Rutas Inéditas — 29 agosto, 2018 at 13:24

Furia de Jukebox, I’m so wild, but that’s my style!

Eddie Cochran

 

 

Cuando tu banda local favorita son Los Mambo Jambo y tienes sobre el sofá un cartel de Imelda May, ¿en qué década vives…? Déjate abducir hacia una época en que el rock’n’roll era, más que mera representación, un frenético peligro real.

‘’Oye, Johnny, ¿contra qué te rebelas’’, le pregunta Mildred al motora de extraviada mirada y escultórico perfil que encarna Marlon Brando en El Salvaje, la película de 1953 que plasmó por vez primera el malestar de una incipiente generación. ‘’¿Qué tienes…?’’, responde este chulesco.

No por repetida la cita pierde valor cuando viajamos de regreso a la época en que los adolescentes adquieren conciencia de su condición y, más importante, se sienten excluidos y tutelados por un sistema organizado y defendido por el mundo adulto, paternalista cuando no activamente represor de sus pulsiones hormonales y novedosos intereses ajenos a las reglas establecidas. Era aquel un mundo viejo para ellos y ellas, una sociedad conformista que dejaba atrás la posguerra y hacía realidad por un breve periodo el Sueño Americano de prosperidad y optimismo.

La mecha la había encendido sin pretenderlo un músico a la vieja usanza, más pendiente del puro entretenimiento que de la rebeldía antisistema. Bill Haley no podía imaginar que su «Rock around the Clock» sería el umbral hacia una tumultuosa nueva realidad universal, la toma de conciencia —todavía lúdica y jovial en sus comienzos— del ‘’teenager’’. Usada como banda sonora en Blackboard Jungle, la película de instituto con alumnado insumiso y pugnaz cuyo estreno en 1955 provoca un inédito alboroto juvenil y destrozo de butacas en los cines, «Rock around the Clock» trae el rock’n’roll al viejo mundo. Cuando un John Lennon de quince años acude a verla en Liverpool, sale decepcionado por no haber presenciado un motín. Quizás porque también él, como el Johnny de Brando cuyo lema es ‘’nadie me dice lo que debo hacer’’, siente en su seno una rabia inexplicable, irreductible.

El sistema, claro está, se ve amenazado. Según el director del FBI, el siniestro Edgar J. Hoover, a mediados de los años cincuenta se detenía a más críos de 18 años que de cualquier otro segmento generacional de la población. ‘’Una vez plantada la semilla de la insubordinación —decía un informe oficial—, el adolescente se ve arrastrado a una vida de abuso de drogas, robo de coches, extraños actos sexuales, y el disfrute de ese rock’n’roll ruidoso y estridente que destruye el cerebro. Bajo la apariencia de música inocente, este sonido palpitante, animalesco, antisocial y violento pronto invade la mente del joven y le impulsa a la violencia’’. La opinión mediática de la época era que, ay, ‘’el émulo de Elvis Presley de hoy será el gángster del mañana’’.

La proliferación de filmes de serie B del tipo Running Wild (1955), Teenage Bad Girl (1956), Juvenile Jungle (1958) y otros —o documentales educativos como Boy with a Knife (1956)— expone masivamente a los jóvenes a esos nuevos modos de conducta en una época en que la televisión da sus tímidos primeros pasos y el rock’n’roll es visto todavía como vulgar moda pasajera. Pero Elvis Presley y Little Richard, cuyo bestial desenfreno representa más una amenaza híper sexual a la moral que un cuestionamiento del orden establecido, darán paso a Eddie Cochran y Gene Vincent, que ya componen pensando en esa emergente clase social alimentada por la rebeldía, con causa o sin ella, del mártir James Dean.

Jerry Lee Lewis y Chuck Berry —que en sus viñetas costumbristas regula y propaga el nuevo vocabulario ‘’teenager’’— no encajan como delincuentes juveniles, aunque sus encontronazos con la ley serán sonados. Pero lo que aquí nos atañe es el subgénero olvidado: una docena de muestras de cómo el rock ayudó a descarriar, ejem, a muchos jóvenes confusos ante la irrupción de una nueva realidad generacional, apartada por extracción social del contexto cultural de la coetánea Beat Generation, sin las pretensiones subversivas de la inminente contracultura.

Pese a este carácter primario del rock’n’roll, ahí estaba la semilla de todo lo que vendría después, de los hippies rodantes de Easy Rider y los heavys comeniños a los majaderos del punk y los malotes del hip-hop. Como opina Nick Cohn, «Tutti Frutti» fue infinitamente más revolucionaria que «Woman Is the Nigger of the World» de John y Yoko. Tiene razón.

Ken Cook, «Problem Child»

‘’Sufro taquicardias / Por tu culpa, mi chico problemático / Oh, oh, querido hijo, no seas tan salvaje / Contrólate, no seas un chico problemático’’, cantaron Roy Orbison y su protegido Ken Cook, otro de aquellos pretendientes a la gloria del rock’n’roll que se quedaron en el camino. La canción —que tiene un magnífico precedente en «Bad Boy (Junior Behave Yourself)» de Larry Williams— la había compuesto el emprendedor Sam Phillips, que publica en Sun Records ambas versiones, la de Cook celebrada desde entonces por los archivistas del pleistoceno rocanrolero como valiosa pieza en un entorno donde lo ignoto atrae tanto como lo consagrado. Astuto, Phillips da la palabra a un padre desconsolado ante la frenética enajenación con que los nuevos sonidos transforman a su otrora modoso vástago en licántropo adolescente. ‘’Siento en el alma / Que esto del rock’n’roll te saca de quicio’’, suplica la letra. ‘’No ves que este desparrame rock’n’roll / Me va a matar’’. Igualito que el calzonazos y la llorona que pasan por progenitores de James Dean en Rebelde sin Causa.

 

Gene Maltais, «Gang War»

Nacido en 1933 en New Hampshire, Gene Maltais registra su primer single en 1957. «Crazy Baby» resulta hoy amenazante solo en su frenético patrón rockabilly acentuado por coros de inspiración doo-wop. Es su voz, de gallinácea y descarrilada soltura, lo que insinúa una personalidad aparte y lo que, con toda seguridad, precipitó su fracaso. En 1958 Gene contacta con Aladdin Records, cuyos artistas graban sus composiciones «Little Girl» o «The Raging Sea». Cuando registre su propia versión de esta última, alojará en la cara B una descriptiva escena de refriega entre pandilleros, más inspirada en West Side Story que en las malas calles reales que rodean las metrópolis norteamericanas y acorralan a las poblaciones de remotos estados. Sea como sea, «Gang War» —‘’Truenos y chapoteo de lluvia, tío, van a pelearse / Los Tiburones les han hecho una putada y eso no está bien / Visten chaquetas de cuero negro / Llevan tuberías y botas de clavos / Incluso lustre para cepillar sus botas / Se escucharán gritos y retumbos / Van a desatar una tormenta, es una guerra de pandillas…’’— quedará como temprano ejemplo, en el primer rock, de la observación social por encima de los asuntos sexuales —jeroglíficos, onomatopéyicos— que escandalizan a la opinión pública.

Johnny O’Keefe

 

Johnny O’Keefe, «The Wild One»

Compuesta por Johnny Greenan, nombre real del cantante, y Dave Owens, «The Wild One» —también conocida por «Real Wild Child»— se considera el nacimiento del rock australiano. La fecha de su publicación, el 5 de julio de 1957, así lo confirma. Según el guitarrista de los Dee Jays, la banda de O’Keefe, el tema se inspiró en un violento suceso real. Actuaban en la planta superior de un local, mientras escaleras abajo se celebraba una boda italiana. Como era predecible, algunos de los asistentes se cruzaron en los lavabos con invitados al bodorrio y, una cosa lleva a la otra, llegaron a las manos. La trifulca se extendió a las dos salas y acabó en la calle, con tal furia y estruendo que la policía tuvo que pedir ayuda a una patrulla portuaria de la marina australiana. Son muchas las versiones de este hito —Jerry Lee Lewis la grabó en los cincuenta, pero la toma no se publicaría hasta los setenta, Iggy Pop la incluyó en Blah Blah Blah descubriéndola a una nueva generación, y también Status Quo, Joan Jett o Marshall Crenshaw la hicieron suya— pero merece la pena echarle oreja a la original de O’Keefe. Puro nervio Fifties brotando en las antípodas.

Gene Summers, «School of Rock’n’roll»

Este tejano —nacido en Dallas, en 1939— establece en «School of Rock’n’roll» el conflicto que segregará a los adolescentes de sus progenitores hasta nuestros días. La rasposa voz acentúa el mensaje: ‘’Rocanrolean sobre la pizarra y rocanrolean sobre los pupitres / Todo lo que se aprende en esta escuela es a bailar el rock’’. Compuesta por James McClung, interpretada por Gene Summers y su grupo rockabilly The Rebels, la publica Jan Records en febrero de 1958. Pero será la cara B, el guiño a una moda coyuntural «Straight Skirt», su primer éxito regional. Summer seguirá lanzando temas populares («Nervous», «Twixteen», «Alabama Shake» y su mayor hit «Big Blue Diamonds») hasta verse relegado como casi todos sus coetáneos al circuito de oldies al florecer los sesenta, para ser redimido por el revival rockabilly europeo que arranca en los setenta. Desde entonces el tema es garantizado llenapistas entre las tribus retro. Como desvelan las notas de una recopilación: ‘’Mientras que «School Days» de Chuck Berry es un preciso esbozo del tedio en cualquier instituto norteamericano, «School of Rock’n’roll» suena a fantasía pura, un lugar donde el único uso que se da a los libros es para apuntalar un ampli inestable’’. Y, aunque sabemos que a Zimmerman le escribían los guiones, en su Bob Dylan’s Themed Radio Hour se escuchó que ‘’es uno de los más perfectos discos de rock que no fueron éxito. Todo en él encaja. Si solo puedes llevarte un disco a tu isla desierta, que sea este’’.

Peanuts Wilson

 

Peanuts Wilson, «Cast Iron Man»

Guitarrista en los Teen Kings de Roy Orbison, con quien graba la fulminante «Rockhouse» entre otras, a Johnny Wilson le llamaban Cacahuete por su baja estatura… condición que no le detenía a la hora de ponerse gallito, como prueba «Cast Iron Man», todo un derroche de actitud y testosterona. Aunque Orbison comparte autoría, la registra en solitario después de que Roy despida al grupo tras una discusión en los estudios Sun. Pegadizo y fornido rockabilly, el tema detalla el embrollo en que se ve el protagonista al llevar a su chica a bailar a un garito —llamado Joe’s como no podía ser de otro modo— donde el sicalíptico bombón causará revuelo a su paso. Cuando un chulito envalentonado por el pimple se atreve a entrarle a la chavala, Cacahuete se sulfura y, amenazante, le suelta al intruso: ‘’Cuando te metes conmigo, suena mi alarma…’’. Ah, nunca sabremos cómo acabó aquello realmente, aunque lo imaginamos… a mamporro limpio. Wilson grabó algunas caras más a su nombre, hasta ingresar en el lucrativo negocio de componer para estrellas del country, firmando éxitos menores de Loretta Lynn, Conway Twitty, Brenda Lee y Kenny Rogers.

 

 

Chuck Harrow & The Anteaters, «They Wanna Fight»

Otra canción de erizada disputa solventándose a puñetazo limpio, publicada en 1958 por un conjunto de Louisville, Kentucky. El sujeto de la misma acude altivo a una fiesta, pero su pintazo no gusta a los demás asistentes; le echan, le azuzan, le persiguen… y ya la tenemos liada. ¿Habrían visto los Comedores de Hormigas Jailhouse Rock de Elvis? Dinámica y rocanrolera, con el obligatorio solo de saxo grasiento, «Buscan Pelea» es otra arquetípica rodaja de violencia gráfica olvidada por la historia oficial, no así por la Internacional Tuperiana.

 

Portuguese Joe, «Teenage Riot»

Apenas nada se sabe del tal Portuguese Joe, pese a que su interpretación más conocida quedase registrada en el supremo canon de esos tristemente olvidados arqueólogos ungidos de burlesque que fueron Lux Interior y Poison Ivy, ¡Ghoulardi les bendiga! Pero se intuye casi todo sobre el personaje al crujir la aguja sobre el 45 rpm. —hoy, por supuesto, lo vemos girar en el omnisciente, universal ojo de cerradura que es YouTube— y sonar la sirena de un coche patrulla aproximándose, efecto de sonido que parece extrañamente humano —¿lo haría el propio Joe?— y es más extrañamente todavía seguido por redobles militares de tambor. La trifulca adolescente que está incendiando el barrio está a punto de ser ahogada por aquellos que ‘’sirven y protegen’’. Y entonces arranca el frenético ritmo, aúlla el portugués y rebuzna un salvaje saxo empapado en sudoroso rhythm’n’blues. Publicado por el californiano sello Surf a nombre de Portuguese Joe with the Tennessee Rockabillies, en noviembre de 1957, daría título en los noventa al elepé prensado por la ‘’críptica’’ etiqueta Atomic Passion, donde también se localizan otras de las tomas aquí comentadas.

 

Barry Weaver, «Street Fight»

Partícipe del hervidero rock’n’roll que fue Los Angeles en los cincuenta, en 1958 encontramos a este canadiense formando parte del grupo The Moon Dogs junto a Jett Powers (luego rebautizado P.J. Proby), Larry Taylor (bajista de Canned Heat), Elliott Ingbar (más tarde músico de Zappa y Beefheart) y Marshall Leib (futuro Teddy Bear junto a Phil Spector). Aunque el single publicado en 1961, en el sello Vee-Jay, se atribuye en la etiqueta a Barry Weaver, en realidad se llamaba Derry. Según contó, fue el primer blanco en aquella discográfica que le estafaría al editar, sin notificárselo, varias maquetas que había grabado en los estudios American Recordings junto a, buf, Sandy Nelson a la batería y Larry Taylor al bajo. Sea como sea, «Pelea Callejera» se mantiene como bullente muestra de un subgénero que sucumbiría al llegar los niños de las flores a Sunset Boulevard.

 

Eddie Cochran, «Summertime Blues»

El tipo que tuvo los cojones de exclamar, en referencia al Rey Elvis, ‘’voy a ser grande… sé tocar la guitarra y él no’’, puede considerarse definitorio precursor de la canción protesta. «Summertime Blues» reconcentraba el creciente abismo entre generaciones que se agudizaría en los siguientes años, la insurrección de los jóvenes ante la hipocresía de una sociedad entrampada en la política, camuflada garantía de las desigualdades sociales y la arbitrariedad ante los menores de edad en un país en el que se puede conducir a los 16 pero no beber alcohol hasta los 21. Dicen que Cochran la compuso en solo media hora —con su agente Jerry Capehart— y ese mismo año 1958 la registró: en su original y escueta construcción sonora —tres elásticos acordes de guitarra, las palmas de Sharon Sheeley— resaltaba una letra igualmente novedosa, cuyas estrofas finalizan en grave alocución cómica. ‘’Voy a liarla, voy a montar un pollo / Por tener que currar todo el verano para ganar un dólar / Cada vez que llamo a mi nena para verme con ella / El jefe me dice: Ni hablar, hijo, has de trabajar hasta tarde / A veces me pregunto qué voy a hacer / Pero no hay cura para las miserias del verano’’, se lamenta el agobiado muchacho, atrapado entre las obligaciones y el fulgor hormonal. Sus viejos le repiten que debe trabajar duro si quiere llevarse el carro el domingo, pero el chaval se hace el enfermo para no ir a currar y se queda sin ruedas para su paseo dominical. ‘’Voy a tomarme dos semanas, serán unas estupendas vacaciones’’, imagina antes del frustrante final. ‘’Voy a llevar mi problema hasta las Naciones Unidas / Bueno, llamé a mi congresista y me dijo: / Me gustaría ayudarte, hijo, pero eres demasiado joven para votar’’. El éxito del tema, su único Top 10 en EE.UU., llegó en un momento en que su carrera iba a la baja, pero como sabemos el accidente sufrido junto a su amigo Gene Vincent en Inglaterra sesgará prematuramente la vida del fenomenal guitarrista. The Who darían una segunda vida a tan entrañable himno, incluyéndolo en su electrizante Live at Leeds, y desde entonces ha sido entonado por Blue Cheer, Stray Cats, Flying Lizards, Motörhead, y más recientemente The Black Keys.

Kip Tyler

Kip Tyler & The Flips, «Rumble Rock»

Sus inmortales «Jungle Hop» y «She’s My Witch» fueron versionados por The Cramps, Fuzztones, Southern Culture On The Skids y otros ilustres carroñeros del pecado original del rock’n’roll. Y «Rumble Rock» no les va a la zaga. Kip Tyler supo sacar partido de la mojigatería de las mentes bien pensantes de los cincuenta: solía subir a escena vistiendo cuero negro y a lomos de su motocicleta (¡chúpate esa Rob Halford!). Nacido Elwood Westerton Smith en Chicago, en 1929, Tyler tuvo en su banda a nada menos que Bruce Johnston, Sandy Nelson, Ritchie Podolor, Steven Douglas y Kim Fowley, manteniéndose al alza bien entrada la Era Surf.

Ronnie Allen

Ronnie Allen, «Juvenile Delinquent»

Dejando en ridículo las trifulcas pandilleras de peli de serie B, el delincuente juvenil de Ronnie Allen se presenta como alguien ‘’realmente bueno a la hora de meter en un lío a los demás’’. A continuación pasa a desgranar inquietantes versos: ‘’Mi mamá tuvo una cita mientras mi papá estaba en el curro / Fui a contárselo a papá, y este le pegó un tiro a la muy guarra’’. Grabada en 1959 en Tennessee, prensado por San Records, «Juvenile Delinquent» concentra su mensaje en el imbatible, intraducible lema ‘’I’m so wild, but that’s my style’’. Ahí queda eso…

Phil Johns & The Lonely Ones, «Ballad of a Juvenile Delinquent»

Y, como todo en esta vida acaba pasando factura, aquí llega la moraleja, amigos. El prota de «Balada de un Delincuente Juvenil» se une a una pandilla que comete pequeños hurtos mientras da tumbos por ahí. Subidos de adrenalina, se mofan de la pasma, roban un coche para pasearse a sus anchas, intimidan a los transeúntes, apuestan a lo que sea y priban vino barato. No hay otra aspiración que esa huida hacia adelante que te hace creer fuera del sistema, más allá del bien y el mal, hasta que atracan un garito de las afueras y son detenidos. Fin. Todo ello narrado por un pesaroso émulo de Elvis que va recitando su historia sobre un repetitivo y algo desangelado acompañamiento de guitarra, piano y sección rítmica. ¡No hagáis lo que yo hice, chicos!

 

 

Texto: Ignacio Julià. Publicado en Ruta 66, nº 322, enero de 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

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