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The Chevelles – Sala Upload (Barcelona)

 

Que uno sepa, en España, no hay canguros, quizá alguno en adopción y paren de contar. No obstante, la banda australiana The Chevelles hace mucho tiempo que incide en actuar en nuestro país. Este, sospechoso chiste, viene a cuento de que no vimos, prácticamente, a nadie saltar (modo pogo) en el primer concierto de su gira, por tierras patrias, que consta de ocho funciones. Quizá les faltó mordiente (tan solo ocupamos un tercio de la sala) o pesó el inicio del tour. Si obviamos el tramo final, en general, hubo poca tensión, las vibraciones podrían haber sido mucho mayores. No busquen culpables.

El grupo, originario de Perth, cumple 30 años de existencia (34 para ser exactos) y ha salido a celebrarlo sin muchas novedades que presentar; tampoco parece necesario. Soplan velas con ese conglomerado que sigue sonando a The Who, Ramones y, si me lo permiten, a The Kinks o The Undertones, añadiéndole un toque hard (excesivo a nuestro parecer) que sabe a gloria, conociendo los referentes de algún artista despistado. No confundamos con la copia. Su personalidad está demostrada con creces.

Desconocíamos si el baterista Dave Shaw (uno de los fundadores) estaría presente y allí estuvo, nos congratulamos por ello. Junto a él, comparecieron Duane Smith (voz principal y guitarra), Adrian Allen (voz adicional y guitarra) y Jeff Halley (bajo). Formación contundente, equilibrada, necesitada, como hemos comentado anteriormente, de punch y ese torbellino “ramónico” (si me permiten la expresión) que los ha distinguido durante años. Es posible que esta evaluación surja de gustos personales, pero echamos de menos ese pop acelerado (Ramones no eran un grupo punk, la acepción power pop es más ajustada) que invita a esos brincos añorados.

Duane Smith declaró que muchas de sus creaciones hablan de chicas, nada nuevo bajo el sol. “Girl for me” fue la primera muestra, le siguieron “She don’t come around”, la magnífica “Girl God”, “She’s not around” (Allen en el micrófono principal; repitió en “Understand” o “Sonic”), “Valentine” y otras como “Barbarella” o “Stacey loves cocaine”, un clásico de su repertorio. Hubo más, no les aburriremos con un listado.

No faltaron “C’mon everybody” (no confundir con el temazo de Eddie Cochran), “Get it on (Costello también juega) “Out of my mind” (Townshend y Daltrey presentes) o los singles más recientes, “Something about you” y “Steve Mcqueen (I wish I was). “Show me your love” y “Aloha Steve & Danno” (cover de Radio Birdman  con Duane arrebatado y a pecho descubierto) finiquitaron el concierto.

 

Minutos antes, el maestro de ceremonias Smith, anunció la futura aparición de un doble LP, no sabemos cuándo. Las noticias de nuestros queridos “aussies” siempre son bienvenidas, y más cuando el sabor agridulce te llena el paladar.

Quizá fuera el Upload (sonido y luces peculiares, por decir algo), falta de rodaje (esperaremos lo que dicen desde Logroño) o ese ecosistema extraño que se crea en el Poble Espanyol de Barcelona. Lo cierto es que, sin ser un fiasco, uno salió con la sensación de oportunidad perdida. No hablamos de valores (contrastados) sino de contextos. Falló la conexión, importantísima a la hora de evaluar un espectáculo. Tienen todo el derecho a contradecirme, para eso están sus opiniones.

Estos australianos nos ponen, queda claro. Sin embargo, un supuesto desapego enturbió la energía. Suena a contradicción. Es muy posible. Así lo sentimos.

P.D: A The Chevelles les acompañaron Les Aranyes, vigoroso grupo de punk rock barcelonés, que, aunque acusaron la ausencia del guitarrista Pau Lowe, nos hicieron pasar un buen rato. Tras la desaparición de Morfi Grei, la escena luchadora ha quedado manca, necesitamos relevos imperiosamente.

Texto: Barracuda

Fotos: Marina Tomás

 

 

 

 

 

One Comment

  1. Sin ser un concierto apoteósico, sí que hubo conexión con el público (y desde los primeros temas) y eso, pese a no llegar a llenar la mitad de la sala.

    Ecosistema extraño? Vamos quedando menos los dispuestos a disfrutar este tipo de música y eventos, hoy en día los tiros van por otro lado y no tienen nada que ver con tocar buena música…ellos se lo pierden!

    Faltaría que se fijen bien los horarios de inicio de los conciertos y pedir que se cumplan…

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