Sin categoría — 20 Marzo, 2013 at 8:40

The Bean Pickers Union, canción americana en busca de la universalidad

The Bean Pickers Union (Chuck Melchin)

Bajo este curioso nombre se esconde la última experiencia musical del inquieto Chuck Melchin, que combina las apariciones grupales con su carrera como solista. Seis años después de su debut con Potlatch, cargado de excelentes críticas, llega ahora el segundo disco de The Bean Pickers Union, Better the Devil, un excelente motivo para lanzarle unas cuantas preguntas.

 

Veinte años en la música ¿Cómo se sobrevive tanto tiempo desde la independencia?

 

¡Muy buena pregunta! Yo me la hago constantemente. A menudo bromeo diciendo que soy una organización sin ánimo de lucro. Realmente no hay mucho dinero para un artista independiente, especialmente en un género tan limitado como el americana. La mayoría de los músicos que conozco no dependen solo de la música en cuanto a sus ingresos. Luchan y tratan de complementar lo que ganan dando clases o tocando en sesiones de grabación. Aunque la mayoría de mis amigos complementan la música con un trabajo a tiempo parcial. Los pocos que pueden vivir de ella tienen mucha suerte.

 

Leí una definición de tu primer disco que decía que era “una clase magistral de música americana, perfecto en su diez cortes, cada uno ejemplar en su género” ¿es aplicable esta definición a tu nuevo disco?

 

Bueno ¡para empezar ahora hay diez canciones! (risas). Por citar a Spinal Tap, “eso ya lo hace diferente ¿no?”. Bromas aparte, no soy bueno evaluando mi propia música. Personalmente me encanta el disco, claro, y creo que los músicos han hecho un trabajo genial. Todas las canciones son potentes y entran en la categoría de cultura americana, peor mejor dejar el juicio a los demás.

 

¿Cómo llegaste a la producción de Bow Thayer? ¿Admirabas sus discos?

 

Conozco a Bow hace años, porque tocamos en los mismos sitios y hemos tenido amigos comunes y músicos con los que compartíamos banda. Es uno de mis compositores favoritos y me encantan las sensaciones que transmiten sus discos. Estábamos hablando de hacer algún show juntos y le dije que estaba pensando en qué estudio grabar mi nuevo disco, y que quería que él grabara algunos banjos en él. Me dijo que porqué no optaba por grabar en un estudio casero, como una forma de ahorrar dinero y disponer de algo extra con que completar la grabación. Él vive a dos horas de mi casa, así que me acerqué a visitar el suyo. Su estudio es hermoso, enclavado en una colina con vistas a un río en el bosque de Vermont. Tiene unos grandes ventanales que te dan una vista perfecta. Es el lugar más relajante para grabar en el que he estado. Hicimos dos sesiones de tres días para grabar todas las bases. Todo fue tan bien que trabajábamos entre las 10 de la mañana y las 3 de la madrugada. Luego entró el trabajo de coproducción de Steve Mayone y grabé con él algunos overdubs y un par de nuevas canciones en su estudio de Cambridge. Creo que toda la influencia de Bow puede detectarse en «Magnolia», que también creo que es su favorita del disco.

 

Grabaste con músicos veteranos de Nueva Inglaterra ¿por qué?

 

Ya sabes que Bean Pickers Union es más un colectivo que una banda, ya que sus miembros varían de show en show, dependiendo del lugar y a veces hasta de mi estado de ánimo. A veces quiero un sonido muy acústico, muy bluegrass y otras, algo más eléctrico. En New England hay una escena muy unida y aunque Steve y yo fuimos capaces de tocar casi todos los instrumentos contamos también con la ayuda de alguno de nuestros amigos. Básicamente Aaron Golf tocó la mandolina y Foz Jess el violín. El baterista de Bow, Jeff Berlin también hizo algunas pistas de forma espectacular y Mike Castellana bordó la pedal steel, sobre todo en «Down». Tengo suerte de tener amigos con tanto talento.

 

La pregunta maldita ¿lo que haces es Americana?

 

Americana es un paraguas y mi música entra en él. Gran parte del disco es simplemente pop, y una o dos canciones podrían considerarse bluegrass, pero creo que el nombre que mejor lo define es Americana. Me alegra que haya un nombre para la música que hago porque durante años era difícil explicarlo. Me pasaba más tiempo explicando lo que no es.

 

Es un buen momento para la música de raíces ¿no?

 

Sí, porque incluso hay artistas en Europa haciendo y reinventando la música americana. Y en Estados Unidos, por fin, se está tratando como un género con entidad propia. En los últimos años hay hasta una categoría en los Grammy ¡Grandes Tiempos!

 

Editas de forma independiente ¿es que tienes problemas con la industria?

 

No, es que es más fácil y barato. Cualquier persona puede hacerlo. Es a la vez una maldición y una bendición. Es más asequible pero también más difícil destacar entre la multitud y atraer la atención. Yo he autoeditado dos discos de larga duración y estoy contento. Me encanta lo que la industria te puede aportar pero también estoy feliz al no tener que preocuparme del atractivo comercial del disco. No tengo la presión de las radio fórmulas y esas cosas. Si lo que toco suena bien sólo he de esperar que otras personas opinen lo mismo.

 

Creo que la calidez de tu estilo vocal ayuda a concentrarse en tus letras ¿estás de acuerdo?

 

Escribo muchas canciones con historia y la letra es tan importante como la melodía y los acordes. No creo que tener una voz hermosa sea imprescindible para que tus historias se entiendan, aunque me gustaría. Lo más importante es tu entrega al cantarlas porque una mala interpretación puede cargarse una buena letra.

 

Por tanto, para ti, lo vital son las letras…

 

Mark Twain dijo una vez “me he sentado a escribir una larga carta porque no tuve tiempo de escribir una breve”. Esa cita es una lección para mí. Es difícil poner al oyente en el lugar que está el que escribe en unos pocos versos, así que me enorgullezco de conseguir crear imágenes con la elección de las palabras adecuadas. Aunque me gusta dejar un poco a la imaginación de cada uno para que él o ella puedan personalizar el significado de la canción. Creo que las mejores canciones o poemas tienen una condición humana universal, no sólo la experiencia de una sola persona.

 

Eduardo Izquierdo

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