Encuentros — 7 noviembre, 2018 at 10:51

The Magpie Salute, el regreso del hombre tranquilo

La banda de Rich Robinson nos visita esta semana por primera vez en una gira que promete dejar huella, una gira que pretende ser la definitiva que diferencie el parentesco y facilite poder evaluar las carrera de los hermanos Robinson por separado de una maldita vez, evitando la eterna y odiosa comparación. Les podremos ver el domingo 11 en Kafe Antzokia (Bilbao), el 12 en la sala But (Madrid) y el 13 en Razzmatazz 2 (Barcelona). Hablamos con Rich para que nos ponga al día.

La vida tiene la capacidad de sorprendernos con una segunda (o tercera) oportunidad para enmendar los errores que cometimos en el pasado. En el mundo del rock n’ roll es frecuente que los egos y el éxito desmesurado terminen con uniones artísticas que marcaron una época irrepetible gracias a sus canciones, pero el público nunca imagina que un día presenciará el reencuentro personal y creativo de los sospechosos habituales como si de un reality show se tratara. Precisamente esto es lo que ha sucedido con The Magpie Salute, la banda que Rich Robinson formó en 2016 tras una discusión monumental con su hermano y que supuso el inicio de una nueva colaboración con el legendario guitarrista Marc Ford después de su turbulenta etapa con los Black Crowes. Desde entonces han protagonizado conciertos memorables que circulan por Internet en forma de bootleg, han editado un álbum en directo con versiones de clásicos, han girado de manera incansable por Norteamérica y este verano han presentado su primer álbum de estudio titulado High Water I. Hemos hablado con el protagonista de esta historia para conocer los entresijos del grupo, sumergirnos en el proceso de grabación en la ciudad de Nashville e indagar en la tradición sureña que sigue impregnando su música. Un superviviente de la última era dorada del rock que quiere reivindicar su trono.

Tu aproximación a la música es muy apasionada y con un gran respeto por las tradiciones. Puede que eso se deba a que creciste en la ciudad sureña de Atlanta en la década de los 70…

Todo lo que experimentas a lo largo de la vida acaba influyendo en tu música. El hecho de haber nacido en el sur de los Estados Unidos ha tenido, evidentemente, un efecto en mi manera de ver el mundo porque he estado expuesto a su gran tradición musical. Pero también a ciertos sentimientos, a la topografía del sitio, a su clima y a su historia. Todo esto acaba marcando a los artistas si deciden abrir sus ojos a lo que les rodea. Existe una enorme importancia histórica con las cosas que provienen del sur, ya sea su comida, su literatura o su música. Es el único lugar en América que tiene esta mezcla de influencias culturales tan promiscuas, aunque ha acabado creando algo distinto. Es una gran fuente de inspiración.

¿Cuándo descubriste que el rock n’ roll y la música en general podían ser unas herramientas tan poderosas a la hora de romper tabús sociales e incluso barreras raciales?

La música siempre me ha parecido poderosa porque yo vengo de esa tradición y me gusta verla como una expresión artística que encierra mucho significado. Es algo importante porque, a lo largo de los años, me he dado cuenta de que puede llegar a ser un salvavidas. También es una manera de mirar a la sociedad desde cierta perspectiva, de aproximarte a las cosas con una mentalidad distinta y, además, puedes utilizar ese aprendizaje para cambiar y crecer como persona.

Habitualmente mezclas diversos estilos en un mismo álbum y otras veces te sumerges en un único género como en el EP Llama Blues. ¿Crees que tu carrera podría definirse como un viaje por las raíces de la música popular norteamericana?

Todos llegamos a la Tierra con la necesidad de aprender algo. Creo que, en esta época moderna, las personas están rodeadas por una cantidad enorme de distracciones que les impiden descubrir el mundo por si solas. Viajar, hacer música, crear cosas, prestar atención al entorno y vivir experiencias distintas se ha convertido en un desafío en sí mismo. En el fondo, se trata de dar sentido a cómo funciona todo, explorar la condición humana y mirar a la gente porque ¿dónde han quedado estos conceptos universales de los que hablamos? Esto es lo que me interesa y también tiene un componente espiritual.

Aprovechando que mencionas la idea de espiritualidad, ¿qué importancia ha tenido a lo largo de tu vida y, sobre todo, a la hora de entender la música?

La música encierra mucha espiritualidad y eso es un regalo que puede lograr cosas increíbles. Aunque no necesariamente creo en la religión porque es el mecanismo que tienen las personas para apoderarse de lo espiritual y controlar a los demás, en lugar de hacernos libres y permitirnos entender mejor el mundo. Gracias a que pasé mi infancia en el sur, donde hay iglesias en cada esquina y la religión tiene tanto peso, me di cuenta de que eso es lo opuesto a la espiritualidad porque he visto el miedo y la represión en todos aquellos elementos religiosos asociados con aquella región. La música era la manera que tenían los artistas en los años 20 y 30 de lidiar con el racismo y con el horror que vivían en aquella época tan convulsa. Pero también era una forma de enfrentarse a la dureza de la religión. Es bastante interesante.

No es frecuente presenciar el nacimiento de una banda a tiempo real como ha sucedido con The Magpie Salute. ¿Sentías la necesidad de embarcarte otra vez en un proyecto de esta envergadura?

Entonces estaba centrado en mis discos en solitario y en mis giras. Pero cuando invité a Marc y a Ed a que me acompañaran en ese concierto que tenía cerrado en Woodstock, nos sentimos muy cómodos. Eso nos animó a buscar otra fecha y fue tan bien que decidimos organizar una gira. Eso nos recordó que habíamos grabado un álbum en directo y que podíamos lanzarlo al mercado. Después de pasar una temporada en la carretera, dijimos: “¿Por qué no nos convertimos en una banda y nos centramos en los seis miembros clave?” Me refiero a Marc, Sven, Joe, Matt, John y un servidor. Fue en aquel momento cuando nos planteamos grabar temas originales y ver cómo iban las cosas. Todo el proceso ha sido muy orgánico y no tuvimos que lidiar con presión, negatividad y mierda como en los Black Crowes.

The Magpie Salute también ha significado reencontrarte con Marc Ford después de varios años. ¿Cómo describirías vuestra conexión musical y personal en esta nueva etapa?

La conexión musical es indescriptible, no sé explicar por qué. Cuando tocamos juntos, la música se eleva hacia otros lugares y es algo que no me gusta analizar. Aunque estoy muy agradecido de que exista esta química. No tuvimos la oportunidad de conocernos bien ni de consolidar una relación de amistad en la época de los Crowes porque todo estaba muy agitado. Existía una gran competitividad y había muchos egos en la banda, además de otros factores como la negatividad, la juventud y el éxito. Nos echábamos mucha mierda encima los unos a los otros y eso nos impedía mostrarnos como personas. Sin embargo, ahora es el momento adecuado y seguramente debía suceder así. Marc y yo hemos encontrado nuestro lugar, podemos reconocernos como amigos y hemos cerrado el círculo de esta relación. Siempre tuvimos la música, pero hoy lo tenemos todo.

Otra de las piezas clave que marca la diferencia en el grupo es John Hogg, un cantante muy versátil con quien ya habías colaborado en el pasado…

Él estaba en una banda llamada Moke que abrió varios conciertos de los Black Crowes. Cuando nos separamos por primera vez en 2001, yo monté un grupo llamado Hookah Brown y le pedí que se uniera como cantante porque siempre lo he admirado mucho. Es una persona genial, amable y humilde que tiene un talento enorme como músico y cantante. Hookah Brown no funcionó, pero sabía que algún día trabajaríamos juntos y ésta era la oportunidad perfecta.

Estuvisteis un año de gira interpretando clásicos del rock y versiones de los Black Crowes. ¿Cuál fue la mejor experiencia de pasar tanto tiempo en la carretera? ¿Compusisteis canciones nuevas?

Lo más importante es que aprendimos a ser una banda. Debes subir al escenario cada noche y actuar para que esto se haga realidad. Todo se resume en esa idea. Nos animamos a componer mientras estábamos de gira, pero el grueso del álbum tomó forma en enero de este año cuando Marc, John y yo alquilamos una casa y empezamos a escribir. Lanzamos todas nuestras ideas encima de la mesa, tanto cosas viejas que ya tenían un par de años, como material nuevo. Aprovechamos todo aquello que nunca habíamos usado y también compusimos desde cero porque teníamos claro que queríamos grabar dos álbumes. Piensa que yo aporté unas 40 propuestas y acabamos grabando 28 canciones.

Entonces fuisteis a Nashville para dar forma a High Water I, vuestro primer álbum con temas originales. ¿Grabasteis todos juntos y en directo para aprovechar las buenas vibraciones?

Siempre trabajamos de ese modo, no contemplo otra forma de hacerlo. Nunca he creído en esa idea de poner a un batería solo en el estudio y que un productor edite las tomas buenas como si pudiera cuantificar las cosas. La base de una canción debe ser en directo con la sección rítmica para conseguir los cimientos sobre los que se sustentará el tema acabado. Las personas no cantan en un tono perfecto, ni tocan en un ritmo perfecto. Si te fijas en el mundo que nos rodea, las cosas se aceleran o se ralentizan. Las olas vienen y van. Las mareas se suceden de manera constante. El oído humano está diseñado para escuchar inflexiones que pueden ser más agudas o más planas, pero el tono es relativo. Por este motivo, cuando creas música con ordenadores y buscas el tono perfecto, se convierte en el sonido más espeluznante que jamás he escuchado. Creo que la sinceridad y el factor humano hacen que la música sea atractiva. No puedes forzarlo porque entonces estás fingiendo.

¿La voluntad de ser independiente y de trabajar al margen de la “industria” es lo que te ha llevado a producir el disco personalmente, sin contar con gente externa a la banda?

Nunca nos planteamos este tema hasta que llegamos al estudio. Yo he producido mis discos en solitario, he trabajado con otros artistas y junto a Chris produje algunas de las grabaciones en directo de los Black Crowes. Por este motivo me siento muy cómodo desempeñando este trabajo. Quería que el estudio fuera un lugar donde la gente se sintiera libre para mostrarse tal como es. Existen productores muy buenos, aunque la tendencia actual es recortar, que el bajo deje de sonar y que la guitarra sea más simple. Es como decir que quieres rebajar el nivel de la canción porque crees que las personas son estúpidas. Yo no creo que lo sean, sino que responden a lo que les ofrecen. Es una manera muy cínica de pensar porque si les das algo más, estarán a la altura de las circunstancias. Luego puede que guste o no guste, pero nunca devalúes lo que los artistas son capaces de hacer.

Esta reflexión demuestra la evolución que ha sufrido la música popular en las últimas décadas. El rock prácticamente ha desaparecido del mapa y el pop más comercial se ha homogeneizado…

Pero la gente adora a los Beatles y sus canciones eran muy complejas, con todas esas texturas tan ricas. También aman a Bob Dylan por sus letras y por su forma de tocar la guitarra cuando se electrificó. Lo mismo sucede con Led Zeppelin, que tenía composiciones muy hermosas. Y puedes seguir buscando ejemplos a lo largo de la historia del rock. Muchas canciones son brillantes y complicadas al mismo tiempo. Eso es genial porque no todo tiene que resultar uniforme.

Elegir la canción que abrirá un disco es una tarea complicada y vosotros os presentáis con «Mary The Gypsy». ¿Qué se esconde detrás de esa letra con aires surrealistas?

Quería poner una sección de viento al principio como si fuera el preparativo de una batalla para recuperar la creatividad y el factor humano. Una lucha que nos enfrenta al cinismo de las estructuras corporativas en las que nos vemos obligados a entrar día tras día. Fue como pintar el retrato de un personaje legendario que circula en bicicleta con un cetro en la mano y se planta en medio de este conflicto para librarnos de todos esos imbéciles de las empresas que nos quieren hacer descarrilar y se dedican a enturbiar las aguas, en lugar de permitir que las gente pueda crear y amar libremente.

Otro tema que me ha llamado la atención es «Sister Moon», que destaca por un piano omnipresente que crea la atmósfera sonora y por su letra bastante reflexiva…

Lo divertido de este disco es la influencia que han tenido tanto Marc como John. «Sister Moon» es un tema que ellos compusieron y se ha convertido en uno de mis favoritos del disco. También escribieron «Walk on Water» que suena genial. John y yo nos encargamos de «For the Wind», «Send me an Omen», «Open Up» y «High Water». Contar con enfoques tan distintos en la banda ha ayudado a elevar el resultado final. El álbum tiene elementos familiares, pero esconde muchas novedades. Evidentemente puedes apreciar que soy yo tocando la guitarra y componiendo porque así es cómo hago las cosas. Pero también reconoces a Marc tocando su guitarra conmigo. Y, además, tienes a ese cantante fabuloso y a un batería que aportan visiones muy distintas. Es una experiencia genial.

Supongo que la manera de aproximarte al “éxito” ha ido evolucionando a lo largo de las décadas. ¿Qué importancia tiene en este momento de tu carrera, si lo comparas con los Black Crowes?

Realmente no he reflexionado sobre este tema. Creo que el álbum es muy bueno y no quiero medir su aceptación en base a una idea preconcebida de éxito, aunque sería bonito ganar dinero con las ventas. Más allá de eso, no pienso demasiado sobre lo que significa “ser exitoso” hoy en día. Acabamos de lanzarlo al mercado y estamos centrados en los conciertos.

 

Texto: David Moreu

 

 

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