Rutas Inéditas — 19 enero, 2015 at 15:33

Homenaje a Allman Brothers: Jordi Sanfreebird Sánchez.

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Pese a que el capo de la banda, Gregg Allman, ha declarado recientemente que podría ser que la hermandad sureña volviera en un futuro a girar o bien a dar conciertos puntuales nosotros nos quedamos con ese Final Run que ofrecieron en uno de sus locales favoritos, el Beacon Teather de Nueva York, a finales de octubre del 2014. Punto y final para una banda absolutamente seminal e influyente y cuya  importancia dentro de la historia del rock es capital.

Su trayectoria está plagada de hitos convertidos en leyenda, los decesos de Duane y Berry Oakey, las cuentas pendientes entre ellos, el chivatazo de Gregg,  la historia detrás de la portada del At Fillmore East o las trifulcas con Dickey Betts (tan buen guitarrista como complicado personaje) que finalizaron con su expulsión.  El complicado paso por finales de los setenta y los  ochenta y la resurrección artística con Derek Trucks, Warren Haynes y el fallecido Allen Woody culminada con un disco absolutamente magistral, el fantástico Hittin’ the Note, publicado a principios del nuevo siglo.

Desde la redacción rutera  hemos decidido dedicarles este pequeño homenaje en su despedida. Un puñado de textos escritos por algunos de nuestros colaboradores más afines a la causa. Rompe el hielo Jordi SanFreebird Sánchez.

 

Debía ser el año 93. Un amigo de la facultad me pasa una de esos añorados casetes TDK (de cromo claro está porqué se escuchan mejor) con mucho rock and roll de los años 70. Y entre el cancionero en cuestión se incluyen dos temas de los Allman Brothers: «Little Martha» y «Ramblin’ Man», absolutamente desconocidos para un servidor en tal fecha.

El capullín del amigo, al que hoy he perdido la pista, me graba «Little Martha» porqué por aquél entonces todas las chicas que me interesaban se llamaban Marta (era una obsesión o una maldición, quien sabe). Pero fue realmente «Ramblin’ Man» la que me conmovió. Ese riff inicial me picó cual aguijón de avispa del pleistoceno. Su ritmo; las dos voces cantando “Lord I Was born a Ramblin’ man” y el solo final se quedaron grabadas para siempre en mi mente. Y todavía hoy sigue siendo mi tema favorito de los Allman.

A partir de ahí tenía que investigar cual profesor Jones buscando la Alianza. Debo repetirlo; ¡eran los noventa!  La tarea se tornaba en todo un reto. Sí, levantaros y creed: no había internet, ni spotify, ni facebook,  ni demás leches. Sólo podías recurrir a tus amistades, a la disquera que te suministraba tu dosis mensual en formato vinilo o casete so pena de no poder salir por haber comprado música y, en casos más extremos, revisar números atrasados de tu revista favorita para cerciorarte si en ella se había repasado la biografía o la discografía del artista en cuestión que en aquél momento te había atrapado.

Recurrí a lo fácil y menos económico. Algo que hoy está en desuso. ¡Comprar música! Un chivatazo me habló de Brothers & Sisters el álbum en cuestión donde está el tema que me aguijoneó, recordad, «Ramblin’ Man». Pero Jesús (el que está en la calle Tallers de Barcelona), no el que ha de volver, no lo tenía en su tienda y tuve que conformare con un recopilatorio al uso. Luego vino el resto y los Allman siempre han estado ahí, entre los más grandes.

PD Por cierto, compruebo al redactar esto que en Spotify, «Ramblin’ Man»  lidera el ranking de escuchas con 5.674.566 de oyentes. Pues eso. Casi nada.

Jordi Sanfreebird Sánchez

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