Rutas Inéditas

dEUS, analizamos The Ideal Crash antes de su concierto en La Riviera

Los belgas dEUS conmemoran 20 años de The Ideal Crash y lo hacen con una gira donde revisitan el disco que, concebido en Andalucía, marcó un antes y un después en su trayectoria. La única oportunidad de soplar velas con Barman, Janzoons y cía. en España tendrá lugar en la madrileña Riviera, el próximo viernes día 26 de abril. Antes de salir corriendo a por las entradas, repasamos las circunstancias de aquella obra.

WORST CASE SCENARIO

Los dEUS de 1999 poco tenían que ver con los que, en 1994, alcanzaban disco de oro de su debut en su Bélgica natal. Y es que, en un lustro, el súbito despegue de Worst Case Scenario acabaría por deshojar la idílica hermandad capitaneada por Tom Barman y Stef Kamil Carlens, siameses —era frecuente verlos cogidos de la mano— desde que el primero se ligara a la hermana del segundo a principios de los 90. Aquel inopinado debut ponía en esfera a una banda ya curtida, con varias giras a sus espaldas tocando a cambio de priba por el sur de Europa. El momento no podía ser más oportuno pues, además de la estridencia avant-garde de los Velvet, Tom Waits o Captain Beefheart, poseía la recia sonoridad grunge. Como extra, su singular concentrado noisefolk olía irresistiblemente a Europa.

La prensa no tardó en agasajarlos y la MTV les proporcionó un escaparate inesperado. Las ventas se dispararon hasta los 70.000 ejemplares, lo que se tradujo en kms: 110 conciertos en un año, con paradas en el Astoria londinense y Reading. Canciones como «Suds & Soda», «VIA» o «Shake Your Hip», con los radiocasettes al máximo, ponían a prueba la paciencia de nuestros vecinos, mientras baladas como «Hotellounge», con el ampli de Rudy Trouvé en llamas, o «Secret Hell», ejercían de contrapunto con la dosis justa de melodrama. Qué tiempos.

IN A BAR UNDER THE SEA

En 1995 la banda editó un extaño EP (13 pistas en 25 minutos) titulado My Sister = my Clock, de tibia acogida. Barman, siempre enemigo de la discreción, criticó a Island por no promocionar el artefacto. Un año después, en septiembre, lanzaron su 2º álbum, el inefable In a Bar, under the Sea, con Eric Drew Feldman (Captain Beefheart, Pere Ubu) tras la mesa, multiplicando las bonanzas del refrito WCS, cruzando el indie-rock de Pavement con el delirio de los Mothers of Invention. El guitarrista Trouvé, que aportaba la capacidad evocadora del jazz y el perfil bohemio, se bajó del barco antes de dicha publicación tras un show en Milán. En su opinión la prensa les convirtió en the next big thing y las proporciones de su éxito eran un espejismo. Antes de largarse propuso como sustituto al escocés Craig Ward, sabedor de sus cualidades en la banda Kiss My Jazz. Ward cambió su rol de profesor de Filosofía por estar en la banda de mayor éxito de Bélgica. Junto al multiinstrumentista Klass Jansoons —su violín marcó el sonido inicial de dEUS—, se convertiría en mano derecha de Barman, pues Carlens acabaría siguiendo los pasos de Trouvé y, antes de finalizar 1996, abandonaría aludiendo necesitar espacio para otros proyectos. Le reemplazó Danny Mommens.

Pese a incrementar ventas (130.000 en 3 años) y fechas (¡160 shows! por 4 continentes), actuando por 1ª vez en USA, la banda no acaba de despegar y sus audiencias no superan el aforo medio. Eso sí, la extenuante gira de 1997, provistos de etílico backline, les llevó a telonear a Placebo, Morphine (el saxo de Dana Colley ya se coló en «Supermarket song») y Blur.

EXILIO ANDALUZ

1998 obligó a reconstruir piezas. El quinteto se exilió en busca de inspiración al hotel-estudio Enfrente Arte, situado en Ronda (Málaga) y propiedad del manager Filip Eyckmans. La intención era dar forma a unas demos pero finalmente decidieron quedarse por 6 meses y completar el proceso íntegro en tan idílico retiro y añadir overdubs en San Pedro de Alcántara y Bruselas.

Lo que parecían unas placenteras sesiones en un entorno vacacional, se convirtieron en una encrucijada compositiva para unos Barman y Ward que apenas se dirigían la palabra. Ambos ejercían su liderazgo en direcciones opuestas, tensando una cuerda que años más tarde acabaría por romperse. Las fricciones entre componentes dieron lugar a una absoluta falta de comunicación, originando una fragmentada y heterodoxa rutina de trabajo. Así, no era extraño que si el batera Jules de Borgher, por ejemplo, volvía tras un par de días flotando en la piscina del hotel para mejorar una toma de batería ya registrada, se topara con una canción totalmente modificada, irreconocible.

El enrarecido ambiente acabaría calando en unas partituras oscuras cuya traslación inicial a las cintas fue calamitosa. Las sesiones se convirtieron en una tortura para una banda que apenas sabía lo que era grabar con guías o claquetas. Antes de que la sangre llegara al arroyo Guadalevín, se impuso la necesidad de un interventor externo. El elegido: David Bottrill, ingeniero con horas de experiencia junto a Daniel Lanois. Su clarividencia diluyó el embotamiento en que los belgas estaban inmersos.

THE IDEAL CRASH

Suenan unas cuerdas y un banjo sintetizado nos habla de esa satisfacción romántica, con la felicidad en el horizonte, donde uno puede permitirse bailar con sus adicciones. Irrumpe el afilado solo de guitarra y una nube negra se cierne sobre nuestras cabezas. El 22 de febrero de 1999 se adelantó «Instant Street» en acortada versión radio-edit. Sus 6 minutos obligaron a podar un crescendo final cuya progresión acabó trasquilada.

La principal virtud de The Ideal Crash, de intacto vigor reescuchado hoy, reside en su equilibrada secuencia. De un lado canciones paranoicas como «Put The Freaks Up Front», «Let’s See Who Goes Down First» o «Everybody’s Weird», y del otro la emotividad de «Sister Dew», «The Magic Hour» o «Magdalena». Y es que, si con la marcha de Trouvé y Carlens se fueron el componente arty y europeísta, la locura y caos, con The Ideal se establecería un nuevo estándar de canción, más enfocado, alcanzando máximas cotas de popularidad. El tándem Barman-Ward logró vivificar al animal secando las heridas con que el éxito había socavado su íntima parcela, a tiempo para ser expuestas a la luz.

La piel se eriza al caer la aguja sobre la punzante «Put The Freaks Up Front», donde las oscuras complejidades del sexo son canalizadas a base de feedback. En «Sister Dew» (2º single, mayo de 1999) el protagonista atraviesa distintas fases —bien, justificación y mal—, mientras pregunta «Oh, mi dulce hermana, Rocío, ¿qué he hecho?”, asumiendo que acaba de asesinar a su amada. La narración herida de «One Advice, Space» se prolonga hasta «The Magic Hour», donde de nuevo aflicción y dolor son protagonistas: «Extendí mi mano como si ella nunca la hubiera apartado”.

El 3º single «The Ideal Crash», es una compleja pieza —resultó imposible de interpretar en vivo— donde vuelven los recurrentes impulsos violentos: “¿Cómo puede un hombre matar con suavidad?”, para confirmar en la frenética «Everybody’s Weird» la obsesión homicida: «Te mataré si debo hacerlo, te ayudaré si puedo”. Afortunadamente, el fulgor de «Magdalena» y «Dream Sequence #1» corrobora que los chicos no han perdido el norte: “Quiero mudarme a lo nuevo, salir de la nada, salir de la oscuridad”, «Estoy mejorando cada día”.

El aterrizaje del disco en UK se produjo el 5 de marzo de 1999, 10 días antes de llegar al resto de Europa. En Bélgica alcanzó el número 2 y disco de oro –más de 30.000 unidades— en la primera semana, mientras que en la segunda ya había despachado 110.000 copias. Pese a adquirir inmediato estatus de clásico en zonas como el Benelux, Island optó por no lanzar el álbum en los USA, cercenando para siempre su potencial expansión.

La consiguiente gira fue la más divertida de todas (120 bolos por Europa y 1 en USA), con bailarines en directo, shows circenses y la adición de Tim Vanhamel como tercer guitarra. Al volver a casa todos tomaron caminos separados y dEUS no volvería a publicar material hasta 2004, a excepción de esa joya premonitoria que fue «Nothing really ends».

Texto: Marce Becerring

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