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Depeche Mode – Wizink Center (Madrid)

 

 

 

 

Soñando entre vampiros

Llegó la segunda cita de Depeche Mode en Madrid, solo habían pasado 48 horas desde la última vez, pero todo sucedió como si fuera la primera. Con los mismos nervios, la misma emoción, la misma intensidad y bajo una contenida expectación que se desató en cuanto Martin Gore abrió camino sobre las tablas para dar paso a Dave Gahan, elegante de satén negro y americana blanca.
Con «My cosmos is mine», uno de los temas de su disco más reciente —el incontestable Memento mori—, protagonista de la velada con esa M gigante en la retaguardia vistiéndolo todo de color, abrieron una noche en la que se sucedieron más de cuarenta años de historia y de canciones. Y ocurrió sin un respiro, sin tregua para reaccionar ahí arriba ellos —inagotables e impolutos como siempre—, ahí abajo una masa que, cómplice y entusiasta, se prestó a todos los juegos que los británicos desplegaron en casi dos horas de concierto.

Desde los momentos de paseíllo que los acercaba a su público más que nunca con temas como «Everything counts» y, sobre todo, con la íntima «Waiting for the night» entonada por ambos de un modo sobrecogedor bajo una luz tenue, pasando por la eclosión enérgica y anímica de los hits eternos como «It’s no good», «Precious» o «A pain that I’m used to», hasta llegar a unos coros compartidos y divertidamente interminables a manos de todo el recinto o un cumpleaños feliz sorpresa y emotivo dedicado a dos fans.

Los años a cuestas pasan factura, claro. Ninguno somos exactamente los que fuimos. Pero mientras la voz se quiebra en momentos muy puntuales y comprensibles, la magia, el nervio y el espíritu derrochados siguen intactos, y ante ellos todo lo demás se rinde, se cae, no importa. El imponente riff melódico de Martin Gore para «In your room», sus momentos solitarios ante el micrófono y ese Dave Gahan con chaleco azul bailando entre fantasmas y girando sobre sí mismo, son impagables al ritmo que suenan clásicos imperecederos y explosivos como «Enjoy the silence», la dream «Stripped» y la cada vez más especial «World in my eyes», atestada de artefactos synthpop.

La ausencia de Andy Fletcher, fallecido hace menos de dos años, se sigue masticando, nunca dejará de ocurrir. Pero al genio electrónico, al compañero de la noche, al pelirrojo enigmático, se le recuerda siempre y se le canta especialmente en «Ghosts again», uno de los puntos álgidos del nuevo álbum, con su misterioso videoclip a la espalda y esa partida de ajedrez que no es otra cosa que la vida misma.

Todo un acontecimiento el del pasado 14 de marzo en Madrid, para constatar que seguimos teniendo delante a una banda histórica, que continúa con dignidad el camino a base de veladas vampíricas y sintéticas que atrapan y dejan resaca emocional. Una banda, un par de creativos —Gahan y Gore— que saben lo que hay que dar en cada momento y preparan el terreno para la artillería que se va ir desplegando de cara al final del encuentro: «John the revelator», que sonó más techno que pop, la siempre animosa «Never let me down again» , «Just can’t get enough» y sus impasibles tintes de rave y, por supuesto, el colofón final: «Personal Jesus», de tú a tú con las creencias mientras todo se teñía de rojo sangre. Y así, en un ejercicio de nostalgia y de celebración del presente, dimos por concluido esta boutique de sonidos, letras y sensaciones en que se ha convertido su historia, que ya es la nuestra.

Texto: Sara Morales

Fotos: Salomé Sagüillo

 

 

2 Comments

  1. No sé qué concierto vió usted ayer, 14 de marzo, pero yo estuve allí y “World in My eyes” y “Jhon The Revelator” no las cantaron, en el pasado festival Primavera Sound en Arganda del Rey, sí, pero ayer no.

  2. Fernando

    World in my eyes?? John the revelator?? No las tocaron

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