Encuentros

Sarria, anatomía sonora de un instante

 

El acta de defunción de la banda Los Labios, de la que formaba parte Nacho Sarria, no significó ni mucho menos la claudicación del joven músico malagueño; al contrario, cargado del aprendizaje absorbido en su etapa grupal, puso en marcha un proyecto en solitario, que, bajo su apellido presenta un segundo capítulo, “El mundo es cruel (pero creo en él)”, tras su brillante predecesor homónimo.

 

Sin capitular tampoco del rock, su inspiración creativa nace sin embargo insumisa a cualquier etiqueta o restricción semántica. Haciendo de la psicodelia, y esa inevitable bruma que seduce en sus canciones, una parte esencial de su ADN musical, sus referencias sin embargo se agolpan para ser tamizadas por su propia lírica y entonación, acudiendo a sus ritmos y versos desde Led Zeppelin a los Beatles; de Bowie a los Doors, y por si fuera poco acoge la entrada del folclore latino en su cada vez más aperturista imaginario sonoro.

Convencidos, o cuanto menos ilusionados, de las atractivas y emocionantes sensaciones que esta nueva publicación ofrecerá a cualquier oyente desprejuiciado, hablamos con su autor para descifrar la genealogía de un disco donde el espíritu vital se abre espacio entre los chubascos a lomos de una singular y sugerente banda sonora.

 Tu primer disco surgió como respuesta a desaparecer la banda Los Labios, recogiendo canciones escritas en diversas épocas, ¿el contenido para este segundo álbum ha sido escrito expresamente para él?

Al afrontar ese primer disco llevaba ya unos cuantos años acumulando material y tenía parte del trabajo ya hecho, pero con este segundo álbum la composición ha estado mucho más concentrada en el tiempo. Al terminar “Canto Breve”, en 2021, tuve claro que tenía que dar con una colección de canciones que formasen un buen segundo disco, y así he pasado los dos últimos años, trabajando en encontrarlas y darles forma hasta convertirse en “El mundo es cruel (pero creo en él)”. Ha sido un proceso más intenso y consciente, pero también mucho más exploratorio y libre a la hora de abordarlo.

Mientras que en aquel debut la desilusión parecía adueñarse de tu verbo, en este, ya desde su propio título, nos dirige hacia un ambiente emocional distinto, ¿cada uno de ambos discos son el reflejo de un momento anímico determinado?

Totalmente. Me tomo la música como una postal del momento que vivo. Escribí el primero en una época en la que convivía con ataques de pánico diarios, son textos oscuros escritos por alguien que no está pasando por su mejor momento. Estos últimos años han sido más felices y satisfactorios, he crecido y he aprendido a mirar las malas rachas con algo más de optimismo, me alegra que ese estado se refleje en el álbum. Me parecía importante tratar los temas que me preocupan desde una perspectiva más optimista y honesta, reflejo de la persona que soy ahora, quiero que este sea un disco para mirar hacia adelante.

Aunque hay melancolía en el disco también existe la decisión de entender los baches o las malas rachas, por usar una de tus canciones, como parte del camino que también nos ofrecerá buenos momentos. En ese trayecto un tema como “Flor” parece la declaración de intenciones más explícita sobre ello…

Sí, creo que voy aprendiendo a tomarme la vida con más temple. Muchas veces pensamos que los malos momentos van a ser eternos, pero de todo se sale y de todo se aprende. Hay veces que incluso lo bueno puede desbordarnos, que es de lo que habla “Flor” en realidad. Me gusta que en estas canciones siempre haya una salida a los problemas que se plantean, el propio título del álbum resume muy bien el mensaje que he intentado dar con ellas. Como dirían los Stones, “no siempre puedes tener lo quieres, pero si lo intentas, a veces te darás cuenta de que tienes lo que necesitas”.

Musicalmente mantienes ese tono característico onírico donde confluyen pasado y presente, pero en esta ocasión parece algo menos eléctrico, menos turbio y más orientado al folk, ¿el paisaje musical también lo delimita tu estado de ánimo?

Más que mi estado de ánimo, que también, la responsable es la música a la que estoy enganchado en el momento de hacer una nueva canción. El cómo me encuentro o qué estoy viviendo siempre queda en la letra, pero con la parte instrumental no dependo tanto de mis emociones de cara a ponerme a currar. Este año me obsesioné con Charly García, con Wings, con un disco de Leon Russell muy chulo, que se llama “Life & Love”, con los Parcels o con Angel Olsen, por decir lo primero que se me viene a la mente. Cuando oigo las maquetas del disco se nota mucho qué estaba escuchando en ese momento. Los grupos que me emocionan son el motor de mi propia música.

El disco tiene un sonido majestuoso, lleno de matices, ¿cuánto hay en ello de tu propia composición previa y cuánto de la aportación de los músicos que te rodean?

Intento llegar al estudio con las canciones muy cerradas, trabajo mucho las maquetas en casa para estar seguro de que cada pieza funciona y de que todo suena lo más parecido a como lo hace en mi cabeza. Algunos me salen de golpe, pero lo normal es que tarde bastante, a veces un año o más, en quedarme satisfecho y querer enseñárselo a alguien. Luego pasan a la banda, unos músicos excelentes, y el tema crece. Pero también hay mucho de Paco Loco en el álbum. Tiene una capacidad alucinante para inventar arreglos usando texturas e instrumentos poco convencionales, y ha llenado las canciones de pequeñas sutilezas que enriquecen cada escucha.

¿Qué aportaciones concretas y esenciales dirías que ha supuesto la presencia de Paco Loco y también la de John Agnello?

Paco me ha dado la libertad y la confianza que necesitaba para afrontar este disco, ha convertido el estudio en un lugar seguro en el que no me he tomado tan en serio como otras veces y he podido disfrutar sin sentir la presión que normalmente siento cuando afronto una grabación. Es un gran tipo, muy creativo, poco convencional, que de loco no tiene un pelo, y que crea un ambiente de trabajo muy sano y familiar en el estudio. Desde aquí le doy las gracias por su compromiso y su fe en estas canciones. Te quiero, Paco.

En cuanto a John, ha aportado una visión externa, siendo muy consciente de las intenciones que teníamos con el sonido de las canciones, y ha hecho que el trabajo de Paco y de la banda crezca en la dirección intencionada. Los dos se entienden muy bien juntos y tienen una química muy divertida de ver. Tenerle en España durante esa semana fue una suerte.

En aquel debut dejaste claro que lo tuyo no era encorsetarse en parámetros fijos, pero en este disco hay todavía más libertad, llegando a sonidos abiertamente ochenteros, como los de “Química inestable” o “Flor”, ¿te has sentido más seguro en este disco para acometer nuevos caminos?

Totalmente, es un disco valiente, que explora. Quería encontrarme en tesituras que no había investigado antes. Desde la música disco al bolero; de la psicodelia con tablas hindúes a la canción más clásica, todos los palos que he conseguido hacer míos han entrado en el track list del álbum. Creo que es importante darse la libertad de reinventarse en cada trabajo, a mí me estimula y me mantiene ilusionado. El reto ha estado en abarcar todos los sonidos que me apetecía tocar desde la unidad de un LP, espero haberlo conseguido.

Está claro que hay mucho de anglosajón en tus influencias cruciales, desde Doors a Pink Floyd, Iron Butterfly, Zombies, etc.. Pero no lo es menos que las raíces andaluzas y ciertos sonidos españoles de los sesenta también dejan mucho poso en este álbum, como en “Rosas negras” o “Mala racha”. ¿Ha habido un acercamiento consciente a esas raíces más locales?

No realmente, he descubierto discos y bandas en castellano que me han pegado mucho en este tiempo, pero en ningún momento he tenido la intención de recrearme en mi tierra. Me sorprende cuando la gente me etiqueta como rock andaluz, porque yo me veo muy alejado de ese sonido, aunque por otra parte me gusta que se perciba así.

Para este álbum he tenido más en mente la música folclórica y el rock latinoamericano, donde más se nota es en “Rosas Negras”, que es mi intento de acercarme al bolero. Muchas veces me doy cuenta de dónde vienen las ideas de las canciones cuando ya están terminadas, pero en el momento de hacerlas sólo pienso en lo que le sienta mejor a la canción.

En “Algo bueno va a venir” hablas de encontrar el placer en las cosas más sencillas, pero intuyo que no ha sido fácil ese descubrimiento, ¿ha sido duro el aprendizaje y recorrido previo para aprender esa lección?

Creo que es una lección que no se deja de aprender nunca. He vivido épocas en las que lo he tenido todo y he sido muy infeliz, ahí te das cuenta de dónde está lo importante. Diría que el camino ha sido más bonito que duro, porque he terminado recogiendo cosas satisfactorias de todo lo malo, pero me alegro de haber escrito esa frase porque necesito escucharla de vez en cuando.

Hay una parte en tu forma de interpretar en este disco que contiene un aire muy trovadoresco, muy primitivo, ¿hay algo de recuperar ese tono clásico de “cantador” de historias?

He intentado darle a cada tema el tratamiento que necesitaba, variando más mi registro vocal en función de la emoción que me pedía cada canción y dándole muchas vueltas a las melodías. También creo que he encontrado una manera más mía de interpretar, cada vez soy más yo. Al final bebo de influencias muy clásicas y tiene sentido que te dé esa sensación al escucharlo, a mí me gusta pensar que este disco tiene una temática más cercana al oyente que el anterior, habla de cosas que todos podemos vivir o sentir en nuestro día a día, y quizás eso lo haga un poco más trovadoresco. Al final sólo intento sonar coherente con lo que soy y con lo que siento, es en lo único que pienso cuando trabajo en nuevas canciones.

“Mi amor no se vende (se regala)” habla del estancamiento creativo, de vivir con más tranquilidad esos momentos, ¿eres especialmente perfeccionista y eso te genera muchas presiones añadidas?

Muchísimo. Es una condición que a veces me sirve y otras me anula. Cuido mucho cada canción, y cuanto más siento que lo que tengo entre manos es bueno, más presión me echo encima. Me puedo tirar dos años para terminar una idea si me gusta demasiado, me pasó con el tema que da título al disco, hice siete versiones antes de mandársela al sello. A veces merece la pena obsesionarse con las canciones, y otras me vuelvo loco. En este último caso mereció la pena.

Siempre has declarado que no hay diferencia para ti entre la vida y la música, que siempre has sabido que es algo a lo que te quieres dedicar, supongo que en esa situación eres especialmente permeable a la situación global de la industria y de todo el negocio musical. No sé cómo la valoras y afrontas…

La situación es complicada para proyectos como el mío. No hacemos música de moda, las salas cobran alquileres muy altos, el tejido cada vez es más escaso y las condiciones que se ofrecen desde festivales a grupos más pequeños son muchas veces denigrantes. En la mayoría de los casos montar una banda es palmar pasta. Por otro lado, seguir el ritmo que marca la industria es casi imposible si no tienes un equipo a tu lado. Componer, grabar, grabar vídeos, comunicar en redes, fabricar merchandising, fabricar discos, girar… Cada eslabón de la cadena requiere dinero, esfuerzo, tiempo y mimo para salir adelante, y las cosas necesitan poder reposarse y pensarse bien y sin prisas. No hemos montado una churrería, hacemos música y eso lleva otras pautas. Por supuesto que también hay sellos valientes que siguen apostando y apoyando nuevas caras, que dan esperanza a los que hacemos esto, sin el mío no podría haber sacado esto adelante.

También has declarado que la única manera de hacer canciones es inspirarte en las propias experiencias, ¿te son más fructíferas, creativamente hablando, aquellas especialmente dolorosas o al contrario?

Depende del momento, no haría una distinción entre un tipo de experiencias y otras, ambas me pueden dar el empuje para arrancar una nueva canción. Es posible que desde el dolor salga una cara más oscurantista y poética en lo que escribo, pero desde la luz también llegan mensajes muy potentes. Creo que en este disco hay un buen equilibrio entre ambas fuerzas. Si sólo dependiera de lo malo para componer me vería obligado a cambiar de curro, el dolor no es la materia prima más agradable con la que trabajar.

¿Desde tan joven, de mano de Los Labios, haber vivido con tanta intensidad, para lo bueno y para lo malo, el mundo de la música crees que te ha aportado mayor conocimiento, y por lo tanto control, del medio?

Agradezco mucho lo que viví con Los Labios. Me dio la oportunidad de entender la música desde una perspectiva más real, sin romanticismos. Me di cuenta que dedicarse a esto exige una responsabilidad enorme, que no es fácil, y que hay que estar muy atento a cada paso que das, porque no siempre hay vuelta atrás posible. En su momento no supe gestionar tanta intensidad, pero soy consciente de que aquellos años me dieron la solera que necesitaba para sacar adelante lo mío. Siempre he sido el niño en todas las bandas, he podido aprender de los errores de los demás como observador.

 

Texto: Kepa Arbizu

Fotos: Jorge Parejo

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