Encuentros

La Joya, revolución pacífica

 

 

El grupo formado por Ricky Lavado (Standstill, Egon Soda, New Raemon) y Manel Moreno (Cuzin, Muerte y Destrucción) debuta con Lower Hermosa (Cielos Estrellados Music) y lo hace cimentado en la tranquilidad y en el dejarse llevar. Este fin de semana tienen dos conciertos de presentación (ver fechas al final de la entrevista).

La Joya sigue dos principios que siempre han amparado al rocanrol y que hace tiempo que se perdieron por el camino:

El primero hace referencia a cómo saber tratar temas complejos con un punto de vista bastante simple. Dos miembros, guitarra y batería, que desde la austeridad, las limitaciones y, sobre todo la calma, llevan un par de años trayendo propuestas tan interesantes como originales.

El segundo -como consecuencia del primero- tiene que ver con el legendario arte de irradiar. De sacar todas las movidas que uno tiene en su cabeza, cuerpo y alma y plasmarlas en una canción para que sea el resto del mundo el que las interprete como quiera. Es así como un artista deja un legado, creando un universo alternativo y personal donde somos los mortales los que tenemos que hacer el esfuerzo de acceder a él y así disfrutar de todos sus recovecos. Esto ha sido y será así por siempre jamás, a pesar de los muchos estudios de marketing y estrategias de consumo que crean productos musicales de usar y tirar que copan el día de hoy y serán olvidados el día de mañana.

La Joya es un proyecto fascinante por su falta de ambición. Un proyecto sosegadamente subversivo que surge de  la pulsión de dos artistas que vienen pasados de vueltas en esto de la música. Dos músicos que han creado lo que ellos llaman su refugio. La Joya nace de esa máxima de no saber bien dónde se quiere ir, pero saber perfectamente dónde no se quiere estar.

¿Cómo os sentís tras la grabación de este álbum y en qué sois diferentes con respecto a antes de todo el proceso?

Ricky: Nos sentimos felices. Fue una experiencia muy chula desde bajar a Sevilla a grabar a La Mina con Raúl Pérez hasta ver la implicación de personas maravillosas como Jorge Ramos en las voces, Santi García en las mezclas o su hermano Víctor en la masterización. Toda la gente, digamos, satélite en este disco que han sido piezas imprescindibles. Tenemos, no sé si la habilidad o la suerte o ambas de juntarnos con gente muy buena, personas que valen la pena tanto en lo personal como en lo profesional. Así que, de momento, este álbum solo ha traído felicidad. Y en cuanto a en qué somos diferentes, vamos a ser sinceros: estamos en un momento de nuestras vidas en el que el tiempo va a toda hostia y nos hacemos viejos de un día para otro, ese es el gran cambio. Hemos tratado de disfrutar al máximo de este proyecto y no nos hemos puesto aún a canalizar todo.

¿Habéis ganado o habéis perdido miedo tras el lanzamiento de vuestro primer disco?

Manel: Uno de los retos del disco fue componer muchas canciones y llevar todas muy trabajadas y ensayadas para poder elegir con certeza cuáles entraban y así darle al disco un orden concreto y una forma muy sólida. A mí personalmente me ha generado tranquilidad ver que el álbum es como un bloque de granito y que funciona de forma compacta de principio a fin. Siempre he entendido los discos como grandes historias y mi mayor temor era que eso no se cumpliera. Por tanto, te diría que ese miedo lo he perdido, aunque quizá vuelva a aparecer con próximos trabajos, donde la intención será exactamente la misma.

Ricky: Yo ni soy ni he sido nunca cantante ni canto bien, con lo cual grabar voces y cantar canciones no es un espacio natural para mí. No sé si lo definiría como miedo, más bien como respeto, pero muchas de esas dudas o inquietudes lógicas que podía tener se han quedado en el camino porque no me costó mucho enfrentarme a ello y porque el resultado final no me avergüenza.

Manel: Y luego había una cosa también, hablando un poco de la parte más técnica, que era la duda que siempre tuve con meter o no un bajo. Siempre pensaba que siendo solo dos era mucho más sencillo tanto a la hora de ensayar como a la hora de tocar en directo, pero siempre sobrevolaba la cuestión de meter un bajo, aunque fuera con poco volumen. Sin embargo, es verdad que intentamos siempre respetar el espíritu natural y la actitud que tenemos cuando ensayamos en el local y todo funcionó bien. Y, ahora que lo pienso, otro de los miedos que tenía antes de grabar era comprobar que el disco sonaba vacío, porque somos antiproducción, no queremos hacer trampas ni meter artificios, sino que queremos que todo sea natural, desde los ensayos al disco y del disco al directo, y creo que la gente ha entendido la movida. A Ricky le rondaba la cabeza el tema de la voz y a mí el tema del bajo y la sobreproducción, pero creo que hemos logrado el resultado espartano que teníamos claro desde el principio.

Primero sacasteis un EP llamado Mojave y ahora finalmente sacáis este LP llamado Lower Hermosa. ¿Fue premeditado seguir un procedimiento tan tradicional?

Ricky: Sí… y porque hemos llegado tarde para hacer lo primero de todo una maqueta en cassette, que es lo que tendría coherencia (risas). Eso es la edad y no hay más vueltas que darle. Yo que sé, tío, supongo que es por la herencia y la tradición que tenemos, tanto de gustos como de pertenencia a una escena. Llevamos mucho tiempo tocando y los EPs tienen un sentido maquetero que me sigue pareciendo muy interesante y del que sigo siendo fan.

Manel: De hecho, nos tuvimos que contener de grabar dos canciones, porque estuvimos girando con Kugo y si íbamos lanzando los temas de par en par nunca íbamos a grabar un disco. Pero eso se puso encima de la mesa también, pero el tiempo y el dinero son limitados y no te puedes meter en mierdas de producción.

Hay dos sensaciones que tengo cuando os escucho, la primera  enfocada totalmente al plano artístico, es que me parece que el elemento clave de todos y cada uno de vuestros temas es la improvisación. No veo una estructura ni un orden lógico en las canciones. ¿Cómo es el proceso de composición?

Ricky: Lo que no se nos da bien es seguir una estrategia premeditada en absolutamente nada. No funcionamos bien con planes establecidos u objetivos concretos, esa es la realidad. Todo es bastante natural, no sé si diría que es improvisado porque, una vez sale algo, sí que lo trabajamos y le damos vueltas hasta que nos convence. Somos de la vieja escuela, de juntarnos en el local y tocar a ver qué sale.

Manel: O sea, nosotros somos de dar rienda suelta a una idea y, cuando la tenemos clara, repetirla cien veces hasta que los tempos son los que tienen que ser y los espacios están donde tienen que estar. Lo deslavazada que luego puede sonar una canción no es porque tenga que ser deslavazada, es más bien porque yo soy un poco torpe tocando. Además de eso, yo tengo un gran problema, y es que no sé hacer canciones. Nunca he sabido y me ha dado mucha envidia siempre la gente que sabe. El típico tío que se hace una introducción, verso, estribillo, tal y una coda. Yo soy incapaz y he sido incapaz siempre, y en todos los grupos que he tenido, igual he hecho muchas guitarras, pero nunca he podido hacer verso, estribillo, verso, estribillo porque me cuesta muchísimo. Afortunadamente, creo que Ricky tampoco entiende la música de una manera cuadriculada y eso hace que nos entendamos bien. Y, por último, volviendo a lo que decía Ricky, creo que es importante tener claro que nosotros no tenemos ningún tipo de aspiración de –que no se entienda mal- gustarle a nadie. No estamos pendientes de si alguna parte es larga o corta para las plataformas o si nadie nos va escuchar en Spotify y todas esas mierdas. No tenemos pretensión alguna y es algo que nos tomamos como un hobbie.

A la hora de componer, generáis por todo el conocimiento que tenéis como músicos, y dentro de ese conocimiento, entra el cortar por las limitaciones que tenéis como músicos…

R: No son contraproducentes ni contrarios…al final es encontrar el equilibrio. Tampoco estamos muy acostumbrados a tratar en profundidad estas cosas porque no las hablamos ni entre nosotros. Nos falta mucho autoanálisis en ese sentido.

M: Yo tengo una máxima que me funciona siempre, y es que cuando acabamos un tema tiene que ser algo que a mí me apeteciera oír como espectador porque me reconfortara de alguna manera y no tuviera que darle muchas vueltas al por qué. Así que nunca hemos hablado de esto, como dice Ricky, porque simplemente cortamos una canción cuando deja de sonar bien. Hacemos mucho corta y pega entre canciones y nos llevamos partes de unas a otras. Hay una cosa aquí también importante y es que al no haber un bajo es todo mucho más libre.

Antes hacía referencia a dos sensaciones. La primera tenía que ver con el aspecto musical, y la segunda, desde un prisma quizá más profundo, es que paradójicamente, la tranquilidad tanto del álbum como de vuestro directo como, diría, de vuestros caracteres, se contradice con la esencia del grupo. Corregidme si me equivoco, pero La Joya me parece una consecuencia, más que una causa. Una reacción de dos músicos consolidados que han sido parte de innumerables bandas que nada tienen que ver con La Joya.

M: Pues yo creo que es una reacción a la vida, tío, o quizá a la vida en Madrid. Yo voy con un puto reloj pegado al culo todo el día, con gente corriendo de un lado para otro. Yo tocaba muy rápido antes y, de repente, empecé a disfrutar pudiendo pensar en lo que iba a tocar después de cada acorde. No ir a piñón. Y, de hecho, es mucho más difícil tocar despacio porque cada milisegundo está ahí en medio y tienes que estar controlando, sobre todo para alguien como yo que no es muy técnico. El poder estar como pensando y llegando exactamente al sitio que quería llegar durante la canción y hacerlo en el momento oportuno me da mucha paz, me realiza como músico. También tengo la suerte de tener una base rítmica increíble con Ricky, porque me lleva a sitios con sus ritmos que también me inspiran.

O sea, que reaccionáis desde la tranquilidad. Es maravillosa esa rebelión pacífica, como ir a una guerra disparando flores… 

R: Pues yo entiendo lo que dices y de alguna manera lo veo y siento que es así. Aunque nunca es beligerante porque no somos peleones, ¿eh? Y con esta banda en realidad tampoco hay un manifiesto ahí que estemos expresando.

M: Hay veces que estamos tocando y hay un ritmo brutal de batería súper fino, súper delicado, que está haciendo Ricky, y el cuerpo me pide que ahí haya un silencio, por ejemplo. Con esto quiero decir que, nuestros caracteres son calmados, pero somos meticulosos en cuanto darle importancia a cada nota, a cada cosa. A que nada esté por estar.

R: Es algo de eso. Es que es complicado, es una pregunta cabrona en realidad…

M: Lo que es impepinable es que somos 100% nosotros. Y es raro que nos compren la propuesta porque al final, tío, somos dos tipos mayores que no sonamos avasalladores, que tocamos en un sitio pequeño y la peña se calla, te escucha, te mira, eso llama la atención. Y creo que es porque hay mucha gente que vemos que comparte esa reacción de la que hablas y que, simplemente, conecta con lo que hacemos. Gente a la que no le gusta ir con prisas, que le gusta la calma y disfrutar de las cosas tranquilas y que está un poco cansada del excesivo artificio que nos rodea. Al final es la magia de la música, que desde ella puedes reaccionar a unos estilos de vida que, en el fondo, no nos hacen felices, tío.

Una de las cosas que más me gusta de La Joya es su originalidad. Al escuchar vuestras canciones no sé si encuentro mil referencias o no encuentro ninguna. ¿Me podéis ayudar con esto?

R: Hay mundos del slowcore, de cosas como Codeine o Karate que nos han marcado y que escuchamos desde que éramos jóvenes. No me atrevería a llamar a estas bandas influencias porque no buscamos la relación con ellas de una forma directa. Nos encanta Waxahatchee, también Plains, pero no tienen influencia en cuanto al sonido, sino más bien a niveles conceptuales o niveles estéticos. Creo que estas bandas nos influyen más desde una perspectiva rasa, en pequeños detalles.

M: También hay una cosa que es graciosa en el grupo. Rick es un músico brutal, y yo soy un músico técnicamente muy limitado, como te he dicho antes, y creo que de ahí sale algo especial también.

Bueno, hay una gran diferencia entre ser limitado y ser técnicamente limitado…

M: Eso es cierto, pero que tengo que llevármelo a un sitio muy cercano, es decir, que no hacemos grandes filigranas tampoco, porque de repente igual voy y pienso: hostia, voy a intentar hacer esto o esto otro, pero al final somos solo dos. Quizá si fuéramos tres podríamos sonar como Kurt Vile o Waxahatchee, pero siendo dos piezas es complicado. Y desde luego, no tenemos intención alguna de ser como Royal Blood (risas). No, ahora en serio, al final nosotros no inventamos nada nuevo, simplemente tocamos lo que tocamos porque no lo sabemos tocar mejor. Tú piensa que los Ramones querían sonar como The Doors y ya me dirás en qué se parecen…

Ambos tocáis en otras bandas, tanto de manera conjunta como en The Secret Society como por separado. ¿Cómo influyen vuestros proyectos paralelos en La Joya y viceversa?

R: Mira, en mi caso –y parece que estoy todo el rato dando vueltas sobre la misma idea- tiene que ver con una cuestión de edad y de trayectoria. Al final hay un bagaje importante que he adquirido con el tiempo y que está dentro de mi mochila de experiencias. El hecho de haber tocado en tantas bandas me ha llevado a saber hasta qué punto tengo que tomarme en serio a mí mismo y hasta qué punto tengo que relativizar las cosas y dónde he de poner el foco de atención. En ese sentido, esta banda, La Joya, sería una suma de todo lo que siento cuando miro dentro de esa mochila. Lo que me mueve, me motiva y me interesa son conceptos como la honestidad, la simpleza y los pocos artificios. Eliminar los puntos artificiales que se pueden tener muchas veces en bandas con un cierto tipo de aspiraciones determinadas,  o estás en unos ambientes o en unos ciclos determinados. Cuando se es joven se es arrogante y uno se quiere comer el mundo y eso está muy bien, pero yo ya estoy en otro sitio. Así que, cómo me influye mi experiencia en otras bandas me lleva a tomarme a La Joya como un refugio. Un sitio amueblado con intereses muy genuinos y decorado desde la humildad y la honestidad. Creo que eso es algo que pasa con el tiempo y por haber vivido cosas. Tienes que tener una trayectoria para llegar a valorar esto.  Me he fascinado por, yo qué sé, el momento en el que vivimos, pero no me fascina hacer según qué tipo de promociones o aparecer en según qué sitios, ni entrar en el juego de las redes sociales. Digamos que rehuso los cauces “naturales” que parecen ser obligados hoy en día para hacer música. La trayectoria y el bagaje me llevan a poder saber diferenciar bien las cosas y tener muy claro dónde quiero estar y por dónde quiero ir.

M: Me ocurre lo mismo al 100%. Yo no he estado en bandas tan grandes como en las que ha estado Ricky, pero lo que me interesa de La Joya es que Ricky y yo estamos en el mismo punto. Quedamos a ensayar, a improvisar y a ver hasta dónde podemos llegar. Él con la batería y la voz y yo con la guitarra. Es lo que más me interesa, desde la humildad y sin un fin concreto. Todo lo demás, esas cosas que parece que es muchas veces lo que más le interesa a las bandas, como la foto de promo, el tocar en un festival o en un sitio gigantesco aunque las condiciones sean muy malas y no te escuches como te gustaría, eso ya no me inquieta. Cada uno a su escala, son cosas que ya hemos vivido. No me interesa la promo ni estar respondiendo a gente por Twitter. Tampoco insistir a la peña para que escuche nuestro disco o venga a nuestros conciertos ni insistir a las radios o revistas para que nos hagan entrevistas. Ya hemos pasado por todo ello, como te decía, hace 20 años, así que esto nos lo tomamos como el refugio al que hacía referencia Ricky. Un lugar al que consideramos nuestro hogar y donde estamos tranquilos. Lo veo como un punto de escape de puta madre, no como un trabajo. Al final también tenemos en cuenta que somos de España. Igual tú puedes hacer carrera en EE.UU. y allí ser músico es un oficio, como puede ser el de carpintero. No tienen problema en varias veces al mes montarse en una furgoneta y tocar a 100 km. Pero aquí la movida es bien distinta. De todas formas, quédate con la respuesta de Ricky que ha sido mucho mejor (risas).

Ricky está con Egon Soda o New Raemon, y este año le espera una extensa gira con Standstill ¿Qué planes tenéis para este año con La Joya y cómo gestionáis el hecho de tener otros proyectos en activo?

R: Improvisando y haciendo malabares de fechas. Por un lado, como la logística de esta banda es muy simple y todo son facilidades, estamos teniendo la suerte de cerrar muchos más bolos de los que pensamos y además en circuitos muy underground, que acaban siendo los más agradecidos.

M: Si Ricky se organiza guay, no hay ningún problema.

Texto: Borja Morais

Fotos: David G. Folgueiras

 

PRÓXIMOS CONCIERTOS:

2 FEBRERO – Madrid (Wurlitzer Ballroom) + Kugo + Junio

3 FEBRERO – Barcelona (Heliogabal) Fiesta Cielos Estrellados

28 MARZO – Granada (Planta Baja) + Palmar de Troya + Cuando el Mar Pierde Las Conchas

 

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