Papel — 12 Agosto, 2017 at 8:24

El negro y la gata – Anton Arriola (Erein)

Llevamos tiempo en que lo vasco vende. Lo vasco cultural, no la desgraciada presencia de lo vasco en la crónica política sangrienta. Hubo un rock radical vasco, un cine negro vasco, un cine impresentable vasco (ah, los ocho dichosos apellidos), una hipertrofiada gastronomía vasca… y ahora parece que está aflorando una novela negra vasca, con su Bilbao pre y post Guggenheim, sus barrios arrasados por la desindustrialización y la heroína, sus agentes de la Ertzaintza fungiendo de modernos y eficaces investigadores, su tanto de corrupción política y empresarial… Bienvenido sea el nuevo género que irrumpe desde Euskadi, tierra, por lo demás fértil en fabuladores de distintas clases. Una novela como esta destaca en ese surgimiento. Está bien escrita, bien construida, con un trasfondo de ideas claramente presentadas que revelan una documentación cultural sólida. Se la lee con interés y se disfruta estéticamente. Todo eso en las 200 primeras páginas. Después, la narración se mete en arenas literarias movedizas, en las que se suceden lances inverosímiles como el forzadisimo final y otras extravagancias que la primera parte de la novela no se merece. Para un lector local hay un plus añadido de familiaridad con los topónimos que jalonan la acción y que recuerdan los espacios novelescos de algunos autores ilustres. Excepción hecha de la geografía peruana del final, que hace pensar en el aprovechamiento para el relato de un viaje personal y que conecta mal con la trama primitiva.Arriola ha escrito, de todos modos, una notable novela negra vasca. Ojalá que tanto ella como otras salgan pronto de la distribución doméstica y, como otros productos culturales nuestros, se expandan y dilaten con parecida fortuna.

 

F. FIERRO

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