Rutas Inéditas — 16 febrero, 2015 at 17:05

Homenaje Allman Brothers: Eduardo Izquierdo

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Pese a que el capo de la banda, Gregg Allman, ha declarado recientemente que podría ser que la hermandad sureña volviera en un futuro a girar o bien a dar conciertos puntuales nosotros nos quedamos con ese Final Run que ofrecieron en uno de sus locales favoritos, el Beacon Teather de Nueva York, a finales de octubre del 2014. Punto y final para una banda absolutamente seminal e influyente y cuya  importancia dentro de la historia del rock es capital.

Su trayectoria está plagada de hitos convertidos en leyenda, los decesos de Duane y Berry Oakey, las cuentas pendientes entre ellos, el chivatazo de Gregg,  la historia detrás de la portada del At Fillmore East o las trifulcas con Dickey Betts (tan buen guitarrista como complicado personaje) que finalizaron con su expulsión.  El complicado paso por finales de los setenta y los  ochenta y la resurrección artística con Derek Trucks, Warren Haynes y el fallecido Allen Woody culminada con un disco absolutamente magistral, el fantástico Hittin’ the Note, publicado a principios del nuevo siglo.

Desde la redacción rutera  hemos decidido dedicarles este pequeño homenaje en su despedida. Un puñado de textos escritos por algunos de nuestros colaboradores más afines a la causa. Eduardo Izquierdo nos habla de su último disco de estudio, el magnífico Hittin’ the Note (2003). Una grabación a la altura de su leyenda.

Recuerdo pasar por delante del escaparate de la desaparecida Discos Balada, en la calle Pelai de Barcelona. Ninguna de las veces que pasé por delante (y fueron cientos) pude evitar echarle un ojo, cosa que solía acabar, el 90% de las ocasiones con una visita no siempre lo fugaz que hubiera preferido mi tarjeta de crédito. En esta ocasión fue un vinilo de seis tipos con pinta de macarra, sentados en un callejón y mirando a cámara sonriendo lo que me llamó la atención. The Allman Brothers Band At Fillmore East rezaba el título, y a por él me fui.

Porque no, no me cautivó su música, de los Allman lo primero que me llamó la atención fue aquella portada en blanco y negro. Pero después ¿hay mejor forma de entrar en una banda que poner un disco y que suenen seguidas esas excelentes versiones de  «Statesboro Blues» de Blind Willie McTell, «Dome Somebody Wrong» de Elmore James y «Stormy Monday» de T Bone Walker?  Eso es jugar con ventaja amigos. Así te ganas a cualquiera. Por eso sería muy fácil para mí decir que mi disco favorito de los hermanos Allman es aquel directo que me los descubrió, pero es que creo que ese álbum no debe entrar en estos juegos. Por abusón. Es demasiado bueno. Está a demasiados años luz de todos los demás y es una apuesta ganadora y fácil.

No optaré tampoco por una rareza. Ni iré de exquisito diciendo que Brothers on the Road es mi disco favorito del grupo y que solo yo me he dado cuenta. Lo que sí voy a hacer es huir de los clásicos y optaré por Hittin’ the Note como mi preferido y mi elegido para conmemorar este adiós. Al menos mientras escribo estas líneas. Y ahora van los porqués.

Primero porque esa portada cargada de elefantes le encanta a mi hija, y a mí también, y me recuerda esa forma en la que entré en la banda: por el magnetismo de una imagen. Y segundo, y huyendo de aspectos que alguno podría considerar más banales, porque me parece un disco tremendo de principio a fin que llega cuando poco esperaba de los Allman Brothers. Ah, benditas expectativas. Esas que te hunden cuando ansias un disco y que pueden llevarte al cielo cuando has dado un grupo por perdido. Pinchar el «Firing Line» que abre el disco fue como oír música celestial. Malditos cabrones. Lo habían vuelto a hacer. Catorce discos después conseguían volverme a tener con el culo pegado al sillón durante sus once canciones. Fustigarme por haber llegado a tener la osadía de dudar de ellos debía ser el siguiente paso, aunque eso ya son otras historias que quizá no vienen a cuento.

Eduardo Izquierdo

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