Encuentros — 6 octubre, 2017 at 9:00

Daniel Romano: “Imagina una esponja.. así soy yo”

En sólo un par de años -los que transcurrieron entre “Sleep Beneath The Willow” (2011) y “Come Cry With Me” (2013)- Daniel Romano pasó de ser un perfecto desconocido a convertirse en uno de los más prometedores talentos surgidos del country en esta segunda década del siglo XXI: un multiinstrumentista capaz de escribir tremendas canciones, con una poderosa y flexible voz que se podría codear con la de los grandes del género. ¿Qué más se podía pedir? Pronto podremos comprobar si su genialidad se extiende al escenario: 16 de octubre (Madrid), 17 (Bilbao), 19 (Sevilla), 20 (Valencia) y 21 (Barcelona).

En su Canadá natal se le reconoció con varios premios y nominaciones y su reputación siguió creciendo con “If I’ve Only One Time Askin’” (2015). Romano demostraba, además, haberse convertido en un excelente productor y con un increíble olfato para los arreglos, que se tornaban excelsos, aunque sin llegar a lo barroco. Aun así, nadie esperaba lo que ocurriría con “Mosey” (2016). El primer aviso fue la portada, en la que muchos han querido ver -pese al chándal Adidas que viste- una actualización del “Blonde On Blonde”. Imagino también a los fans del country más ortodoxo quedándose pasmados cuando escucharon los primeros acordes de “Valerie Leon”, una trepidante composición a la vez que realmente exuberante, tanto que parecía arreglada y orquestada por el mismísimo Lee Hazlewood. Apenas quedaba rastro ya de ese bigotudo que parecía recién salido de un honky tonk para posar en la portada de “Come Cry With Me”. Evidentemente, tras semejante sorpresa, ya no sabíamos qué podríamos esperar de su siguiente trabajo. Afortunadamente no hemos tenido que esperar demasiados meses para salir de dudas, y una vez escuchado “Modern Pressure” (2017), es imposible no quedar sorprendidos por su talento y su versatilidad.

Con “Modern Pressure” nos vuelves a sorprender, una vez más. Supongo que esperábamos una nueva dosis de elegantes arreglos al estilo de “Mosey” y nos hemos encontrado un nuevo salto en tu evolución musical.

Realmente no lo sé. Tomo el espíritu de las palabras [“shape of words”, quizá haya una traducción mejor, ¿forma de las palabras?], veo cómo se soportan sin una idea preconcebida del estilo musical. Lo importante es que las letras acaben sonando bien para mí.

Entiendo que, entonces, escribes primero las letras y después buscas una música adecuada para ellas, ¿no?

Sí, no suelo pensar demasiado en la música, acaba saliendo de una manera natural una vez que las letras están escritas. Tampoco es que sea siempre igual, porque alguna vez sí que he tenido alguna idea musical preconcebida, pero no es lo habitual, porque lo que me gusta es añadir música a las letras y no al contrario.

Bueno, lo que me cuentas me encaja más bien desde el punto de vista de un escritor o cantautor que sobre todo quiere contar una historia. O de aquel que escribe música incidental para las películas. Pero no creo que sea lo habitual en un músico que, como tal, suele pensar en términos musicales más que a nivel de mensaje.

Para mí las letras son al menos tan importantes como la música; significan lo que la canción es en sí. Creo que así salen canciones más interesantes que intentando encajar las letras en una melodía, yo lo encuentro más sencillo y natural.

Entonces, entiendo que para ti existe una música adecuada para unas letras determinadas, ¿no?

Sí, así lo creo. Cuando escribo algo y estoy listo para hacer una canción la música aparece de una manera casi obvia.

De verdad que intento entenderte, pero creo que una misma letra podría encajar con diferentes músicas, igual que en algo como el rock and roll de los cincuenta, encontrabas letristas mediocres y auténticos poetas como Chuck Berry, que elevaban a otra dimensión historias de chicas y paseos en coche.

Te entiendo, igual que hay bandas con grandes canciones como Deep Purple, pero con las peores letras que se hayan escrito nunca. Entiendo tu sorpresa, pero en mi caso llevo tanto tiempo haciendo música que no necesito pensar en ella, sale prácticamente sola. Es así como yo hago las cosas, de una manera casi instintiva, tengo mucha confianza en lo que hago y siempre estoy tan convencido en que saldrá que, de verdad, no pienso ni en la música.

Creo que es la primera vez que alguien me responde algo parecido en más de veinte años haciendo entrevistas…

 ¿En serio?

 Te lo prometo. Acabas de dinamitar la mitad del cuestionario que tenía preparado, que intentaba entender el porqué de tu evolución musical, pero acaba de quedar obsoleto (risas). ¿Por qué has grabado el álbum en una cabaña en Suecia?

Fueron las circunstancias, estaba allí, tenía unos días libres y un amigo nos facilitó las cosas trayendo todo el equipo que necesitábamos desde la ciudad en menos de cuatro horas.

Pero, ¿era un estudio en el bosque o simplemente una cabaña sin más?

Una cabaña normal, pero estábamos muy cómodos y grabamos todo en un ocho pistas.

¿Y esas circunstancias han podido afectar al disco? No sé a la hora de los arreglos, por no disponer de los elementos necesarios…

Nunca pienso en esos términos, le di a las letras lo que pedían.

¿Por qué grabas casi todos los instrumentos en tu discos, es una cuestión de control total o economía?

Un poco de las dos cosas. Por un lado no suele haber músicos a mi alrededor y tampoco las canciones están escritas cuando me pongo a grabar, así que tampoco es que pueda enseñarselas a nadie.

Otra sorpresa, ¿no escribes las canciones en casa y luego vas al estudio?

No, no me gusta. Prefiero la excitación de ponerme a grabar sin saber cómo va a sonar…

Dicho así parece que eres un jodido genio…

No sé, es la forma de mantener la excitación (risas).

 No creo que haya mucha gente capaz de hacer eso… Los que te conocimos con “Come Cry With Me” pensábamos que eras un artista country, pero siguiendo tus pasos de una manera retrospectiva he llegado hasta el comienzo, a tu banda hardcore, casi adolescente… Yo estaba feliz porque había encontrado una evolución consistente y coherente para un artista inquieto y con talento, ¡pero tampoco sé qué pensar ahora! (risas)

 Bueno, podríamos decir que lo es, sólo que no pienso en ello. Imagínate una esponja: va absorbiendo cosas, pero casi a la vez van saliendo otras.

Musicalmente creía haber encontrado un punto de inflexión en “If I’ve Only One Time Askin’”, porque aparecieron unos ricos arreglos que podían hacerte pensar en una expansión estilística que pudimos disfrutar en “Mosey”, pero también cambiaste tu forma de cantar. ¿Por qué?

No lo sé, pero tampoco creo que tenga una forma particular de cantar… Realmente es ahora cuando me siento más libre que nunca a la hora de hacerlo, de una manera más natural. Pero ha sido de una manera inconsciente, no creo que haya sido una cuestión de elección estilística, supongo.

En “Come Cry…” y “…Time Askin’” tu voz luce en algunos momentos como la de grandes como Willie Nelson o incluso Waylon Jennings, pero en “Mosey” la voz no es que sea peor, pero sí parece un poquito dylaniana.

Una vez que cambian las letras y su poesía, en la medida que me gusta adaptarme a ellas, es algo que ha acabado ocurriendo…

En tus conciertos vendes un vinilo de Ancient Shapes, que ha resultado ser un proyecto paralelo que nos enseña otra faceta de Daniel Romano. ¿También fue una cuestión de las letras grabar ese disco de punk urgente, pero no exento de melodías?

Escribí ese disco sentado a la batería, empecé a tocar unos minutos y poco después fui grabando encima el resto de los instrumentos. Fue como ir construyendo las canciones empezando por el tejado.

Así que en el momento en el que te sentaste detrás de la batería…

No tenía ni idea de lo que iba a hacer… Simplemente empecé a tocar ritmos.

Pero mientras los tocabas supongo que empezarías a imaginar algún riff que encajase o algo…

No, te lo aseguro, créeme. Eran sólo ritmos en ese momento y después de tener grabadas las baterías llegaron los riffs de una manera bastante obvia. En un par de días tenía grabados todos los instrumentos, pero no sabía lo que iba a cantar en esas canciones, y no sabía ni qué letras cantar, que es justo lo contrario que suelo hacer. Así que me puse al micro con un puñado de palabras frente a mí y lo hice. Fue realmente divertido.

Ahora entiendo realmente por qué grabas los discos tú solo. (risas) Imagino lo complicado que resultaría explicar lo que tienes en la cabeza en cada momento.

¡Hay veces que ni yo sé lo que tengo en la cabeza! (risas) De verdad, esta manera de hacer las cosas es lo que me mantiene realmente entretenido.

Ya, pero entiendo que vives de esto y por tanto debería ser algo más que un simple entretenimiento.

Sí, en realidad lo es.

Cuando vas al local de ensayo antes de una gira…

¡No, no ensayamos! Simplemente les doy los discos para que los escuchen, para que se queden con la idea de las canciones, pero realmente no ensayamos, simplemente elegimos en qué nota las haremos… Al final no es una cuestión de practicar más o menos, porque nos gusta mantenerlo todo lo interesante y diferente que podamos. Confío totalmente en la gente con la que toco y sé que se han aprendido cómo son las canciones, en qué plan van.

¿Les das para escuchar toda la discografía o sólo unas cuantas canciones?

Les doy una lista larga de canciones que tienen que saberse.

E imagino que cada noche, dependiendo cómo te encuentres de ánimo decides tocar unas u otras… Pero, ¿llegas a tener un setlist previo al concierto o lo vas decidiendo sobre la marcha?

Sí, lo suelo tener.

Me alegra, sobre por todo por tus músicos, para que no se vuelvan completamente locos…

(risas)

En este último trabajo, hay una aproximación al power pop en algunas canciones, con guitarrazos serios, como el puente de “The Pride Of Queens”, un auténtico homenaje a los Ramones, incluyendo un evidente guiño al final de la canción… Se podría pensar que te estás acercando a tu proyecto paralelo Ancient Shapes.

 En realidad esto lo grabé antes del disco, así que quizá esa energía se prolongó.

Eres un tipo muy prolífico, y aunque acabas de sacar un disco imagino que ya tendrás incluso canciones esperando…

Sí, estoy en ello…

¿Y nos puedes adelantar cómo va a ser?

Bueno, por un lado es posible que saque un nuevo disco de Ancient Shapes sólo en cassette.

¿Sólo en cassette?

Sí, en principio en cassette y sólo en Canadá, aunque quizá acabe sacándolo luego en vinilo.

Eres un tipo muy raro…

(risas)

¿Y algo más?

Bueno, tres colecciones de cosas…

¿Cosas?

No quiero hablar mucho de ello todavía.

Pero, ¿nos vas a sorprender de nuevo con algo totalmente diferente? No sé, ¿un disco de heavy metal?

(risas) Creo que es lo más libre que he hecho nunca, y no sé cómo va acabar saliendo realmente, porque es algo que estoy escribiendo precisamente ahora… Es realidad no estoy seguro de lo que es, porque por un lado es totalmente diferente a lo que he hecho antes, tanto a “Modern Pressure” como a los discos anteriores.

Pues nada, permaneceremos atentos a tus movimientos… Pero has despertado mi curiosidad, ¿vas a tocar algo de ello en tu inminente gira europea?

No creo, supongo que tocaremos material de “Modern Pressure” y algo de material más antiguo.

Supongo que asumes que no todos tus fans tienen una mentalidad tan abierta y que vas a ir perdiéndolos según vas experimentando y alejándote del country, que supongo que es donde estaba tu base de seguidores.

Sí, claro.

Parece que no te preocupa lo más mísmo, pero te recuerdo que estás dentro de una industria que trata de vender tus discos y perder fans no es la mejor forma de mantenerte ahí.

Bueno, la situación ideal sería que todos mis fueran tan abiertos como tú para poder seguir haciendo lo que me dé la gana. Pero entiendo que habrá gente que se sumará a mis nuevos discos y otros a los que les decepcionarán y dejarán de seguirme. De verdad que no me preocupa.

En tu caso, hasta el momento me ha gustado todo lo que has hecho y hay momentos en los que preferiría que hubieras seguido haciendo lo mismo, pero no me molesta en absoluto tu evolución. Aunque no siempre ocurre, hay artistas a los que he dejado de seguir porque simplemente han empezado a hacer cosas que no me gustaban o que no me interesaban: The Black Keys, Alabama Shakes, The Delta Saints, Eli “Paperboy” Reed…

De todos modos, tampoco creo que haya cambiado tanto, porque tampoco es que yo fuera un artista country, porque de hecho mi primer disco estaba más cerca del folk rock…

Quizá es que nos hemos creado una imagen irreal de tu música condicionados por, no sé, la portada de “Come Cry…”, que quizá era demasiado…

Ya, entiendo lo que quieres decir, pero creo que la única gente que espera que haga country purista son viejos, y he de decir que me alegra ver cómo se van. (risas)

¿Has tocado alguna vez en el Gran Ole Opry?

No.

Tampoco creo que sea algo que te quite el sueño.

No me importaría, pero no creo que ellos quieran que lo haga.

Entiendo que no te gusta el country moderno.

Creo que es malo para la gente. (risas)

Es una pena que para mucha gente Nashville se asocie exclusivamente al country, cuando hay una buena escena más allá del country y que creo que todavía merece el apelativo de “music city”.

El problema es que el country actual está intentando ser pop, y el pop es una especie de nana que pasa de generación en generación con ritmos y melodías que la mayoría de la gente pueda entender, que no les molesten. Por eso el rock and roll es mejor, el country también lo era… En realidad es todo lo mismo con diferentes arreglos e inflexiones.

Tengo que preguntártelo, ¿qué coño significa Mosey más allá de la semántica? Porque el diccionario dice que es “caminar sin prisa”; pero tú llamas así a tu penúltimo disco, además lo cantas al final de la canción “The One That Got Away (Came Back Today)” de tu disco anterior, y no olvidemos ese disco de singles y rarezas “11 Great Mosey Originals”…

Es una expresión que yo uso para definir lo que no encaja con lo demás, lo que simplemente es y lo que quiere ser sin seguir a nadie. La gente dice que yo soy un músico country, pero yo nunca he querido ser un músico de country, aunque haya hecho un par de buenos discos de country, pero no es lo que quiero hacer el resto de mi vida, porque sería una especie de pesadilla.

Entonces podríamos decir que Mosey eres tú, un artista libre

Sí, ésa es la idea.

También diseñas las portadas de tus discos, ¿es otra forma de controlar totalmente tu carrera?

Sí.

Pero, ¿lo haces sólo para ti o también trabajas para otra gente?

Alguna vez lo he hecho, pero se complica todo bastante.

Hablemos de tu infancia… ¿Cómo fue crecer en una casa con padres que eran músicos?

Fue fantástico, porque crecí tocando con ellos, en su banda, básicamente la batería: canciones de los Rolling Stones, R&B y un montón de cosas más. Fueron los cimientos de mi educación musical.

¿Cuándo empezaste a tocar la guitarra?

A los ocho años, pero se podría decir que crecí como batería, tocando con ellos hasta los trece. Entre los pases tenía que esconderme en la cocina porque no tenía edad de estar en el bar.

¿Y qué pensaban tus padres de Attack In Black?

Les gustaba realmente aunque no estuvieran metidos en el punk.

El primer disco quizá tenía algo de hardcore, pero el segundo ya es completamente distinto, con muchas más melodías e incluso acústicas.

La verdad es que evolucionamos muy rápido desde lo que empezamos siendo hasta lo que sea que nos acabáramos convirtiendo. No estábamos interesados en ser un determinado tipo de banda, y supongo que lo que soy ahora es por la presión que la industria ejerció en nosotros. Intentaban que fuéramos lo mismo permanentemente y es algo que nosotros rechazamos rápidamente… ¡Y que sigo haciendo! (risas)

Y después llegó el álbum “Daniel, Fred And Julie” (2009), un punto de inflexión en tu carrera que te encaminó hacia el folk rock, supongo.

Eran mis amigos y teníamos una grabadora. Así que en el garage grabamos eso muy rápido, y por eso suena así: grabado en una sola pista y la mayoría en una sola toma.

¿Y qué piensas de tus primeros discos?

No lo sé, no los escucho.

¿Nunca?

Una vez que un disco sale ya no me pertenece y a veces ni siquiera me apetece seguir asociado a él, porque es el reflejo de un momento y un lugar al que no puedo volver. No sé, quizá no los escucho porque me da miedo que me vayan a parecer malos, prefiero hacer algo nuevo…

Hace poco hemos celebrado el 50th aniversario del “Sgt. Peppers”. ¿Crees que se está exagerando al hablar de él?

Es un buen disco, me gusta, aunque prefiero “Revolver”. El problema es que no me gusta Paul McCartney, así que me he planteado hacerme mis propios discos de los Beatles quitando sus canciones (risas), para no tener que saltarlas cada vez que los escucho.

¿¡Pero no te gusta ninguna de sus canciones!?

No… Bueno, quizá estoy siendo demasiado duro con él, no está tan mal. (risas)

¿Y eres más de Lennon o de Harrison?

Los dos son buenos.

Para terminar, vives en Canadá, un país hermano -mucho más allá de lo geográfico- de Estados Unidos. ¿Qué piensas de la elección de Trump y de su situación política actual?

Es difícil de decir, nunca he sido muy fan del sistema capitalista; sencillamente no creo en él. Lo de Trump es el resultado de un prolongado estado de ignorancia y de gente a la que le han inculcado un miedo tremendo desde la guerra fría… Así que realmente no me sorprende.

¿Tú crees que la gente estaba verdaderamente preparada para Bernie Sanders?

Por supuesto que hay mucha gente dispuesta, pero el problema de Estados Unidos es que es tan grande que se ha convertido en una nación egomaniaca y es difícil pretender que esto no ocurra siendo dirigida por una sola persona. Debería ser como Europa, dirigida por distintos presidentes, porque hay zonas muy distintas.

Texto: J.F. León

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