Discomático — 4 Marzo, 2017 at 10:00

Guerrera – Guerrera (Matapadre)

Conocido el lento proceso de gestación de sus discos, la aparición de la tercera referencia de estos gallegos, encuadrados en la Meta Movida y capaces de provocar seísmos y movimientos de tierra a la que hacen tronar a sus instrumentos, era esperada con verdadero interés. No hay para menos: sus dos obras anteriores aprisionan en sus surcos —conocida su aversión hacia el formato CD— tantas claves por descifrar que faltaba ver si eran capaces de encontrar nuevas ondas expansivas con las que sorprender a sus fieles. Sin olvidar que la bola incandescente de energía que generan en sus conciertos no es fácilmente plasmable en un estudio de grabación. Buenas noticias: se han venido arriba. Es Guerrera, el álbum, un prodigio en sí mismo, una demostración palpable que cuando tienes algo que contar las fronteras y los impedimentos no existen. Cuatro caras de plástico transparente, cuatro piezas que incluyen en su interior subpartes, cambios de ritmo, evocaciones filosóficas o metafísicas, stoner psicotrónico —si en vez de haberse criado en Santiago lo hubieran hecho en el desierto de los Monegros, el efecto sonoro habría sido incontrolable—, rock progresivo con un pie situado en Canterbury y el otro en la Alemania kraut, palabras que estallan como notas y notas que parecen hablarte. Sumergirse en ese agujero negro titulado «Arden Cruces Muertas», en el hipnótico atractivo de «Mecánica Certeza», en las tres partes de «Calixe» o en esa brutal despedida llamada «Abakuá» es toda una experiencia. Y eso no abunda.

ALFRED CRESPO

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