Rutas Inéditas — 4 octubre, 2018 at 8:17

¡Malditos seáis! Darrell Bath

 

Músicos malditos. Músicos de culto. Músicos a los que sólo conocen cuatro gatos. La atracción por esos artistas cuyos innegables méritos artísticos no reciben la merecida respuesta del público siempre ha estado ahí. El gusto por escarbar en discografías subterráneas y descubrir pequeños tesoros semienterrados es inherente al aficionado al rock menos acomodado.

 

DARRELL BATH: El hombre que siempre estuvo allí

 

Resultado de imagen de darrell bathEterno actor de reparto en el gran escenario del rock británico –londinense para más señas- desde finales de los setenta, la figura de Darrell Bath puede que sea ampliamente desconocida excepto para unos pocos espabilados, pero si echamos un vistazo a su currículum no podemos por menos que quitarnos el sombrero pues a unos pocos esfuerzos en solitario, más bien tardíos pero excelentes, le precede una impresionante hoja de servicios desde los ochenta junto a UK Subs, The Vibrators, The Dogs d’Amour, Ian Hunter, Spike o Nikki Sudden, amén de su propia banda junto a Honest John Plain y docenas de colaboraciones más.

Inquieto, ubicuo e incansable, lo de Darrell es pura filiación a esa estirpe clásica del rocker inglés bohemio y vagabundo siempre dispuesto a prestar su guitarra a los rompecorazones habituales, sentarse a escribir un tema con algún colega y, en su tiempo libre, tocar hasta en el último tugurio donde le dejen enchufar el equipo.

Rastrear sus inicios no es fácil, pero como es de suponer uno acaba en los lugares comunes, esto es, una banda de instituto llamada Social Attack en lo que él mismo definió como “local punk rock street guys” en una reciente entrevista. “Había un chaval, Simon Dumford y sus padres nos dejaban tocar en una habitación que tenían libre. Eran días escolares, y todo el mundo que tenía una guitarra era conocido. El hermano pequeño de Simon tenía una banda mod llamada The French Line. Toqué con él, Steve Keane y Barry Patton en el club juvenil de mi instituto. Tocábamos el «Night Train» de James Brown, «Johnny B.Goode», «Wild Thing» ..tenía un curro los fines de semana pero aún iba a clase. Básicamente mi escolarización terminó cuando cumplí los catorce, aunque nunca he dejado de aprender”.

Pero es a mediados de los ochenta –en 1986 concretamente- cuando, ya con una cierta reputación en el mundillo, su nombre salta a la palestra por primera vez al ser reclutado por los UK Subs con quienes grabaría –acreditado como Darrell Barth- el doce pulgadas Hey Santa! (1987) y los álbumes Japan Today (1987), Mad Cow Fever (1990) y Live in Paris (1990), con un pequeño hiato en 1988 durante el que sería sustituido por Andy McCoy para las sesiones de Killing Time (1989). Casi un lustro junto a los de Charlie Harper, a los que terminaría por abandonar en 1990 para montar su propio combo -e inaugurar al mismo tiempo su década más prolífica- formando sociedad con Honest John Plain, miembro fundador de The Boys y por ende uno de los nombres propios del estallido del 77. Al invento lo llamaron The Crybabys, y con ellos Darrell se sumergió de lleno en esa escena subterránea que en las Islas se había ido alejando paulatinamente del imperdible para abrazar fulares y camisas de pirata, buscando inspiración y amparo en las sagradas escrituras legadas por las muñecas de Nueva York tanto como por Bowie, Stones y Mott The Hoople.

Más o menos activos durante la primera mitad de la década, The Crybabys facturaron una discografía tan errática como reivindicable, inaugurando el casillero con Where Have All The Good Girls Gone (1991), notable esfuerzo de rock canalla con coartada glam del que se extrajeron un par de singles antes de grabar un segundo elepé en junio de ese mismo año que no obstante quedaría inédito durante mucho tiempo. What Kind of Rock’n’Roll? (2003) vería finalmente la luz de la mano de Sanctuary Record Group en un doble CD junto a su debut, pero para entonces los Crybabys eran más que historia. Para completistas queda asimismo un tercer álbum titulado Daily Misery, grabado en Holanda en 1996 pero de nuevo inédito hasta 2002 y entre cuyos surcos encuentra el eventual oyente una de sus mejores canciones, esa «Rock N’ Roll Heart» co-escrita junto a Ian Hunter en las sesiones para su álbum Dirty Laundry en 1994. Pero rebobinemos, pues seguimos a principios de los noventa y Darrell empezaría a pluriemplearse…y de qué manera. Con los Crybabys en barbecho en noviembre del 92 le suena el teléfono y un tal Tyla lo llama para que se una a él en unos Dogs d’Amour que acababan de quedarse sin guitarra tras la marcha de Jo Dog. Dicho y hecho, las seis cuerdas de nuestro hombre quedarán inmortalizadas en el magnífico More Unchartered Heights of Disgrace (1993) y, ya puestos, en el debut en solitario de Tyla, The Life & Times of a Ballad Monger (1994).

Resultado de imagen de darrell bathCulo inquieto como pocos atiende una nueva demanda, en esta ocasión del mencionado Ian Hunter, aportando excelente material propio – «Never Trust A Blonde»,  «Everybody’s A Fool»- y co-escribiendo junto al maestro varios temas tanto para Dirty Laundry (1995) como para el siguiente The Artful Dodger (1996). ¿Demasiado atareado? No para, en el ínterin, sacar tiempo y registrar un estupendo –y olvidadísimo- disco con versiones de viejos blues junto al capataz de los Quireboys titulado Take Out Some Insurance (1995), un casete acreditado a Spike an’ Darrell en una suerte de confianza mutua ante uno de esos proyectos tan pasajeros como entrañables.

Su rastro a partir de entonces y hasta el nuevo milenio no se pierde pero sí se disipa un tanto, espaciando colaboraciones y rumiando montárselo por su cuenta. Antes, no obstante, lo volvemos a encontrar en los surcos de Honest John Plain & Friends, debut en solitario de su camarada -grabado en Gales en 1993 pero no editado hasta 1996- al que contribuye con media docena de temas y ese mismo año, en una efímera formación de los Vibrators en la que apenas durará hasta verano.

Finalmente el año 2000 vería aparecer su primer trabajo solo como tal, una docena de pequeñas joyas engarzadas por el talento y la experiencia bajo el título de Same Old Brand New en las que se hace acompañar por viejos colegas bajo el nombre de Sabre Jet. Una brillante colección que pasa por medios tiempos marca de la casa -«Just Be True», «Never Trust A Blonde» revisitada- y rock’n’roll acelerado -«Rats», «No Justice»- sin olvidar los guiños al viejo Keef -«Something I Can’t Give Away»- o esa «Ramona» llena de vientos a ritmo de vals en un disco al que tal vez se le pueda poner un único pero en la producción, falta de un poco más de músculo. Al mismo tiempo y paralelamente a esta primera y prometedora entrega el sello francés Action Records sacaría al mercado “Rock On” Sessions (2000), un nuevo álbum acreditado a los Crybabys que consistía básicamente en temas grabados en 1995, descartados para las sesiones de Dirty Laundry.

Resultado de imagen de darrell bathCon nuevo material en la calle, animado y de nuevo hiperactivo, Darrell se une al año siguiente a una de las muchas reencarnaciones de Tenpole Tudor, segundas espadas de la primera oleada punk con los cuales giraría y hasta acabaría grabando un nuevo álbum en 2009 titulado Made It This Far. Pero seguimos en 2001, y al esfuerzo de Sabre Jet habría de seguirle un segundo título que revisaría y mejoraría lo ya mostrado en aquel. En Love and Hurt Darrell vuelve a mostrar abiertamente sus cartas ofreciéndonos un cajón de sastre en el que mezcla de nuevo el rock 50’s que siempre le ha inspirado con la tradición embriagada y callejera del glam menos emperifollado; producido por Dave Goodman (la conexión punk, siempre presente de un modo u otro) y con la ayuda de Paul Francis al bajo y el teclista de la Sensational Alex Harvey Band, Hugh McKenna, Love and Hurt alterna ejercicios chispeantes -«So Young, So Wise», «Stop Talkin’ About Money»- y números sosegados-«Sweet Warm Lover», «Don’t Go Wasting My Heart»- para acabar conformando un álbum que, junto con el anterior, deberían formar parte de la cartilla básica del espeleólogo musical en tiempos difíciles. El álbum sería reeditado en 2010 por Angel Air Records con nueva portada y la inclusión de dos bonus tracks, uno de ellos la versión del «Flight 505» con la que Darrell había contribuido en 2003 al disco tributo a los Stones We Love You.

Resultado de imagen de darrell bathEntraría entonces en escena otro bucanero habitual, Nikki Sudden, el cual incorpora a Darrell a filas tanto para los directos como en funciones de sesión para sus discos Treasure Island (2004) y el póstumo The Truth Doesn’t Matter (2006), dos nuevas muescas en la culata de un revólver a esas alturas repleto de ellas.

Las aventuras de nuestro hombre seguirán su habitual curso subterráneo en los años siguientes hasta que en 2012 volvemos a tener noticias suyas. Primero, con su regreso al seno de The Vibrators, con los cuales girará durante más de dos años, apareciendo en los créditos de su disco Punk Mania (Back To The Roots) (2014), y al mismo tiempo siendo contactado por Los Tupper, la irreductible banda cántabra responsable de Sunthunder Records con los que establecerá una amistosa alianza que cristalizará en escenarios compartidos y una nueva y magnífica referencia para el sello en la forma del EP Madame Zodiac (2013), con tres temas nuevos propios y dos versiones de Otis Clay y Dean Martin.

Embarcado en unas fechas junto a The Peckham Cowboys -otros forajidos londinenses merecedores de revisión- y cuando pocos esperábamos un nuevo trabajo en solitario, Darrell se desmarcaría con una tercera referencia en su catálogo particular con Roll Up (2015), para solaz y regocijo de los cuatro gatos que le tienen en mente. ¿Cambios notables? Ni uno, por supuesto. Bajo la alargada y sempiterna sombra de los Stones –escuchen «Dancin’ With The Devil’s Goombah» y me cuentan- y guiñando el ojo en varias ocasiones a los Crybabys, en Roll Up nos reencontramos con ese viejo amigo que tan pronto se pone ligeramente country –«Dirty Rocky Road»- como se calza los botines de Johnny Thunders en los más de siete minutos de «Eye for an Eye», siempre sin perder –eso sí- su propia e indeleble impronta.

Y si inopinado era a priori este nuevo trabajo, no menos inesperada fue la reunión de los Crybabys ese mismo año para dar forma a The Italian Job (2016), un split editado por el sello italiano Area Pirata que cuenta con dos temas de la banda en la cara A -«Scars», remozada versión del tema ya aparecido en Dirty Laundry y «Tell Me (You’re Coming Back)», del debut de los Stones en el 64-. El otro lado del vinilo –limitado a trescientas copias- vendría con otros dos temas firmados por Lester Greenowski, frontman de The Landslide Ladies y bajista en la última gira de Crybabys.

Y todavía degustando ese delicioso artefacto, otra golosina vendría a cosquillearnos la cartera de nuevo de la mano de Sunthunder. Tan cuidada e interesante como todo el resto de su catálogo, la edición del siete pulgadas Greedy Green Eyes (2017), con otro tema propio y una versión del «That World Outside» de Willy DeVille y Doc Pomus en la cara B viene a cerrar momentáneamente una producción en estudio tan notable como necesitada de nuevas referencias y con urgencia. Una necesidad sobre la que, sinceramente, no cabe albergar grandes esperanzas porque si ya en los momentos –digamos- álgidos durante parte de los ochenta y noventa el bueno de Darrell vio sus discos distribuidos de aquella manera o directamente quedarse en el tintero, en la coyuntura actual cuesta pensar que la cosa pueda ir mejor. Lo que está fuera de toda duda es que él seguirá intentándolo, seguirá pisando tablas agarrado a su guitarra y tratará de dar salida a nuevas canciones cada vez que surja la oportunidad. Y lo único que cabe hacer, por nuestra parte, es estar atentos.

 

Eloy Pérez

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