Vivos — 21 marzo, 2017 at 12:58

Nik West – Teatro Lara / Ciclo 1906 (Madrid)

El funky no se baila sentado

Están los dislates y luego está que no se escuche apenas el bajo en un concierto de Nik West, la archiconocida y flúor bajista de pelo azul. También podría considerarse dislate el hecho de plantear un concierto de género funky en un teatro, con el público sentado en cómodos sillones. Sin embargo, este último fue solventado por la propia audiencia, renunciando ya en los bises (paseillo de Nik West por el respetable mediante) a permanecer aletargados, levantándose, bailando, coreando y palmeando como si le (nos) fuera la vida en ello. Del primer dislate se dio cuenta el guitarrista de la mentada diva (Hubie Wang) en el intermedio del espectáculo, -aquel en el que la corista principal (Amber Sauer) sacó un chorro de voz indescriptible -, haciéndole señales a la West para que subiese el volumen del instrumento. Fue ahí, de hecho, media hora después del comienzo del evento, cuando empezó el verdadero concierto.

Casi como en un mundo ideal de inserción social de los colectivos socialmente discriminados (negros, mujeres con sobrepeso, asiáticos), la banda de Nik West ocupó más espacio que ella misma, un tanto descafeinada en comparación con el meteórico concierto que ofreció el pasado verano durante el Festival Cultura Inquieta. No faltaron, eso sí, los bailes y figuras casi acrobáticas en torno al bajo de West, a la que debe ser que le faltan un par de vértebras para poder doblarse tanto. Con “Forbidden Fruit” llegó el momento de lucirse y encumbrar su famosa pericia con el bajo, en un ejercicio de participación con el público que sacó vítores que bien podrían haber echado abajo el teatro.

Los colores flúor, la alegría contagiosa, la energía y los pelos de punta son solo algunos de los adjetivos que nos cabe utilizar a los críticos para explicar la música sin el horror de remitirnos a los géneros musicales. Porque sí, Nik West es funky, es rock, pero también guarda dentro un alma pop que la hace conectar de inmediato con las almas de cualquier estrato social o país. En el mundo de Nik West no hay blanco o negro. Hay amor, música y baile. En el mundo de Nik West “la única persona que querría ser, es yo misma”. Nos quedamos con ese mensaje, presente en toda su música. En su capacidad para dar voz a un instrumento que siempre se deja como secundario, como metáfora de aquellos que muchos todavía consideran que estaríamos mejor callados.

Texto: Elena Rosillo

Foto: Ciclo 1906

 

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