Más libre que nunca. Más exótico que nunca. Es escuchar lo nuevo del otrora líder de Pavement y venirle a uno a la cabeza titulares así de contundentes, sin vacilación alguna. Y es que este tercer disco sin The Jicks como banda de acompañamiento, o lo que es lo mismo, firmado como artista plenamente en solitario, es libérrimo.
Puro. Folk, por así llamarlo, tocado con una guitarra de doce cuerdas, algo de instrumentación folclórica afgana, los arreglos desgarrados de eléctrica que aporta el curtido y fiable Matt Sweeney —echen un ojo a su currículo—, y la ayuda en materia de arreglos del tampoco manco Chris Funk (The Decemberists). El resultado es preciosista, fluido, ajeno a corrientes; bello. «Xian Man», «What Kind of Person» o «Cash Up» son canciones que, aún sonándonos, por momentos, familiares, son rematadamente exóticas y buenas. En realidad, bien pensado, este es un disco de blues, solo que deconstruido de forma dadaísta. Vamos, como casi todo lo que toca este ilustre cincuentón californiano. Probablemente, cuando se retire, si es que lo hace, y eche la vista atrás, Malkmus podrá decir que siempre hizo lo que le apetecía, sin tener que darse explicaciones ni a sí mismo. Y lo felices que nos ha hecho y nos hace siendo así de libre. Larga vida.
Texto: Daniel González