Vivos — 28 julio, 2016 at 19:23

St Paul & The Broken Bones – Teatro Barceló (Madrid)

ST PAUL & THE BROKEN BONES 4 David Pérez

Todos huimos del huracán, pero ha llegado uno desde Alabama a Madrid del que nadie puede ni quiere escapar. Paul Janeway es una fuerza de la naturaleza que nos lleva por delante nada más salir (tras la instrumental “Take the ticket and ride”), lanzándose al vacío con “Don’t mean a thing”. Canta como si fuera su último día en la tierra y rezuma pasión y carisma por cada poro de su piel. En estos tiempos donde se intenta adornar artificialmente el producto, St Paul y sus Broken Bones pisan el acelerador en directo hasta romperlo, sudando verdad en cada interpretación. El baile sigue con aura de misa gospel, entre lo terrenal y lo divino, con “Sugar dyed” y una muy funky y sorprendente “I’ve been working”, durante la que seguro se le van los pies, allí donde esté, al mismísimo Van Morrison.

Nos regalan un puñado de nuevas canciones, como “Waves”, “I’ll be your woman”, el single “All I ever wonder” y “Sanctify”, en las que apreciamos más ritmo y matices que en su predecesoras (pero la misma fuerza) y una sesión de vientos muy marcada. Nos frotamos las manos a la espera de que “Sea of noise”, su esperadísimo segundo LP, vea la luz el próximo 9 de Septiembre.

El público está totalmente entregado, vibra con cada movimiento de cadera o carrera de un St Paul que no para quieto ni un instante, tan sólo cuando se tira por los suelos para volver a resucitar con más energía que nunca. Parece haber metido su alma en una coctelera junto a la de James Brown, Ottis Redding, Sam Cooke y Wilson Pickett. La banda al completo gira alrededor suya y por momentos, también la Tierra.

ST PAUL & THE BROKEN BONES 2 David Pérez“Half the city” suena rompedora y con “Broken bones and the pocket change” se alcanza una de la cimas de la velada, con un Paul que se desgañita y no se desintegra de pura casualidad. Ojos llorosos y bocas abiertas se multiplican en el Teatro Barceló. “Like a mighty river” y una bellísima “Grass is greener” en la que caemos sin oponer resistencia, para luego levantarnos y caer de más alto en la despedida, con una antológica versión del “Make it rain” de Tom Waits.

¿Se puede dar más? Tras la ovación, sale en primera línea un St Paul sonriente y agradecido, que nos anuncia que son tres las balas que les quedan. La resplandeciente “It’s midnight”, en la que se mece hasta la bola de espejos, seguida del “I wan’t you (she’s so heavy)” de los Beatles, que es coreada por toda la sala. Va tan al límite con sus cuerdas vocales que nos invade la inquietud cuando imaginamos que tras él, al abandonar el escenario definitivamente, nos ahogamos en un silencio insoportable. Pero no, termina el show y, mientras desandamos los 600 kilómetros de vuelta a casa, el eco de esa última y explosiva “Call me”, nos alumbra la carretera, encendiendo la mecha de un verano que arde al son del soul más auténtico.

El santo Paul ha vuelto a hacer el milagro, golpeando los talones de sus zapatos de rubís de colores, con los huesos rotos de felicidad, nos ha demostrado una vez más, que no hay lugar como la música. Volveremos, claro que volveremos.

 

Texto y fotos: David Pérez

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