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Blaze Foley, viviendo en una casa en un árbol

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Aprovechando el estreno hoy de Blaze, la película dirigida por Ethan Hawke sobre la figura de Blaze Foley, recuperamos este artículo que le dedicábamos al músico en nuetsro ya lejano número 305, firmado por Eduardo Izquierdo.

 

 

Hablar de Blaze Foley es hacerlo de honestidad. De actitud. De una manera especial de entender la vida. Un auténtico kamikaze con un aura que era capaz de destruir todo lo que le rodeaba mientras paralelamente construía hermosas canciones. En una dicotomía constante. Una eterna contradicción. Y dado que hablar con Blaze era imposible, al menos para nosotros,  quisimos que Gurf Morlix, quizá el mejor amigo del bueno de Blaze, nos hiciera de cicerone en un trayecto por su vida. Aprovechando la edición hace dos años de su disco de tributo a su compañero, Blaze Foley’s 113th Wet Dream, y el final de la gira de presentación del mismo para centrarse en su nuevo trabajo, nos acercamos con la mejor compañía posible a una existencia marcada por unas botas camperas, una barba, una guitarra y un montón de cinta adhesiva. Una vida que acabó demasiado pronto. La de Michael David Fuller, nacido en 1949 y abatido a tiros en 1989 en un capítulo que resume su personalidad. Foley había decidido presentarse en casa de un viejo con el que compartía copas en el bar cercano a su última residencia para pedirle al hijo de éste que no pegara más al anciano. La disputa acabó con un tiro en el pecho de uno de los compositores de canciones más emocionantes de la música americana.

 

Billete para viajar

 

(Me gustaría quedarme, pero voy a tener que empezar de nuevo, podría volver a Texas, a un lugar en el que nunca he estado, y levantarme por la mañana y salir por la noche. «Clay Pigeons»)

 

 

Resultado de imagen de blaze foley ticket to rideConocí a Blaze en 1976 o 1977, en Austin. Se acercó a mí porque quería que le enseñara una guitarra después de un concierto. Hablé con él en el descanso y descubrí que me gustaba. Me dijo que iba a hacer su primer show en Austin muy pronto. Me pidió que fuera y llevara a algunas personas.  Lo hice y me enamoré de sus canciones. Nos llevábamos muy bien, y dado que era un tipo sin hogar y yo sí tenía casa, dormía frecuentemente en mi sofá”. Así define Morlix su primer encuentro.

 

Foley había sido miembro de una de las bandas familiares que tanto han abundado en la música country, en este caso, la Fuller Family junto a su madre, su hermano y sus dos hermanas. El grupo, como no, se inclina por un sonido country góspel que será de vital importancia en el aprendizaje de Blaze. Esa manera de contar las cosas iba a influir, de forma irremediable en su forma de entender la composición. La realidad iba a ser su principal fuente de inspiración y su experiencia la mecha que prendiera la hoguera. Poco tarda el joven Fuller en dejar el grupo familiar y cambiar su nombre. Para hacerlo toma el nombre de la stripper Blaze Starr y el apellido de la leyenda del country Red Foley (que hizo famosas, entre otros temas como «Peace In The Valley»). Blaze incluso solía bromear asegurando ser hijo de Red. Ese era el sentido del humor de Foley. Un tipo que no duda en convertir en canciones casi humorísticas aspectos como vivir con su chica en una casa construida encima de un árbol («Living In The Woods In a Tree»). Un hombre aparentemente feliz con lo poco que le daba la vida.

 

Nunca he conocido a nadie como él. El tipo con más clase de todos los tiempos. Sé que no ha habido ni habrá nadie así. Era un gran compositor y una persona muy apasionada. Tenía sus problemas, como todo el mundo, pero nunca he visto a nadie afrontar la verdad como lo hacía él. Poseía un increíble sentido de la justicia y un código de honor que mantenía por encima de cualquier cosa”. Así era Blaze, pero había un lunar en su personalidad. “El problema es que cambiaba cuando estaba borracho, y eso sucedía a menudo. Si lo encontrabas en el momento adecuado lo amabas profundamente, pero si no, podía llegar a atemorizarte”. Efectivamente, Foley era, a todas luces un borracho. Una persona con unos problemas incontrolables con el alcohol a los que unía adicciones menos frecuentes a diversos tipos de drogas. Su amistad con Townes Van Zandt tampoco ayudaba demasiado.  “Blaze y Townes se reunían para componer y beber juntos. Creo que se hicieron buenos amigos pero también se pasaron las malas influencias de uno a otro. Había cosas buenas, claro, pero la gente sólo recuerda esas malas cosas. Townes, desde luego está al nivel de  cualquiera que te puedas imaginar. Era un verdadero poeta. No estoy seguro de si era el músico de raíces más importante, pero sí era el mejor compositor. Quizá hay gente tan buena como él, pero no mejores.”.

 

Un mundo frío

 

(Lo he intentado durante mucho tiempo, pero creo que no puedo ganar. Lo haría todo mejor si ganara algo, pero dondequiera que vaya.., acabo siempre en el mismo lugar. Es un mundo frío, frío. «Cold, Cold World»)

 

Sin saber muy bien como, Blaze consigue grabar un disco, pero iniciando su largo historial de desgracias, la cosa no iba a acabar bien, básicamente por la desconfianza del músico hacia la industria discográfica. “Era Cold,  Cold World y es uno de mis favoritos. Hubiera sido su primer disco. El máster de las cintas lo robaron de la parte trasera de un coche que estaba conduciendo Blaze. Nunca debió haber sacado las cintas del estudio, pero lo hizo. Seguro que acabaron en un contenedor de basura a los 30 segundas, cuando el ladrón se dio cuenta de que no valían nada para él. Años después apareció una copia de las mezclas algo más sucia y se editó. A pesar de eso, sigue siendo mi disco favorito de Blaze”.  Esa era su forma de ser. Arriesgado. Incomprensible.  Un simple capricho que acaba con su primer disco fuera de circulación. “Creo que él mismo se construyó su mala suerte, de alguna manera. Cada vez que algo bueno parecía empezar encontraba la manera de gestionarlo hacia el fracaso”. Y así se construye el mito. Alrededor de esa permanente mala suerte, de esa oscura vitalidad y de las peculiaridades obsesiones de un músico con olor a pólvora recién disparada. “Empezó a obsesionarse con la cinta adhesiva cuando Blaze y yo vivíamos en Houston y hacíamos shows allí. Debía ser entre 1978 y 1981. Había una película llamada Urban Cowboy, de John Travolta, que se acababa de estrenar. Fue un gran éxito y la gente de las grandes ciudades empezó a comprar ropa vaquera para vestir como en la película. Se gastaban mucho dinero. Blaze, que siempre llevaba cosas rotas, pensó que era ridículo que la gente se gastara esas cantidades de dinero en camisas o punteras de plata para sus botas. Así que utilizó cinta adhesiva, que era más barata para decorar sus botas o arreglar sus camisas. Pensó que la cinta adhesiva podía dar el pego como si fuera plata. A partir de ahí empezó a usarla cada vez más hasta obsesionarse con ella. Era su forma de ir a la moda”. Una moda que parecía bien alejada de los parámetros vitales de Foley.

 

Resultado de imagen de blaze foley ticket to rideMorlix prosigue. “Blaze grabó un disco fantástico en Muscle Shoals, Alabama, en los 80. Me consiguió un billete de avión y volé desde Los Ángeles para grabar con él. El disco lo pagaba un amigo de Blaze de Georgia. Lo acabamos y fabricamos los vinilos”. Parecía que todo iba bien, esta vez, pero, de nuevo la tostada iba a caer por el lado de la mantequilla. “Blaze tenía como unos 100 encima, pero antes de que pudieran ponerse a la venta, la persona que pagaba el disco fue detenido por el FBI por un tema de tráfico de drogas y le confiscaron todos sus bienes, incluidos los vinilos. Blaze acabó regalando todos los que tenía a cambio de bebida en los bares. A veces veo alguna copia por eBay a precios increíbles”.

 

A pesar de eso, Foley no se desanima y consigue grabar otro disco, Girls Scout Cookies. “Cuando estaban hechas todas las copias, de forma casi manual, desvalijaron la caravana en la que vivía Blaze y se llevaron todos los ejemplares”.  Así que Foley no consiguió ver editado un disco suyo en vida. “Es verdad. Iba a sacar Live At Austin Outhouse en casette cuando fue asesinado”.

 

Si pudiera volar

 

(Me gustaría saber qué camino tomar. Me siento tan bien y después tan mal. Me pregunto qué debo hacer. «If I Could Only Fly»)

 

Algo debía salir bien en la vida de Blaze y parece que la elección de «If I Could Only Fly» para convertirse en un single conjunto de Merle Haggard y Willie Nelson era su golpe de suerte definitivo. “Merle Haggard y Willie Nelson hicieron una versión de la canción pero los echaron de su compañía en plena campaña de promoción, así que no fue como debía. Eso sí,  Blaze recibió un buen cheque de royalties antes de morir”. A pesar del aparente nuevo infortunio, Blaze ya está situado en el mapa, cosa que le permite compartir escenario con Calvin Russell o Lucinda Williams y, sobre todo, ser contratado para realizar una gira junto a su amigo y ya reconocido Townes Van Zandt.

 

Pero el destino le guardaba su último y definitivo giro. “Fue algo duro y cruel. Era un tipo que cuando tenía un dólar se lo daba al primero que lo necesitaba. Un soñador. Murió por defender a un amigo y eso lo dice todo”. La última vuelta de tuerca de la suerte hizo que su asesino quedara en libertad por falta de pruebas. No hubo tiempo para más. Foley murió sin poder entrar en una tienda para ver un disco suyo en una estantería. Simple Twist of Fate, que diría Dylan. Se iba un excelente músico al que sólo sus amigos iban a echar de menos. Pasando, de manera casi inconcebible, con más pena qué gloria por un mundo que nunca pareció estar dispuesto a jugar en su bando. Ni siquiera cuando vivía en una casa encima de un árbol, junto a su chica, fue capaz de ser completamente feliz. La fortuna le fue esquiva, pero tampoco supo agarrarse a ella cuando su brisa le rozaba su maltrecha cara. Quizá que 23 años después de su muerte estemos hablando de él sea su máxima victoria. Para los que le querían, al menos, lo es.

 

Un montón de amigos

 

(Quiero tener un ángel de mujer con grandes ojos azules, y amigos en todo el país y corbatas viejas. «Big Cheese Burguers And Good French Fries»)

 

Llevo queriendo hacer un disco de canciones de Blaze desde que fue asesinado en 1989. Intenté organizar un disco de tributo varias veces pero no es fácil hacer ese tipo de cosas. Alrededor del año 2000, Kevin Triplett empezó a trabajar en un documental sobre Blaze. Me entrevistó por eso varias veces y nos hicimos amigos. Ha estado 12 años haciendo la película y pude ver varias versiones de ella. Cada vez era mejor. Hace un par de años me di cuenta de que estaba a punto de acabarla. Entonces decidí que era el momento de completarlo con mi homenaje a Blaze”. Así explica Gurf Morlix los orígenes de Dutch Tape Messiah, el excelente documental de Kevin Triplett que se estrenaba en la edición del In-Edit Festival de 2011 (“es fantástica, genial. Capta perfectamente la personalidad de Blaze”) y de Blaze Foley’s 113th Wet Dream.Es el título de una de las canciones de Blaze y al estar su nombre incluido evitaba tener que poner un subtítulo al disco. Escogí las canciones que me gustaban, evidentemente. Hay otras que también me gustan pero opté por escoger las que tenían un mayor significado para mí. Había tocado esas canciones cientos de veces con Blaze y las conocía bien.”. A eso se le une la edición en 2008 de Living In The Woods In A Tree . Remembering Blaze Foley, biografía a cargo de Sybil Rose. “Es una pena que Blaze no tuviera el éxito que merecía. Tocó en pocas ciudades y apenas lo conocían sus amigos. Me gustaría que hoy estuviera aquí y viera como la gente ama sus canciones”. Razón no le falta a Gurf, pero lo bueno de músicos como Foley, que te dejan con esa sensación de haber desaparecido demasiado pronto, de haberse ido cuando su momento aún no había llegado, es poder contar con su legado. Grandes canciones que transitan por nuestras venas para convertirse en compañeras de efímeros momentos. Adalides de la memoria. Trozos de vida escondidos en apenas cuatro acordes. Palabras que fluyen aterciopeladas en la voz de un grande. Para siempre, por si no había quedado claro.

 

(Ojos azules. Me dijo que tenía unos bonitos ojos azules y quiere verme otra vez. Ella es una agradable sorpresa. Mi corazón, ella tiene mi corazón en sus manos. Ella no lo sabe, pero le muestro que tiene mi corazón en sus manos. Oh, amor, no hay anda como él alrededor. «Oooh Love»)


Eduardo Izquierdo

 

 

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