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El Columpio Asesino – Lula Club (Madrid)

 

Con el concierto de La Bien Querida en marzo, Lula Club, bonito emplazamiento que servidor desconocía, iniciaba una nueva etapa en la que se programan conciertos de (hasta ahora) grandes nombres del indie rock patrio. Una iniciativa golosa que de momento ha tenido buena acogida, a pesar de los precios prohibitivos en barra (lo del coste de la vida lo dejaremos para otra ocasión y foro).

Con «Ataque Celeste» daba inicio lo que sería un intenso aquelarre kraut-indie. Una ceremoniosa misa negra donde (y he ahí una de las principales cualidades de los pamplonicas) la luz entraba en el momento que más falta hacía.

ECA se mueven con maestría en ambientes tensos, lúgubres; propulsados por un sempiterno ritmo Motorik, o interesantes y creativos patrones rítmicos que salen de las baquetas de Albaro Arizaleta. Cristina Martínez, por su parte, aporta el elemento más pop. Por su timbre vocal, agradable y natural, pero también por su amabilidad y simpatía.

Saben a lo que juegan, cómo llevar a cabo su plan y qué rol gregario asume cada miembro de la banda, oxigenando las canciones, para después explosionar catárticamente cuando es menester. Esa sería, a grandes rasgos, la fórmula de los navarros. Una fórmula que funciona la perfección y que sigue creciendo y sumando matices. No en vano, Ataque Celeste (2020) sea probablemente su mejor disco hasta la fecha, tras cinco elepés previos. Signo inequívoco éste, de que no han parado de crecer y evolucionar.

Del citado álbum despacharon, entre otras, «Preparada», una de las canciones más redondas y pop de su repertorio, así como «Sirenas de mediodía»; tensa, adictiva. También dieron buena cuenta de álbumes ya clásicos, como Ballenas muertas en San Sebastián o Diamantes e, incluso, como es habitual en sus bises, hubo espacio para revisitar fugazmente sus dos primeros álbumes, incluida su adaptación de «Vamos», de Pixies.

También acometieron «La Niña Chica», reciente single en el que coquetean con Death in Vegas, otro de los proyectos con los que comparten algo más que afinidad. Un nuevo hit que añadir a su amplia paleta.

ECA tienen la capacidad de hacer que una audiencia, en su mayoría, eminentemente indie, cante al unísono letras sórdidas a través de melodías casi habladas. Canciones, además, envueltas en una gruesa dermis de sintetizadores, samples, ritmos repetitivos y una tensión asfixiante.

Es decir, sirviéndose de un cóctel, en términos comerciales, aparentemente suicida, tocan la fibra de miles de fans del mismo modo que lo logran un sinfín de artistas indies nacionales, con propuestas mucho más amables o adocenadas. Tiene mérito.

Por eso son únicos en su especie. En este momento, a dos años vista de su última publicación en largo, deben estar rumiando como dar una nueva vuelta de tuerca a su sonido, su método compositivo, etcétera, no vaya a ser que se o nos acomoden o aburran.

 

Texto y fotos: Daniel González

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