Encuentros — 13 noviembre, 2018 at 11:30

MC50, “Kick Out The Jams, Vladimir”

Wayne Kramer y sus renovados MC50 nos visitan esta semana. 3 fechas que más allá de la nostalgia vintage, se presumen como noches de comunión rockanrolera y reconocimiento a la memoria histórica. Hablamos con Wayne Kramer para que nos ponga al día. Estas son las tres fechas: viernes 16 noviembre en Barcelona, Sala Apolo (Festival del Mil.leni); sábado 17 noviembre en Murcia, Garage Beat Club (Fuzzville!!) y domingo 18 noviembre en Madrid, Sala Mon Live. Wayne Kramer, de 70 años, no tiene muchas ganas de explayarse. Parece que The Hard Stuff: Dope, Crime, the MC5, and My Life of Impossibilities (Da Capo, 2018), su autobiografía- por ahora sólo en inglés-, le ha dejado vacío, exhausto. Sólo su subtítulo, de hecho, es lo suficientemente descriptivo como para no dejar lugar a la ambigüedad. Su voz traspasa con dificultad el umbral telefónico que existe entre Los Ángeles y España, dejando el falsete con el que tejía Ramblin´ Rose, entre otros, muy alejado de la fuerza de sus actuales cuerdas vocales. Habla pausado, entre la afonía y el cansancio, y me chiva que Ruta 66 es una de sus revistas favoritas. Kramer, con este libro, ajusta cuentas pendientes con una banda de la que se ha teorizado mucho y cuyo halo de romanticismo sigue acaparando coletillas de reseñas de grupos que tengan algo que ver con el cuestionamiento al status quo desde el rock and roll y lo negro. Con toda formación que parece alcanzar mediante la contracultura techos de cristal, en definitiva. Pero sobre todo, lo hace por él. De manera paralela, el guitarrista transmuta MC5 en MC50, una banda de la que es único miembro original y a la par, casi único superviviente (Dennis Thompson no está en esta formación) y con la que recogen los grandes éxitos del grupo de Detroit. En concreto, la componen Kim Thayil (Soundgarden), Brendan Canty (Fugazi), Dug Pinnick (King’s X) y Marcus Durant (Zen Guerrilla).

Pero ante todo, el amigo de la adolescencia de Fred “Sonic” Smith es un superviviente que ha prorrateado la ira juvenil a lo largo de tres trabajos fundamentales- la discografía de MC5 la reedita Rhino actualmente-, sus colaboraciones con Johnny Thunders o sus discos en solitario, el crack financiero de su ciudad y sobre todo, una estancia en prisión que le sirvió no sólo para que los Clash le dedicaran un tema, sino para que organizara, muchos años después, una asociación que respondiera a las necesidades, guitarra mediante, de los presos cuando vuelven a la jungla social.

Acabas de publicar el libro. Tanto la gira como estas memorias, ¿son un ajuste de cuentas al pasado? ¿Cuál es el motivo más allá del número redondo que es el aniversario?

Con este libro quería recalcar tanto que pasó con mi vida y con MC5 desde mi posición. Se ha escrito mucho sobre MC5 pero quería hacerlo desde mi propia perspectiva. Quería analizar quién soy yo y cómo he llegado hasta aquí.

¿Qué opinas del papel de las canciones en la revolución? ¿Crees que tienen el suficiente poder de transformación social o son sólo el himno que acompaña a las gentes?

La música tiene un papel el cambio social. Las canciones traen información, establecen conexiones, crean comunidad y pueden inspirar a la gente para entrar en acción. Así, la música de MC5 nos hace libres.

La gente se ha apropiado del significado de Kick out the Jams, aunque en teoría el mensaje del tema no era anti sistema. ¿Esto es lo bonito de las canciones que perduran?

Sí. El arte es muy subjetivo. Y sí, es una de las cosas más bonitas del arte, la libre interpretación del mismo. Puedes interpretarlo en función de cómo te sientes en un momento determinado, pero la música de MC5 no es, digamos, muy ambigua. Es, en cambio, muy específica, en relación al mensaje. Siempre fuimos muy directos.

En los 60 formasteis con MC5 un grupo de respuesta a la mala dirección que tomaba vuestro país. ¿Crees que ha habido alguna década en la historia en la que no haya habido frustración por parte de, los jóvenes?

No, definitivamente. Nuestra situación en Estados Unidos, en estos momentos, es muy mala. Y el mundo está sufriendo, de la misma manera, muchas situaciones promovidas y orquestadas por Vladimir Putin para socavar la democracia. Ha tenido mucho éxito en crear un sentimiento anti- inmigración en Europa, con el Brexit, y en nuestro país ha tenido también un gran éxito en conseguir que se elija a Donald Trump, en crear división entre nosotros. Son estas las cosas por las que tenemos que estar vigilando y motivos por los que seguir peleando.

¿Crees, por tanto, que esta ira es una respuesta biológica – en relación a la edad-más que social?

Creo que en democracia siempre hay que combatir la cleptocracia. La gente con dinero que seguirá sacando ventaja gracias a los esfuerzos de los trabajadores, de los estudiantes, de los inmigrantes irregulares, y siempre, tanto jóvenes como mayores, debemos luchar contra eso.

¿Crees que el alcohol y las drogas son más culpables de la derrota del cambio social que la contraofensiva política?

(Risas). No ayuda, no.

En el País Vasco- e imagino que en otros lugares costeros de España- existe una teoría que explica cómo la droga fue introducida por el establishment para adormecer a la población y prevenir revoluciones.

(Suspira). No creo que haya una conspiración para adormecer a la gente con estos dos ingredientes. El mercado está ahí, y siempre que alguien quiera comprar heroína o vodka, lo podrá hacer. No creo que el gobierno las agencias federales tengan que ver con facilitar el uso de las drogas o el alcohol entre la juventud o la población en general y así adormecerla. No creo en eso. El crimen organizado lo único que quiere es ganar mucho dinero.

¿Sigues en contacto con John Sinclair?

Si, hablo de manera regular con él, y seguimos siendo muy amigos. Su mensaje sigue vigente, hoy en día. Estoy de acuerdo con los análisis políticos que hace. Vivimos en una época de corrupción y la verdad de John, su poesía, nos ayuda a entender el mundo que nos rodea.

¿Qué nos puedes contar de la asociación que formaste junto a Billy Bragg, Jailed Guitar Doors?

Es una asociación efectivamente que toma el título de la canción que The Clash compusieron cuando estaba en prisión y trabajamos en toda California, en las prisiones del estado para ayudar a que reingresen en la sociedad. América tiene en la cárcel más gente que cualquier país ha tenido nunca en la historia, y si no hacemos nada para ayudarles, cuando salgan estarán en una posición peor respecto a la que entraron. Tratamos de ayudar a la gente con guitarras, pero en cómo comunicarse, cómo relacionarse con el resto, cómo reflexionar… para que cuando estén fuera puedan expresar sus sentimientos en un aspecto positivo.

¿Qué recuerdas de aquel concierto en el 100 club de Londres en 2003? ¿Fue el inicio de todo esto?

Nick Royale es un gran fan del grupo y fue él el que me abrió la mente para que volviera a tocar la música de MC5.

¿Cómo elegiste a esta banda, MC50, con la que estás girando?

La elegí porque a estas alturas de la vida, si vamos a estar mucho tiempo viajando, lo que es muy duro, prefiero hacerlo con gente con la que disfrute de su compañía. El tiempo es el elemento más preciado que tengo, así que lo quiero gastar con gente a la que aprecie.

 

Texto: Álvaro Fierro

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