Rutas Inéditas — 9 Mayo, 2017 at 12:16

Van Morrison: repasamos 10 discos básicos de su discografía

Ante la muy próxima nueva visita del irlandés gruñón, repasamos 10 discos fundamentales de su discografía. Ideal para recordar y acudir preparado a los conciertos que realizará en en el BBK MUSIC LEGENDS (viernes 2 de junio) y en PRIMAVERA SOUND (sábado 3 de junio):

Blowin’ Your Mind (1967)

Ni siquiera es un disco propiamente dicho, sino una selección de las sesiones grabadas tras la debacle de Them. De portada y título infumables (truco para simular una conexión con la psicodelia del momento), son un documento vital para observar el cambio de registro de un chaval empeñado en llevar su arte más allá de lo que su entorno le permitía. Acompañado por lo mejor de los sesioneros neoyorkinos, entrega un Top 10 imperecedero, «Brown Eyed Girl», pero sus malas artes ya asoman en las retorcidas «Who Drove The Red Sports Car» y «He Ain’t Give You None», un lujurioso reproche de dimensiones dylanianas, y sobre todo en los agobiantes diez minutos de la morbosa «TB Sheets», tenso relato de la visita a una amiga enferma de tuberculosis.

Astral Weeks (1968)

Nada te prepara para Astral Weeks, un disco del que parece estar todo dicho y que sin embargo no suena a nada conocido, a años luz de sus contemporáneos. Es posible que ni él mismo se explique este glorioso accidente, la dulce colisión entre su torrencial visión poética (la inocencia de sus años en Belfast, el ansia de escapar a no se sabe dónde) y una pequeña banda de grandes del jazz ajenos al mundo de aquel irlandés silencioso y poco comunicativo, embebido en su viaje personal, al que siguieron hasta territorio inexplorado sin preguntar, guiados por las inflexiones de una voz extasiada y una guitarra acústica rasgada apasionadamente. Juntos crearon la obra magna de un hombre finalmente renacido tras una búsqueda larga y tortuosa.

Moondance (1970)

Al surgir el nombre de Van Morrison en una ya lejana conversación con un grupo de sibaritas musicales, la pregunta inmediata fue: ¿Eres de Astral Weeks o de Moondance? Hasta ese momento no lo había pensado, pero tenía cierto sentido. Son dos obras mayores, pero casi opuestas en tono. La introspección y el lirismo de Astral Weeks apenas tienen que ver con el tono vitalista y expansivo de Moondance, ni la improvisación del primero con los arreglos medidos y carnosos de éste. En realidad, Moondance es la definitiva puesta al día de su devoción por el soul, el jazz y el r’n’b, las músicas que dieron forma a un estilo único que aquí alcanza tempranos momentos de perfección en monumentos como «Caravan» o «Into The Mystic». ¿La respuesta? Uhmm, depende del día.

His Band and the Street Choir (1970)

Salió tan cerca de Moondance, y el estilo es tan similar, que siempre aparece como un disco menor, y aunque es cierto que le falta la altura intocable de su predecesor, desprende una alegría, un fervor rítmico como pocos en el catálogo del viejo gruñón de Belfast. Ahí están «Domino», vibrante pelotazo de soul directo a las listas, el funk peleón de «I’ve Been Working» o el efusivo r’n’b de «Call Me Up In Dreamland». Por lo demás, estaba enamorado y se notaba, la feliz vida en pareja con su musa Janet Planet se reflejaba en cositas tan vacilonas como «Give Me A Kiss», en la esquiva «I’ll Be Your Lover Too» o en «Gypsy Queen», una miniatura acunada por una celesta deliciosa y cantada en falsete que recuerda a un Curtis Mayfield hippy.

Tupelo Honey (1971)

Otro de esos discos menores de la primera mitad de los 70 por los que otros darían un brazo y al que los años sientan de maravilla. Instalado en San Francisco, acompañado por nuevos músicos, George Ivan se saca de la manga una primorosa colección de canciones de cierto aire country que celebraban la vida familiar, la tranquilidad rural de Woodstock y el amor por una mujer que ya empezaba a cansarse de su vida de ermitaño. California también trajo un sonido más pulido, menos arriesgado, pero su voz sigue poniendo el fuego y la pasión. «Wild Night» le dio el éxito que la compañía reclamaba, aunque el nuevo clásico es «Tupelo Honey», siete minutos mágicos de devoción amorosa exprimidos por una voz en estado de gracia.

Saint Dominic’s Preview (1971)

Abre «Jackie Wilson Said» y cierra «Almost Independence Day», opuestas pero complementarias, el yin y el yang morrisoniano, soul efusivo e improvisado monólogo interior, quizá buscando la mediana entre Astral Weeks y Moondance. En medio, «Saint Dominic’s Preview», una plegaria emocionante, también confusa, nostálgica de una patria bañada en sangre, el Belfast de los Troubles y, sobre todo, uno de los momentos más definitorios de su carrera, la búsqueda interior de una fuerza imparable, de una fiera íntima incontrolable que nunca había quedado plasmada de manera tan fiel como en los once titánicos minutos de «Listen To The Lion», progresivamente despojada de palabras que puedan expresarla, sustituidas por gritos, sonidos inconexos, rugidos en pos de una tierra inexplorada.

Veedon Fleece (1974)

Morrison desmantela la Caledonia Soul Orchestra y vuelve a Irlanda a recargar pilas. El viaje produce un manojo de canciones que graba de vuelta en San Francisco. El tono austero, nocturno, el estilo improvisado, hacen pensar en un retorno al espíritu de Astral Weeks. No hay estribillos y la atmósfera es tan impenetrable que hubo de volver al estudio para grabar «Bulbs», un country rock trotón que la compañía pudiera utilizar como single, el único momento que rompe el tempo pausado de unas canciones que parecen suspendidas en el aire. De nuevo la búsqueda de lo inefable, antes Caledonia, ahora un Veedon Fleece del que nadie sabe nada, ni siquiera el propio Morrison, siempre inventando nombres para lo innombrable. No es un disco de acceso fácil, pero la recompensa es enorme.

Into the Music (1979)

Tras el silencio que siguió a Veedon Fleece, un par de años largos de pruebas y grabaciones sin repercusión pública, Morrison reaparece con un par de buenos discos, A Period of Transition y Wavelenght, que sin embargo palidecen comparados con la magia de la primera mitad de década. La recuperación total llegaría con Into The Music, inmaculado repertorio de canciones directas, eufóricas por momentos, en las que su particular e intransferible amalgama de folk y soul suena pletórica, con un júbilo poco habitual, quizá su última obra maestra. Las más concisas se agrupan en una cara A perfecta, más íntimo el otro lado. Ahí, hacia el final, se esconde la majestuosa «And the Healing Has Begun», ocho exultantes minutos de pasión curativa a la altura de lo mejor de su obra.

No Guru, no Method, no Teacher (1986)

No fueron buenos tiempos para los viejos trovadores. Van Morrison pasó por los 80 con discreción, afortunadamente ajeno a cualquier intento de actualización de su sonido. Ya no hay fuego, pero las brasas siguen ardiendo, más serenas, menos impetuosas, en discos discretos y agradables. No Guru, no Method, no Teacher supuso una recuperación en toda regla. La vuelta de Jeff Labes lo aleja de las deshuesadas producciones de sus inmediatos predecesores y suena más natural, más cercano a su esencia. Además, supone una ruptura con los guías espirituales que lo atrajeron a mediados de década, definitiva en la panteísta «In the Garden», aunque la eterna búsqueda de paraísos inmateriales sigue dando frutos tan jugosos como «Tir Na Nog» o «A Town Called Paradise».

The Healing Game (1997)

El empeño casi funcionarial que se ha ido adueñando de nuestro ceñudo irlandés, porfiando en grabar discos casi año por año aunque la inspiración brille por su ausencia, hace difícil destacar algo a la altura de su leyenda en los últimos veinte años. Uno tiene un cariño especial por el intranscendente pero simpático Days like this, aunque quizá el último disco de Morrison que nos remueve por dentro sea The Healing Game. Aquí todavía parece que bajo la calma y el sosiego la sangre bulle, aunque sea a fuego lento, en el dios vengativo de «Rough God Goes Riding», el embeleso céltico de «Piper at the Gates of Dawn» y sobre todo en la canción titular, emotivo crescendo en el que cantando a lo de siempre recupera una pasión que parecía perdida.

 

Texto: Carlos Rego

 

 

4 Comments

  1. Buena selección, igual hubiera incluido ‘Hymns to the Silence’ (1991). Un saludo.

  2. Astral weeks con diferencia es lo mejor que Van han creado nunca

  3. Difícil tarea. Mi canción preferida no está en ninguno de la lista. Summertime….

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