Rutas Inéditas — 2 febrero, 2015 at 16:19

Homenaje Allman Brothers Band / Sergio Martos

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Pese a que el capo de la banda, Gregg Allman, ha declarado recientemente que podría ser que la hermandad sureña volviera en un futuro a girar o bien a dar conciertos puntuales nosotros nos quedamos con ese Final Run que ofrecieron en uno de sus locales favoritos, el Beacon Teather de Nueva York, a finales de octubre del 2014. Punto y final para una banda absolutamente seminal e influyente y cuya  importancia dentro de la historia del rock es capital.

Su trayectoria está plagada de hitos convertidos en leyenda, los decesos de Duane y Berry Oakey, las cuentas pendientes entre ellos, el chivatazo de Gregg,  la historia detrás de la portada del At Fillmore East o las trifulcas con Dickey Betts (tan buen guitarrista como complicado personaje) que finalizaron con su expulsión.  El complicado paso por finales de los setenta y los  ochenta y la resurrección artística con Derek Trucks, Warren Haynes y el fallecido Allen Woody culminada con un disco absolutamente magistral, el fantástico Hittin’ the Note, publicado a principios del nuevo siglo.

Desde la redacción rutera  hemos decidido dedicarles este pequeño homenaje en su despedida. Un puñado de textos escritos por algunos de nuestros colaboradores más afines a la causa. La tercera entrega corresponde a Sergio Martos. 

Ahora sí, ahora no. Cuando Derek Trucks y Warren Haynes anunciaron a principios de año su marcha de la banda, muchos dimos por finiquitada la trayectoria de la misma en este mundo. Lo cierto es que nunca hubo un comunicado oficial por parte de la vieja guardia (Gregg, Jaimoe y Butch Trucks), pero todo parecía presagiar que así sería. Ahora Gregg abre esperanzas a la continuación del combo, pues en recientes declaraciones se pregunta por qué no buscar un reemplazo a Derek y seguir adelante ¿significa eso que Warren da marcha atrás y sigue al frente del timón?

En cualquier caso, con solo un disco de estudio en su haber en los últimos 19 años y una deserción total de los escenarios europeos, los Allman hace tiempo que dieron por finiquitada su carrera, al menos en lo que respecta a la creatividad y bajo la perspectiva de lo que supone ser un fan europeo (todos estos años hubo que rascarse el bolsillo para pasar la fase del DVD a disfrutar en casa). La puñetera marcha / despedida de Dickey Betts es más que una losa, algo con lo que de algún modo debían cargar. A estas alturas ya nadie puede negar que él ha sido el mejor guitarrista para la banda; imprescindible para entender el regreso a la escena de finales de los ochenta y la esplendorosa trilogía que formaron Seven Turns, Shades Of Two Worlds y Where It All Begins. Escribe Gregg en su autobiografía que Betts se convirtió en un tirano, en alguien imposible con quien convivir. ¿Acaso no han sido todos los grandes líderes personajes déspotas e incompasibles? Dios, este grupo siempre careció de estabilidad. El mal fario ayudó a que este no fuese un juego fácil en el que participar. La tragedia sureña pergeñada en fabula por Tennessee Williams nunca tuvo mayor arquetipo en el que manifestarse.  Todo parece ir bien y en cuestión de segundos, un rápido giro desmorona cualquier atisbo de tranquilidad y sosiego. La hostia, tan siquiera han podido completar la filmación del biopic cinematográfico basado en el libro de Gregg, pues la mala suerte atisba a quien se acerca aunque sea de lejos.

Esto me lleva a pensar en Win, Lose Or Draw. Lo hace porque ese álbum se grabó bajo un prisma total de desconcierto y autodestrucción. Era el final de la carretera que vio morir a Duane, Berry y finalmente a la banda en sí. Tal era el descarriamiento que tan siquiera pudieron coincidir los músicos para una única foto que fuese utilizada como cubierta. De ahí que apareciese el interior de un viejo salón del oeste vacío y desolado, sin un alma que vele por él.  La perspectiva cambia según el interceptor, o lo que es igual, la magia del desconocimiento. Yo no conocía de las condiciones en que se grabaron Win, Lose Or Draw cuando obtuve el casete original, edición hispana, por herencia progenitora. Lo disfruté como el niño que era hasta que tuve la suficiente independencia económica para ahondar en el resto de su discografía. Pero hasta ese momento, convertí en un ritual escuchar dos veces seguidas «Can’t Lose What You Never Had» (original de Muddy Waters) cada vez que hacía sonar el álbum. La intensidad de la guitarra de Betts hacia el final del tema, la garra con que cantaba Gregg… Me parecía un mundo inalcanzable, una fantasía creada entre las cuatro paredes de mi habitación y todas esas caras que lucían con fuerza en ellas. Ohh, y con todo lo que me faltaba por descubrir.

Benditos sean los discos mediocres, pues si te entran a corazón abierto ya tienes una gran cuartada para enfrentarte al tramo ‘mayor’. Varios discos adquiridos más tarde pude ver a la banda un par de veces sobre el escenario, lo hice también por duplicado con las aventuras solistas de Dickey y Gregg, al margen de visitar Macon (Georgia) y escribir efusivamente sobre ello. Si finiquitan o no su historia, tienen derecho a hacerlo, se verá en un futuro próximo. Siempre quedarán los discos, los recuerdos, los libros, los vídeos… Mira tú por dónde, voy a escuchar Win, Lose Or Draw. Llevo mucho tiempo sin hacerlo.

Sergio Martos

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