Papel

Manuel Jabois – Mirafiori (Alfaguara, 2023)

 

 

“Tendré ganas de verla, muchas, pero no tantas de estar con ella”.

Manuel Jabois aborda el desgaste y el vaivén de una relación longeva, en la que crecen los silencios evitadores y donde se secan preguntas. La narración cuestiona la forma de asumir en una relación ciertas dinámicas, al igual que se hace con la belleza diaria, por sentada, siendo esta complacencia un error, pese a cimentarse en la creencia de “que el amor es eso: fabricar la confianza en laque se puede contar todo”, y aunque en las relaciones existan desencuentros. Es el envenenamiento silencioso en la trayectoria de la relación, más allá de lo carnal y la inercia que tenga, y aún funcionando, lo que hace que esa llegue al ocaso.

 

Para exponer esto alterna recuerdos, como parte de la explicación de los personajes y para establecer el punto de inicio común donde empieza su relación. Los protagonistas, moldeados entre el desarrollo de su madurez, mientras el tiempo les despoja de su juventud e inocencia, y las circunstancias de su entorno: la enfermedad y la muerte, establecen unas personalidades que, como es lógico, mutan. Este juego de las perspectivas, el cambio en la forma de ser de los protagonistas, en su manera de ver y pensar las relaciones y, por ende, la realidad, establece la extraña convivencia entre el amor y el dolor y la forma que tienen de necesitarse.

La escritura de Jabois combina una ternura no-cursi con fraseas más vulgares o brutas, estableciendo un equilibrio en el ritmo y no resultando una novela empalagosa o aburrida. Por momentos recuerda a Loriga, cuando combina los mantras, como «todo pasa por algo» o «el dinero no da la felicidad», a lo largo de la historia, con ese traer escenas y descripciones varias veces entre los capítulos, cambiando el enfoque de la narración y con metáforas y comparaciones lapidarias usando los elementos cotidianos; así como el juego entre el inicio y el epílogo. Todo para mostrar el despecho del narrador en el papel de hombre instalado en el demérito, el miedo y el sentimiento de fracaso ante su pareja (actriz de éxito), haciendo valer la sentencia “nunca se quiere a alguien del todo”, y llevando a infringir un daño psicológico, en especial con la sospecha, cobrando especial fuerza la frase: “porque al final de todo, incluso de la vida, siempre asoma la sombra de un traidor.”

Es, quizá, la lógica lo que nos enloquece.

 

Texto: David Vázquez

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