Discos de la década

Uno de los discos de la década para…Rafa Suñén: Royal Headache

Resultado de imagen de Royal Headache - High (2015)Hemos pedido a nuestros redactores y redactoras que elijan un disco que para ellos haya sido especial de la mal llamada década 2010-2019 (sí, sabemos que lo correcto sería decenio). No hemos querido fustigarlos obligándolos a escoger su disco de la década, pero sí al menos uno de ellos y que nos lo reseñen. Semanalmente, durante todo este año que sí da fin a la década, iremos desgranando esos álbumes que componen para el staff de Ruta 66 la fotografía de diez años que ya son historia. Continuamos con esos discos. Royal Headache es la elección de Rafa Suñén.

Royal Headache – High (2015)

 

Te explota la tripa, la entrepierna, el alma. Las tres cosas te parecen lo mismo desde hace meses. No duermes y vives en la parra. Llevas el cielo en tu pecho. Podrías conseguir que se enamorase de ti. Pero de pronto entiendes que eso no va a pasar nunca. Sabe lo que sientes y lo ha sabido siempre. No quiere follar contigo. Bajón. Bochorno. Cruzas una mugrienta calle teñida de naranja por la luz de las farolas y lo comprendes: te espera una larga travesía por el desierto. Qué mal rollo. Pero qué emocionante…

 

“Sé que ella no me necesita y lo sé porque lo que siento dentro de mí duele” canta Tim “Shogun” Wall en «Love Her If I Tried». La canción es una de las 10 perlas alquitranadas que se alojan en High, su segundo disco al mando de la cuadrilla Royal Headache; un trabajo que funciona como un paraguas anti-escoria elevando el alma hacia una superficie donde el aire parece estar menos contaminado que a pie de acera. Hüsker Dü, Jam, Nerves, Buzzcocks, Smiths; High está repleto de referentes melódicos que denotan la ambición con la que el cuarteto de Sídney deja atrás la lozanía de su debut para catapultarse y alcanzar su verdadero potencial con estas hirvientes canciones: esputos postadolescentes acerca de la depresión, la adrenalina, la bronca callejera y la enérgica hecatombe de la juventud. Describirlas más allá de este rap no valdría más que para mancillar su verdadero alcance nuclear. High es un trabajo capaz de revisar el hardcore más sensible untándolo con pop perfecto y fusionándolo con una suerte de disco soul ratonero y chirriante. Lo hace disparado por una brillante lírica que invoca a la de un Paul Weller colocado que se confiesa a calzón quitao o a un Morrissey que se deja de hostias acerca de Keats y Yeats para desahogarse sin adornar sus disgustos y anhelos. El visceral discurso de Shogun, cantante y corazón de la banda, es tan imposible de esquivar como los camiones de basura que rondan las calles estrechas cuando cae la madrugada. Sus letras, repletas de melodías científicamente inmejorables, cantan la esencia verdadera de una vida como la de cualquiera de nosotros. El berrinche resultante conforma una obra que es capaz de emocionarte tengas 15, 30 o 60 años y que volverá a hacerlo cuando vuelvas a escucharla dos décadas después, sufriendo un invierno a 43 grados centígrados y comiendo sucedáneo proteínico con sabor a salmón comprado en el Día.

 

Shogun grabó High azotado por la gravedad de una depresión no diagnosticada y con un mal de amores sudándole el cogote. Cuando los vi tocando en un sótano de París no pudo terminar de cantar «Caroline». Repitió en varias ocasiones que le jodía tocar las canciones de High porque trataban de una tía de la que seguía enamorado y que pasaba de él. Dijo que lo que sentía era patético. Pero cuando cantaba cerraba los ojos y entraba en trance: la belleza cruda de su música lo engullía como una aspiradora. Al terminar el concierto estaba agotado, desconcertado y con ganas de volver a casa… o a algún sitio. Era la primavera del 2015 y High estaba ya en boca del público macrofestivalero. Todo era demasiado bonito. Y ese era el problema. Para Shogun la soledad era también una fuente de inspiración. Con el éxito ese recurso se terminaría volviendo intermitente. La exposición de sus emociones solo le resultaba sincera si el mundo le daba la espalda. Y cuando el mundo se giró para escucharle, Shogun sintió arcadas.

 

La depresión baila siguiendo un ritmo vacilón que reseca toda lógica, hundiendo tanto a genios como a instagramers sin futuro. Después de muchos ciegos y miedos, el cantante conseguiría salvar su salud mental llevándose a Royal Headache por delante. La banda se declaró extinta en el año 2017. Tras de sí dejaban la chatarrera y reconfortante sinfonía de este remedio para la asfixia que es High: un instante explosivo como una carcajada al inhalar cloretilo, uno de esos discos que respira como si estuviera vivo.

 

Rafa Suñén

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