Encuentros, Sin categoría — 20 marzo, 2014 at 13:46

Nick Waterhouse, músico superdotado del R&B

2013-04-09-nickwater

Ante la inminente gira del californiano que comienza el 27 en Capitol (Santiago, ciclo Galicia Importa), y el 28 Copérnico (Madrid), 29 La3Club (Valencia) y 30 Music Hall (Barcelona) dentro del Budweiser Live Circuit , recuperamos esta entrevista publicada en papel que ocupó nuestra portada de marzo. Jon Pagola, desde Donosti, aborda al guitarrista. 

Nick Waterhouse Nada se le resiste a este joven músico norteamericano. Canta,  toca la guitarra, compone y escribe todas sus canciones. También ha producido a bandas como los californianos Allah-Las. Es un superdotado. Y  con su segundo disco, “Holly”, se confirma su descomunal talento.

Nick Waterhouse (California, 1986) lleva un par de días enfermo. Últimamente ha tenido más tarea de la habitual: además de estar engrasando  la maquinaria para la gira de presentación de su nuevo disco, el excelente “Holly”, se ha metido en el estudio con sus amigos de Allah-Las a quienes también produjo su primer trabajo. Son las nueve de la mañana en Los Ángeles, las seis de la tarde en España, y la fiebre y el sueño acumulado por las horas de trabajo parecen no afectarle. A lo largo de la media hora escasa que dura la charla telefónica, este chico para todo -productor, cantante, compositor, hombre orquesta-, un superdotado musical, se comporta exactamente igual que sus pulcras canciones: elegante y fino, ni muy frío ni excesivamente cálido. Es educado y pocas veces se va por las ramas. No habla demasiado, pero tampoco se queda excesivamente corto en las respuestas. Emplea las palabras justas. Da la sensación de tener la cabeza perfectamente amueblada. En el mundo de Nick todo parece estar en orden.

Bueno, hay algún detalle que puede alterar mínimamente al hombre perfecto, al chico que sacudió la escena de rythm & blues con su primer single, “Some place” (2010), del que aseguran que se llegaron a pagar 250 euros por alguna copia en Ebay. Varios singles de éxito después  Nick Waterhouse publicó “Time´s all gone” (2012), su LP de debut,  que tal vez no respondió del todo al impacto inicial provocado por sus enormes temas de adelanto -entre ellos una sorprendente relectura del clásico garajero de Them, “I can only give you everything”.

La excitación se evaporó un pelín, aunque durante estos dos años muchos han seguido bailando y vibrando con sus canciones en garitos míticos como la Vía Lactea de Malasaña. Ha sido single de cabecera de reputados djs malasañeros. Así que Waterhouse también tiene los pies puestos en el presente.  No está anclado en los años 50. Y eso es lo que dice. ¿Qué opinas de la gente que argumenta que estás obsesionado con el pasado? “Que les jodan”. Y aquí llega la única nota discordante de la conversación.  Pero suelta el exabrupto en un tono de absoluta normalidad, de manera natural, sin levantar la voz, sin aspavientos ni aires de superioridad; parece el primero en no concederse excesiva importancia, aunque sus dos únicos discos atesoran conocimientos suficientes como para dictar una clase maestra sobre el r&b de toda la vida.

En la descripción que se hace sobre ti en tu página web se afirma que “todo el mundo quiere ser alguien”. ¿Tú quién quieres ser?

En realidad, ya sabes que eso lo ha escrito otra persona. Creo que a lo que se refiere no es tanto a ser otra persona como a las influencias que tenemos como músicos. Quiénes son aquellos que realmente nos han marcado.

El primer nombre con el que se te suele asociar es Van Morrison.

Van Morrison es genial. Su carrera es fantástica. Pero he empezado a darme cuenta de que al igual que ocurre con una parte de la música americana, como el jazz, en mi música hay más elementos que los puramente superficiales. He pasado más tiempo escuchando a otros artistas como Mose Allison, que igual no es una influencia tan obvia, y que han jugado un papel tan importante o más que Van.

¿Pero estás contento de ser tu mismo? ¿De ser Nick Waterhouse?

Estoy contento con ser yo mismo. Así está bien.

Vienes de Huntington Beach, una localidad surfera. No parece el lugar más adecuado para crecer escuchando soul y r&b…

Realmente no lo es. Pero para mí no ha supuesto un problema. Creo que no tiene que ver con dónde has nacido. Mira el caso de Bob Dylan, es de Minnesota…  Siempre estaba más preocupado de lo que pasaba dentro de mi cabeza y no prestaba demasiada atención a lo que sucedía ahí fuera.

¿Es verdad que tus padres querían que tocaras la trompeta?
Sí, es cierto. Querían que tocase la trompeta en una banda escolar… pero no funcionó.

¿Banda escolar del estilo de las típicas marching band americanas?

Exacto.  Pero mis padres lo hacían más como actividad extraescolar, como cuando haces deporte.

Pues  no me cuadra demasiado que un padre que de joven había sido hippy y surfista acabe mandando a su hijo a un desfile musical de estilo militar…

(Risas) En aquella época hasta la gente más rígida y conservadora hacía surf y llevaba el pelo largo. Es una cuestión típicamente californiana. Es parte de nuestra cultura. Es nuestra naturaleza. Aunque para ser honestos con esta historia, la responsable de introducirme en las marching band era mi madre, no mi padre. ¡Ella fue la responsable!

¿Qué música escuchabas en aquella época?  ¿Ray Charles, Little Richard, Buddy Holly y otros clásicos de los 50?

La música que escuchaba era más a través de las radios que ponían oldies. Empecé a descubrir a The Miracles, Ricky Nelson, Coasters, Ray Charles… “Hit The Road Jack” era una de mis canciones favoritas. Después trate de escuchar más rock and roll, de abrirme a otros grupos y otro tipo de producciones más elaboradas como The Animals, The Who y su grupo embrionario The High Numbers…

 

¿Fuiste mod?

¿Sabes qué? Mucha gente me lo dijo entonces pero yo nunca he sido mod. No quería ser mod. Desde mi punto de vista, ser mod implica que te gusten The Jam,  que no están nada mal, las parkas, vestir bien…Tan sólo quería investigar y entender mejor la música.

¿Qué le dirías a aquellos que sostienen que estás obsesionado con el pasado?

En primer lugar, que se jodan. Es música, tío. No hay más. Pero me da igual porque estoy muy despreocupado con lo que sucede en el mundo exterior y con las opiniones de los demás.

Si no te gusta la palabra “obsesión” podemos cambiarla por “pasión”…

Claro, sin problemas. Pero mira, William Shakespeare estuvo escribiendo una obra de teatro danesa del  Siglo XIII, lo que también sería retro; no sé si me explico.

Sí, perfectamente. Eres de los pocos artistas -creo que junto a Teenage Fanclub- en formar parte de un festival sixties o retro (Purple Weekend) y otro más vanguardista o moderno (Primavera Sound). 

¡Lo del Purple Weekend fue hace mucho tiempo!

¡Fue en diciembre de 2012, hace poco más de un año!

(Risas) Creo que comparto buena parte del gusto y de la visión musical del Purple Weekend.  Pero al final yo no dejo de ser un músico en el sentido amplio del término y por eso también encajo en otros sitios. En el Purple había muchos djs coleccionista de singles…

(Le interrumpo) ¿Tú también ejerces de dj, no? ¿Qué sueles pinchar, r&b y soul o vas mezclando distintos estilos?

Voy mezclando Jukebox jazz; un tipo de jazz con el que puedes bailar; un tipo de música pop interesante que algunos llaman popcorn; r&b también, pero trato de buscar discos que tengan algo especial, que se salgan de lo habitual…

Desde hace algunos minutos se ha colado un invitado no esperado en la línea de teléfono: un sándwich de jamón. A Waterhouse se le oye masticar cada vez con mayor ahínco y le pregunto amablemente qué está comiendo. Se me había olvidado que allí, en California, es la hora del desayuno. De repente me viene a la cabeza una imagen que no se corresponde a la de una estrella del r&b: es más que probable que le hayamos pillado en pijama, nada que ver con los elegantes trajes y camisas con las que sale al escenario. Quizás tampoco lleve gafas alejándose por completo de la estética vintage a lo Buddy Holly con la que se le suele relacionar. Esta cara B – amable, desenfadada e informal- no se parece mucho al músico que desembarcó por primera vez entre nosotros en el Purple Weekend de León.

Al público que esperaba ansiosa aquella actuación -metódica, calculadísima, más propia de un hombre encerrado en su estudio de grabación que del clásico soulman norteamericano- nos dejó un regusto agridulce. Aquello no fue un show divertido y sudoroso sino la constatación del enorme talento del empollón de clase. Fue correcto. Pelín quisquilloso con el sonido. Poco hablador. Altivo. No se ganó, precisamente, las simpatías del público. Pero en la intimidad del oyente (y de las somníferas nueve de la mañana)  emerge de la superficie la persona, no el músico. “The Singer, not the song” parafraseando a los Stones.

Regresamos un instante a sus años mozos, cuando formó The Intelligista a principios del siglo XXI, una banda que exploraba el sonido de los grupos de la British Invasion. Poco queda de aquel adolescente sixties. Le hablo de “We are the mods” (2009), una modesta película que refleja el movimiento mod de  Los Ángeles, su ciudad, y no la conoce. Waterhouse se mueve ahora en otros mundos. Y esos mundos nos llevan directamente a “Holly”.

¿Crees sinceramente que “Holly” no es tanto una colección de canciones como una novela, o un poema o incluso una película?

Hay una serie de músicos que por muy chiflados que estén siempre han intentado hacer algo nuevo y contárselo al mundo. Hay muchos ejemplos de ello. ¿Cómo se llama ese estúpido pianista…? Bueno, da igual. Allen Ginsberg ha hablado de eso. Y eso es lo que estoy tratando de hacer con mi música: relatar una historia. Un hombre envuelto en el año 2014. Es como la película “Muholland Drive” de David Linch: lo calificamos como cine pero es mucho más que una simple película. Hay más detrás. Pues, salvando las distancias, en este disco pasa algo parecido. No es una simple colección de canciones. Es más. Es una historia.

Es un disco fuertemente influido por el entorno donde vives en los Ángeles y por el concepto del destino

Eso es. En los últimos tres años me han pasado muchas cosas extremas e intensas en mi carrera, no todas buenas, y eso se refleja en canciones como “Dead Room” o “This is a game”. En cuanto a Los Ángeles… (se toma su tiempo para pensarse la respuesta) hace tiempo que llevo viviendo aquí y ha sido una gran influencia en las canciones, la gente, el ambiente que se respira aquí…

No sé en Estados Unidos, pero desde Europa todavía se mantiene el estereotipo de Los Ángeles asociado a Hollywood, Beverly Hills y todo eso

Lo sé. En Estados Unidos  también pasa. Si hubiera dicho que estoy influido por vivir en Brooklyn la gente entendería a la primera  de lo que estoy hablando. Lo que quiero decir es que hay muchas diferentes formas de vivir esta ciudad que no tienen que ver con el cliché de LA. En estos momentos hay un montón de gente joven haciendo cosas muy interesantes. Es una ciudad que tiene mucha vida y mucha energía. Es realmente estimulante.

“Dead Room” me recuerda alguna canción de Left Banque. Tienen un inicio muy pop.

¿Ah, sí? No se me había ocurrido. Es curioso que lo menciones.

Y el ritmo sincopado de “This is a game” recuerda a “Some Place…           

Tiene el mismo feeling, totalmente. “This is a game” salió en la carretera y siempre pensé que iba a ser un gran 45”.

 Es un gran single. Me llama la atención que el tempo de tus canciones es muchas veces el mismo. Pa, pa, papa, pa, pa (se lo trato de cantar)

Yo lo cantaría más rápido: ta, tatatata, ta, tatatata (risas)

“Holly” gana con las escuchas. No entra del todo a la primera ni creo que haya hits claros. Pero es excelente. ¿Cuándo sabes si estás ante un hit?

Nunca en el proceso de grabación. Eso luego lo decide la gente; si una canción les vuelve locos y les incita a bailar y mover los pies. Pero, un momento. ¿Te refieres a mis hits o a hits compuestos por otros músicos?

Pues ya que estamos te voy a preguntar por alguna canción de otro artista que te guste especialmente, por uno de esos himnos imborrables

Vale, espera un poco. Me gusta mucho esta canción de Jackie… ¿cómo era su apellido?

¿Wilson?                       

No, no, era una chica que estuvo en el sello Sar… ¡Jackie Ross! Eso es, y la canción se llama “Hard Times”. Otro hit claro para mí es “I Don´t need no doctor” de Ray Charles.

Segundo imprevisto de la entrevista. En el momento en el que estábamos a punto de comparar “Holly” con  su predecesor,  “Time´s all gone”, se ha ido la señal. Miro la batería del móvil y, efectivamente, se me ha debido agotar porque el teléfono está apagado. La pequeña pila de la pantalla estaba tiritando desde hace unos minutos. Así que lo primero que voy a hacer cuando vuelva a marcar su número es disculparme. Lo gracioso es que ambos nos hemos quedado sin batería al mismo tiempo. “Perdóname”, me dice antes de que me dé tiempo a reaccionar. “Creo que se me ha agotado la batería”.

Te decía que este álbum me gusta más que el primero. Está muy trabajado y has pulido mucho todos los detalles. No sé, igual  “Time´s all gone” vivió demasiado pendiente de sus singles…

Pienso que son discos distintos. Y hay espacio para ambos. Hay unos 45” que he grabado que apenas están producidos y otros  45” que son más limpios. Mi trabajo como artista es continuar mejorando y progresando y espero que haya mejorado entre el primer y el segundo disco en todos los sentidos: la producción, la composición, las letras, la música…

Es que lo haces todo. ¿Qué crees que se te da mejor?

No lo sé, tío. Depende. No creo que sea el mejor cantante pero creo que voy mejorando y lo mismo te puedo decir con mis instrumentos.

 

Texto: Jon Pagola

 

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