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Keith Richards & Mick Jagger, dos hombres y un destino

Para completar el artículo de portada del número de marzo de nuestra revista, dedicada a Kiz, Manel Celeiro escribe sobre la especial relación que Mick y Keith han mantenido desde que se conocieron hasta este presente en que metidos a fondo en la vejez siguen lanzándose dardos como jovenzuelos peleando por la misma chica. Hemos dicho chica…Ah! Quizás ahí está la cuestión principal…

A pesar de que habían pasado la infancia en relativa cercanía la conexión entre Mick y Keith se dio una fría mañana británica del mes de octubre, cuando  la caprichosa mano del destino cruzó sus caminos en los andenes de la estación de Dartford. Allí estaban ese par de flacuchos jovenzuelos que se dirigían hacia las respectivas escuelas donde cursaban sus estudios. Y hay que sumar la casualidad más relevante, uno de ellos llevaba bajo el brazo discos de Chuck Berry y Muddy Waters, lo que hizo que el otro no dejara de mirarlos y decidiera romper el hielo para poner en común su pasión por ambos artistas. El resto, como se suele decir, es historia. Así que ese entusiasmo por la música norteamericana fue el inicio de la amistad entre ambos y consiguientemente al posterior nacimiento de los Stones. Amistad que se ha ido moldeando y transformando con el paso del tiempo. No es fácil mantener una relación, del tipo que sea,  durante más de cinco décadas y pretender que sea una balsa de aceite. Y más cuando pasas de compartir escaseces a ser obscenamente millonario gracias a los provechosos réditos obtenidos por la que se ha dado en llamar la mejor banda de rock & roll de todos los tiempos. Desde los sueños de la adolescencia hasta una tercera edad bañada en billetes pasando por líos de faldas, contrariedades económicas, celos artísticos, alcohol, drogas y toda la parafernalia que rodea a estrellas como ellos. En esas más de cincuenta primaveras las ha habido de todos los colores y muchas son las noticias aparecidas sobre el permanente y oscilante equilibrio de la balanza.

Se suele dar por buena la versión de que una de las razones de los desencuentros es que Richards es el custodio de la esencia primigenia de la banda, el guardián del cofre donde se  guardan a buen recaudo los secretos del blues y el verdadero e indomable espíritu del rocker, mientras que Jagger se ha transformado en un frío, calculador e insensible hombre de negocios eternamente pegado a la calculadora y atento a engrosar los ingresos de cualquier manera. Pero lo que sí parece firmemente probado es que el verdadero motivo que empezó a dinamitar su afecto fueron las mujeres. No el afán de protagonismo, no el ego creativo, no unos miles de dólares más o menos, si no el episodio sentimental y sexual del famoso intercambio de parejas entre ellos. Mick sedujo a Anita Pallenberg y el taimado Kiz hizo lo propio con Marianne Faithfull. Venga, y tiro porque me toca. A partir de ahí todo cambió, alguien cruzó la línea que no debía. Y el guitarrista se ha valido de ello frecuentemente para ridiculizar a su compañero haciendo pública su mayor capacidad como amante, “Marianne no se lo pasaba bien con la “cosita” de Mick”, y dejando en el aire la anteriormente citada sospecha de que el vocalista solo seguía en esto por la pasta. Aunque se guarda bien de reconocer explícitamente que durante el despegue definitivo de la banda el único que se mantuvo razonablemente sobrio y limpio de adicciones para llevar el timón con mano firme fue Mick mientras él se mantenía sumergido en la vorágine del opio y el Jack Daniels junto a sospechosos habituales como Bobby Keys y Ronnie Wood.

Otra cara del asunto es el cruce de manifestaciones sobre el sentimiento de hermandad que, pese a todo lo anterior, mantendría unido el vínculo entre ellos. Richards es hijo único y en no pocas ocasiones se ha referido a Jagger considerándolo un hermano. Afirmación a lo que este ha contestado rápidamente, marcando el territorio, “La gente suele decir cosas como esa. Pero tengo un hermano (Chris Jagger). Mi relación con él no es igual a mi relación con Keith, que es alguien con quien trabajo. Con un hermano tienes padres y familias en común. Entre Keith y yo eso no existe”. Toma Jeroma, pastillas de goma, un zasca en toda regla.  Ante esto el viejo pirata trepador de cocoteros no duda en ejercer de nuevo su rol de que a él solo le importa la música reafirmando que cuando se encuentran para componer, grabar y girar ese distanciamiento queda atrás y la química creativa funciona de nuevo: “ Nos conocemos y sabemos lo que queremos. Pero mi principal medio de comunicación es a través de la música. Llámalo un pacto de caballeros o algo así. Me doy cuenta que una vez que empezamos a trabajar, muchas de las barreras o como quieras llamarlo, tienden a desaparecer”.

En fin, sea como sea quizás esa tensión latente sea uno de los factores para que estos cabrones todavía sean capaces de ofrecer un espectáculo que levanta estadios, aunque durante las giras apenas se vean más que en el tiempo justo que están en escena, y discos, como el último y blusero Blue & Lonesome (Polydor, 2016), que aún conservan rastros de su anterior majestuosidad. Claro que si les da por rastrear las redes verán que Kiz no pierde ocasión de seguir soltando pullas, algunas de ellas tan ingeniosas como la de que se haga la vasectomía para dejar de ser padre – abuelo, y Mick encajando con la flema de un caballero de su Majestad aguardando poder devolvérsela. Aunque cumplidos los treinta y uno dijera en la revista People, “Prefiero estar muerto que seguir cantando «Satisfaction» cuando tenga 45 años”. Ya se sabe, la máxima del negocio del espectáculo, el show debe continuar.

Manel Celeiro

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