto cariño por ellos, incluso por los más dudosos … ¿es así? ¿Piensas en ellos, en cierto modo, como tus “hijos pequeños”?

Es muy interesante que sintieras eso. En otra ocasión ciertas personas me comentaron que les gustaba mi música debido a la empatía que yo mostraba por los personajes (los tristes, no tanto con los malvados) así que, evidentemente, parte de la emoción que sentí al escribir esas canciones quedó impresa de alguna manera en la interpretación y la grabación. Creo que eso podría explicar por qué tanta gente, en países de habla no inglesa, sienten una conexión con mi música y por qué algunos de ellos siguen escuchándola después de tantos años.

Mucho ha llovido desde Strychnine, la magnífica colección que editaste en 1992. ¿Has pensado en grabar otro álbum de versiones a lo largo de los años, o recientemente?

No, eso fue algo que me atrajo en aquel momento porque quería tratar esas canciones de manera muy diferente a las versiones originales, pero ahora tengo tantas ideas nuevas para canciones y proyectos que versionar las canciones de otra persona se me antoja bastante inútil. Tengo que usar mi tiempo con mucho cuidado, ¡quién sabe cuánto me puede quedar de vida!

 

 

El año pasado grabaste música nueva como banda sonora para White Zombie, la película clásica de Victor Halperin con Bela Lugosi. Cuéntanos más sobre ello. ¿Cómo se te ocurrió tal iniciativa? ¿Planeas repetirlo con otras películas de serie B?

Cuando viví en Alemania durante tres años -entre 2006 y 2009-, conocí a algunos músicos con los que quería trabajar, y algo que parecía un proyecto divertido y desafiante era escribir y grabar la banda sonora de una película muda. Creamos un nuevo soundtrack para la película danesa Haxan y, al hacerlo, aprendí a tocar los teclados y a componer música instrumental. Fue una gran experiencia, pero lamentablemente la película no era de dominio público, como habíamos supuesto, sino propiedad del Swedish Film Institute y nos negaron el permiso para estrenarla. Finalmente usé parte de la música para el álbum Hexen y luego, cuando regresé a Inglaterra, busqué una segunda película para trabajar por mi cuenta. White Zombie encajó porque es una película de los primeros tiempos del sonoro, con escenas largas sin música ni diálogos, pero con una gran imaginería onírica.

Al principio escribí cantos tribales con un patrón de batería, luego agregué líneas simples de flauta y órgano. Cuando me invitaron a unirme al sello italiano Dark Companion, el primer proyecto que les ofrecí fue un álbum de cánticos vudú que iba a ser como el álbum Real World, de Peter Gabriel: todo instrumentos tribales y cánticos, pero sin mi presencia. El sello finalmente me convenció de que escribiera algunas canciones sobre el tema y así lo hice. El álbum terminado cosechó muy buenas críticas, así que tuve la idea de usarlos para la película de Lugosi. Después de mucha edición, fundidos, etc. hice una nueva banda sonora para llenar esas escenas donde no había música original ni diálogos y también para que subyaciera en algunas escenas que tenían largos pasajes de diálogo y poca atmósfera. Creo que fue un experimento interesante, pero no fue del todo exitoso ya que la música nueva y la vieja no se mezclaron adecuadamente. Me enseñó que realmente necesitas componer toda una nueva partitura para ilustrar o dramatizar escenas específicas; no se puede simplemente agregar música porque se haya inspirado en la película o en ese tema concreto (en este caso, el vudú).

 

 

La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendoTu producción musical es enorme, pero tu vertiente literaria no lo es menos. Has publicado numerosos libros sobre diferentes temas y también algunas novelas. ¿Cómo te las arreglas para mantener este ritmo creativo? ¿Mantienes alguna disciplina de trabajo constante o escribes por impulso según la inspiración?

Escribir, ya sea música o libros, es lo que me produce mayor placer y satisfacción. No puedo imaginar un solo día que no esté dedicado a crear algo nuevo o mejorar algo en lo que he estado trabajando. Tengo una lista de proyectos que quiero que cobren vida y simplemente dedico una cierta cantidad de tiempo para asegurarme de trabajar en ellos. Luego siento una sensación de logro durante unas horas…antes de sentir la necesidad de comenzar el próximo proyecto. Supongo que es una especie de adicción, aunque no lo considero trabajo. Es diversión, pero del tipo que requiere algo de esfuerzo y autodisciplina.

Has escrito libros sobre Lovecraft, Bolan, sobre temas espirituales y sobrenaturales, sobre asesinos e incluso sobre steampunk, pero hay una gran parte de tu producción que trata sobre el nazismo y la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué te interesa del fenómeno nazi, desde una perspectiva histórica?

Es una mezcla entre sentir que hay tanta gente que no tiene ni idea de lo despreciables y manipuladores que eran estos personajes y a la vez querer informarles para que despierten a la realidad y no piensen en los nazis como personajes de reparto de En Busca del Arca Perdida. Es más importante ahora que nunca que los crédulos, ignorantes y desinformados se enfrenten a la retorcida propaganda que los extremistas de extrema derecha, los racistas y neonazis utilizan para incitar el odio racial.

 

 

La influencia de la literatura y el cine en tu música y tus letras es evidente desde tus inicios, pero tomando como referencia uno de tus últimos discos –1313 Mocking Bird Lane, una obvia referencia a Los Munsters- ¿qué influencia dirías que ha tenido la televisión en tu educación?

Ninguna en absoluto, para ser honesto. No fue hasta 1971, cuando descubrí los cómics de terror estadounidenses con títulos como Ghosts, House of Secrets y The Witching Hour, que encontré un mundo en el que quería vivir. Y después de esos libros me enamoré del cine, en particular de las películas de terror de la Universal en los años 30 y 40, que tenían una cualidad como de ensueño, de otro mundo en el que podía escapar de la realidad.

A menudo es la idea lo que me atrae, lo que ese personaje o ese mundo icónicos evocan. Probablemente solo vi un episodio de Los Munsters en casa de un amigo a finales de los 60, pero evoca aquel tiempo con tanta fuerza. Imágenes como esa son una forma de taquigrafía. Solo tienes que mencionarme Los Munsters e inmediatamente me remonto a 1966. Es un poco como lo de Marcel Proust y las magdalenas ¡solo que para mí son los Munsters y el sabor a chicle!

 

 

En tu trabajo hay una evidente fascinación por tiempos pasados. Como el personaje de «In Memory of a Time Traveler», una de las canciones de tu último álbum, si pudieras viajar a un momento específico de la Historia, solo uno, ¿cuál elegirías y por qué?

¡San Francisco en 1966 y déjame ahí! Puede que esté mirando ese período a través de lentes polarizados psicodélicos, pero lo percibo como una nueva era en la que todo era posible. Había tanto optimismo en el aire y todas esas bandas estaban en su apogeo. Antes de que el cinismo sofocante de los años 70 acabara con todo, de que las drogas ya no expandieran la mente, sino que fueran cruelmente adictivas y destructivas. Antes de que todo lo bueno de la cultura hippy degenerara en un aburrimiento paralizante. Recientemente, he estado soñando que me transportan milagrosamente a Haight Ashbury a mediados de los años 60 y luego me despierto. ¡Dios, eso es un verdadero bajón!

 

 

Alice’s Curiosities, un álbum tributo a tus canciones -disponible para su descarga gratuita a través del sitio web de At Sea Compilations- fue lanzado en 2017. ¿Te involucraste de alguna manera en la iniciativa? ¿Qué te parecieron los resultados?

Por supuesto que me sentí halagado, pero no me involucré. Creo que la idea de que alguien dedique su creatividad y tiempo a versionar una de mis canciones en lugar de la suya propia es el mayor cumplido.

Personalmente, tengo la impresión de que tu trabajo ha sido tradicionalmente mejor recibido en otros países (Grecia, Italia, Alemania) que en el tuyo propio. ¿Es así? ¿Crees que en tu caso es cierto lo de que nadie es profeta en su tierra?

Me sorprende continuamente la cantidad de personas en Grecia, Sudamérica y Europa del Este que acaban de descubrir mi música, o que me dicen que han estado escuchando mis álbumes desde los 80 o los 90 y para quienes las letras no son una frontera, a pesar del hecho de que uso muchos términos arcaicos, modismos y frases literarias. Solo puedo suponer que se sienten atraídos por la idea que subyace tras el título y las escenas que suscita, y encuentran mis ganchos melódicos lo suficientemente fuertes como para compensar los matices que podrían pasarles por alto. Pero creo que también tienden a ser personas que son oyentes muy exigentes, leídos y que aprecian a alguien que parece estar poniendo música a cuentos. O que les invita a vislumbrar la escena de una película que solo existe en mi cabeza y que ahora está en la suya.

 

Más allá de promocionar el nuevo álbum, ¿en qué proyectos estás trabajando a corto plazo?

Me pidieron que escribiera dos canciones basadas en historias de HP Lovecraft para un álbum sobre dicha temática, que se lanzará junto a mi biografía italiana del escritor. También tengo un álbum de lo que yo llamo canciones narrativas extendidas, basadas en historias de fantasmas de MR James. Tengo las demos, pero todavía necesita ser grabado. También hay un álbum terminado titulado Morbid Beauty, que grabé como trío con mi banda y que tendrá un sonido más austero, sin guitarra acústica ni arreglos exuberantes. Luego hay una tercera novela, el ballet y un álbum de psych-rock sobre brujería con Mick Crossley, mi increíblemente inventivo y versátil guitarrista principal.

 

 

Para terminar, imaginemos que alguien que no conoce tu música quiere adentrarse en tu vasta producción discográfica. A partir de los ochenta, ¿podrías recomendar uno de tus álbumes por década y brevemente decir por qué?

Eso es difícil porque siempre he grabado álbumes bastante diversos. En los 80 tienes Danse Macabre pero también un álbum de cámara barroco como el acústico A Cabinet of Curiosities o Duel, con un sonido más eléctrico. En los 90 tienes el folk rock de Masque y en los 2000 lancé Reanimator pero también Grimm, que es uno de mis vástagos más preciados. Y en los últimos diez años han aparecido Bitter & Twisted, 1313 Mockingbird Lane y White Zombie. Y ahora Lair of the White Worm, que debe ser uno de los álbumes más potentes que he hecho.

Si tuviera que elegir solo uno, diría Danse Macabre (1987), Masque (1990), Reanimator (2005) y 1313 Mockingbird Lane (2019).

 

Y mi único deseo: que nos inviten a tocar en España, no como dúo acústico sino como banda. ¡Creo que la gente quedará gratamente sorprendida!

 

 

Eloy Pérez

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