Vivos — 2 marzo, 2017 at 12:16

Rebeca Jiménez – Teatro Barceló (Madrid)

 

Ante un público absolutamente heterogéneo y en una sala que sigue rechinando a brillantina del fin de semana anterior, Rebeca Jiménez se presentó en sociedad después de haber publicado un delicioso disco llamado “Tormenta y Mezcal”. Vistiendo sombrero de ala ancha y anteponiendo un teclado entre ella y el público (al más puro estilo calamariano) comenzó con “Aventura Americana”, dejando claras sus influencias de siempre. La hemos escuchado en diferentes ocasiones decir que su máximo referente es la inigualable Lucinda Williams y parece que la segoviana va aproximándose peligrosamente a la diosa de Luisiana.

 

Durante la actuación hubo referencias constantes al país que le ha servido de inspiración para su último trabajo: México. Nos propone brindar sin compasión por la música y la vida para interpretar el tema que da título al disco y, acto seguido, nos sumerge magistralmente en el cancionero popular con “Llorona”. Rebeca está pletórica y tiene ganas de bailar rock and roll. Se mete entre el público al más puro estilo Matt Berninger y dedica dos canciones a su amado (un tal Jaime), al que en ese momento muchos odiamos con tremenda energía cuando ella canta eso de “llevo años buscando respuestas, solo me persigue una obsesión” y parece ser él, y no nosotros, el afortunado que ha presionado la tecla acertada.

Jiménez se deshace en elogios y agradecimientos con sus músicos. Son viejos conocidos del rock patrio. Nombres como Jacob Reguillón o Tony Jurado siguen provocándonos estremecimiento cuando los escuchamos y vemos sobre el escenario. Ellos han sido partícipes de la generación del rock en castellano con la que muchos crecimos y ahora entendemos que, al final, todo encaja y que no podían estar tocando con nadie que no fuera Rebeca Jiménez. Rebeca, nos vemos en los bares y, esta vez sí, brindando con mezcal. Salud.

Texto: Pepe Maza

Foto: Juan Pérez Fajardo

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