Imagen — 11 julio, 2017 at 8:01

Crudo – Julia Ducournau

Cuando vas a comprar la entrada para ver Crudo, la taquillera te advierte: hay algunas escenas muy duras. Hacen bien en avisar. La película es una salvajada, con los títulos de crédito aún en pantalla te resistes a comentar nada con el de al lado, llegas a casa y no sabes qué poner, cualquier cosa que se te ocurra es una broma en comparación a lo que has visto, ya sea por ligero o irrelevante. Lo único que puedes hacer es irte a la cama y esperar a un nuevo día. Y es curioso, que las primeras lecturas que hice sobre Crudo tenían más que ver con el sexo y lo que ocasiona ser vegano, que con lo que te encuentras luego: el canibalismo como desaforada forma de vida, durante un tiempo esto resiste oculto mientras sigue con su paso enfermizo. Y todo ello, en el marco de una familia, dos hermanas aplicando las mismas teorías que sus padres, no siendo conscientes todavía de dónde proviene el alimento, ese barullo. Para redondear, la llegada de la más joven a la universidad mientras la mayor ya tiene su sitio allí (la crueldad de las novatadas es otro tema de debate), donde curiosamente, ambas estudian veterinaria, dando pie a situaciones más sádicas sí cabe. En Crudo, al menos, hay media docena de escenas muy gores (la del dedo ya quedará para siempre en la historia del cine), que dan sentido al título de la cinta (aunque en Fancia es distinto), y que te plantea, hasta qué punto la educación que reciben algunos jóvenes es la adecuada o no. En esta película triunfadora en Sitges, los actores (y sobre todo las dos protagonistas más el compañero de cuarto), junto al retorcido guión, son el timón de esta locura que tiene ciertas similitudes con La naranja mecánica, Carrie y el cine de Lars Von Trier si en algún momento el director tratara este tema, y como no, con la versión nórdica original de Déjame entrar. Recomendación: tener a mano unas chucherías para digerirla mejor. Bestia, muy bestia.

 

TONI CASTARNADO

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