Encuentros

Fer García, el derecho a ser musicalmente libre

 

Son muchas las ocasiones en las que hemos asistido al paso adelante emprendido por ciertos músicos a la hora de salir del anonimato que proporciona participar en proyectos conjuntos, o ajenos, para bautizar bajo su propio nombre aquella iniciativa más personal. En una menos cuantiosa cantidad de oportunidades, esa legítima determinación por posicionarse como absoluto protagonista, verdaderamente ha derivado en una ruptura con la suficiente entidad respecto a lo demostrado en pasados ámbitos.

 

En el caso de Fer García, al que hemos visto integrado en la banda de Diego Vasallo y realizando ejercicios de rock americano esbelto con The Young Wait, su debut homónimo “Bleak Portrait” (Green Farm Recordings, 2023), contiene su propio imaginario musical, uno construido sobre un sobrio -aunque complejo- paisaje de inquietante profundidad. Siguiendo la estela de otros instrumentistas que han convertido a su guitarra en retratista de sugerentes paisajes, se llamen Marc Ribot, Bill Frisell, Thurston Moore o proyectos locales como Sangre Fácil, firmado por Javier Colis y Juan Pérez Marina, el compositor donostiarra se estrena con una emocionante y por momentos perturbadora llamada musical a la que sólo nos queda salir raudos a su encuentro y al de su autor para intentar descifrar ese fascinante misterio sonoro que ha gestado.

Acabas de publicar tu primer disco en solitario, “Bleak Portrait”, ¿dónde radica su nacimiento, en la incompatibilidad de ciertas composiciones con tus otros proyectos o en la propia idea de generar algo nuevo?

La idea comenzó entre el último disco de The Young Wait y mi unión con Diego Vasallo. En ese tiempo estaba experimentando con otros modos de composición y con diferentes sonidos, quería hacer algo totalmente distinto a lo realizado con  anterioridad: desde el propio tratamiento de mi principal instrumento, la guitarra, como buscar diversas fuentes de inspiración de cara a empezar a componer. No quería ponerme limites a la hora de crear y estructurar una canción. Para mí un proyecto se desarrolla y se forma en función de lo que se vaya hacer; lo primero en que pienso son en las ideas, después el lugar donde ubicarlas.

Viendo el contexto musical en el que se mueven los grupos en los que has participado, como The Byrons o The Young Wait, salta a la vista la diferencia de formato respecto a este trabajo donde domina lo instrumental, lo evocador, turbio… ¿a veces ser parte de un grupo significa renunciar a ciertos instintos creativos?

El hecho de trabajar con otras personas significa compartir ideas y posturas de cara a la construcción de una canción o un proyecto, yo no lo llamaría renunciar a nada en concreto, más bien significa todo lo contrario, ya que se abren otras muchas posibilidades a la hora crear. El lenguaje de la música, aparte de universal, consiste en tejer conexiones, emociones, diferentes estados que percibe uno mismo y que desea compartir. Me gusta estar en una sala con tres o cuatro personas y participar en ese proceso de creación, dándole a la cabeza, probando desarrollos, improvisar, caminar hacia a algún sitio, a veces sin consultarnos nada previamente, para acabar diciendo: «¡Guau! ¿Alguien ha grabado esto?”

Sin embargo, es cierto que hay otras ocasiones que me gusta estar en otro escenario más solitario con el que dirigirme hacia un lugar diferente, sin ponerle fronteras a mis limitaciones.

Oyendo tu disco uno puede pensar en nombres como Bill Frisell, Nels Cline, Thurston Moore, William Tyler… ¿Te interesan ese tipo de guitarristas que deciden sacar todo el provecho a sus instrumentos?

Me gustan estos cuatro nombres que mencionas, sigo sus trabajos y me alaga saber que al escuchar mi nuevo disco aparezcan. Podría decir que Bill Frisell es una especie de mentor o inspiración que me animó a salir de mi anterior estado de confort creativo y llevarme a escribir canciones instrumentales, me abrió la puerta a escuchar a nuevos músicos, instrumentistas y a volver a escuchar mis viejos discos de Terje Rypdal y John Abercrombie. Definitivamente me ayudó a explorar otros caminos. Ahora estoy escuchando mucho la obra de Manuel Göttsching y Ash Ra Tempel, que me parece fascinante, como lo más reciente de John J. Presley, que es muy bueno.

Son pocas las canciones en las que cantas, ¿de qué ha dependido que ciertas composiciones las hayas acompañado con voz y otras no?

En este disco no quería darle a la voz un protagonismo global, no pretendía que tuviera más presencia de la que al final ha alcanzado y utilizarla de manera natural, como si fuera un instrumento igual de importante que los demás. Para eso no tenía que depender tanto del contenido letrístico ni que resultara un factor determinante para la creación de la canción, es más, si tenia que suprimir texto o cambiarlo en función de la estructura o arreglo musical, lo hacia sin problema. Se puede decir lo mismo de diferentes maneras, por eso no lo he considerado un elemento principal en ningún momento. Mi visión era que tenia que hacer música con arreglos, entre ellos estaría, a veces, la voz en aquella canción que lo necesitara.

Partiendo del propio título del disco, ese tono sombrío musical está muy presente a lo largo de todo el trabajo, pero, ¿es al mismo tiempo el reflejo de un estado emocional que queríais expresar?

Cuando acabé el disco no me fijé en un estado emocional en concreto porque había muchos “estados” fluyendo durante la grabación y creación, pero todo me llevaba con cierta inercia a una producción oscura y muy ambiental, que incluso me hizo recuperar lugares y cosas de antaño. Pero tampoco es un disco que pretenda expresar nostalgia ni nada parecido, más bien es la aparición de ciertos recuerdos, posiblemente debido a que van con la edad de uno.

Tu disco transmite un sonido que evoca estados de ánimo, sensaciones, pero también paisajes nocturnos, desérticos… ¿A la hora de componer, en tu mente también jugabas con un imaginario audiovisual más que con historias?

Alguien me dijo algo bastante parecido a eso cuando salió el disco, como que le había encaminado a detenerse y contemplar con mayor dedicación ciertas sensaciones y que se imaginaba imágenes de ese tipo. Lo cierto es que yo no me di cuenta de esto hasta finalizar la grabación y empezar a construir los videos de “Circle” y “Endless Surface”, que aunque sean muy diferentes entre sí, los dos se anexionan perfectamente con la música, que a su vez es una invitación a ver y adentrarse en su mundo.

Creo que lo que define a este disco es que a la hora de componer me he dejado llevar por múltiples sensaciones que han desembocado en sus propias historias, en las que uno puede encontrar coincidencias y similitudes.

Si en el tema homónimo es el blues el idioma que asoma y en “Gordon” el folk, en otros sin embargo juegas con las programaciones y con texturas más vanguardistas, ¿un concepto de canción más instrumental favorece más la experimentación que aquellos temas, digamos, de pop-rock al uso?

Quería huir hacia adelante para intentar no encontrarme con lo que ya había hecho hasta ahora, incluso escapar lejos de lo obvio, tanto como para incluso decirme: “esto, lo “standard”, se haría de esta manera, pero lo voy a hacer de este otro modo e intentar que me comunique algo especial y novedoso». En este disco ha habido una búsqueda constante de dar con la tecla exacta para conseguir esa sensación, que siempre es difícil de encontrar pero que en este caso se logró.

En todas y cada una de las canciones ha habido experimentación absoluta con nuevos elementos que anteriormente no había tratado. Nunca me hubiera llegado a imaginar que iba a acabar utilizando algún día ciertas bases programadas o tocar la batería por encima de ellas para crear algo diferente, o incluso recurrir a algún sintetizador para mezclarlo con ambientes y arreglos de guitarra y bajo. El resultado, en definitiva, es un disco libre.

Volviendo a ese tema más folk, “Gordon”, además de ser el único donde predomina el formato acústico también traslada un cierto tono más luminoso, ¿fue el resultado de buscar un final que supusiera una vela prendida entre tanta oscuridad?

“Gordon”, al margen de cerrar el disco, fue la ultima canción que grabé debido a un suceso de ese momento. En consecuencia, se escribió como una dedicatoria u homenaje a un músico que me inspiró mucho a lo largo de mi trayectoria musical, el señor Gordon Lightfoot. Creo que la luz que puede desprender el cierre de este disco es la que genera él mismo, ya que quise utilizar la acústica de una manera parecida a la que él y su banda la solían incluir en sus discos, como una especie de tributo o propia marca, pero también quería darle el ambiente e instrumentación que marcaba ya el resto del disco. Pero si, podemos decir que puse una vela prendida en forma de canción.

Viendo el resultado del disco, que transmite un sonido misterioso y embriagador lleno de detalles, en el que has ejercido como productor y lo has grabado en tu propio estudio, uno puede llegar a imaginarte como un alquimista probando y jugando con diferentes texturas sonoras, ¿te has sentido a algo parecido a esa figura en este disco?

Totalmente, como una especie de Doctor Frankenstein intentando dar vida a la criatura, pero danzando entre melodías y contestaciones. La experiencia con este disco ha sido muy positiva y satisfactoria, ver cómo y hacia dónde uno puede realizarse y tomar ciertos caminos que, o bien no me decidí a emprenderlos, o bien los vi pero pasé de largo ignorándolos en determinado momento.

¿En ningún momento barajaste la opción de contar con banda, más allá de la implicación en ciertos teclados de Jesús Aramberri, o de un productor externo?

Por un lado este disco lo enfoqué como un reto en el sentido de tocar instrumentos que nunca anteriormente lo había hecho. Por otra parte todo iba sobre la marcha, nada de “demos”, ni preparaciones, ni estudiado, quería tomarme el tiempo necesario y libremente para poder desarrollar todo lo grabado sin prisa y sin ningún tipo de presión, únicamente dirigir mi mente hacia la creación. Por eso posiblemente contar con un productor “externo” hubiera creado ciertos conflictos debido a este modo de trabajo. De todos modos era algo personal que quería afrontar de esta manera y que, a la postre,  además de haberme costado mucho trabajo la grabación, también me dio mucho disfrute.

Siempre se dice que ciertas canciones sirven de catarsis, como forma de expulsar los demonios, ¿hacerlo con composiciones donde predomina el ambiente instrumental y por lo tanto se es menos explícito, tienen también ese poder?

Pues no lo sé… Posiblemente hubiera algún demonio que otro que haya sido expulsado con este disco, pero no lo he concebido como algún tipo de ritual de cara a ello, en todo caso fue más bien para no pensar en ellos. Hace muy poco leí a alguien decir que este disco le generaba cierta paz, y creo que en cierto modo puede ser así, y me alegro que contribuya a ello y más en esta época en que vivimos de cierta crispación social.

Pero al margen de esto último, creo que es necesario, y puede ser a lo que se referiría dicha persona, tomar nuevos caminos de libre expresión musical, o por lo menos mirar a aquellos tiempos de antaño donde otros los tomaron sin complejos, sin miedo a esos posibles demonios.

¿Y este Fer García, el autor de un disco en solitario, es resultado también del aprendizaje acumulado en todos esos proyectos en los que has participado o participas o por el contrario sientes que es una representación más personal que tiene su propia naturaleza?

Para mí todo es y será un aprendizaje hasta mis últimos días en este mundo. Todo lo hecho hasta la fecha es como un testimonio de que algo ocurrió y se hizo de determinada manera en cierto momento, por eso siempre que acabo una obra ya estoy pensando en lo siguiente, ¿qué será?, ¿Cómo será?, ¿Con quién lo compartiré? Es algo que cargo con ello pero cada vez con más tranquilidad.

En ¨Bleak Portrait¨ quise hacerlo de esta manera con la colaboración de Jesús en algunas canciones y también con la ayuda de mi hijo Adrián (de 7 años) que me diseñó la portada del álbum. Por lo demás ahora mismo creo que esto es el comienzo de una nueva trayectoria de discos bajo mi propio nombre y a su vez también me veo colaborando con otros músicos y nuevos proyectos.

En tu participación en otros proyectos intercalas algunos con menos reconocimiento popular y otros, como ser parte de la banda de Diego Vasallo, de éxito, ¿cómo se lleva eso de alternar momentos de apoyo popular con otros menos? ¿Sientes que a pesar de todas las facilidades que hay hoy en día para acceder a la música sigue primando el nombre por encima del contenido?

Pues con total normalidad, igual que ciertos ciclos de la vida. Creo que el público cada vez es más abierto y te sorprende ver hacia dónde va y a dónde no. Quiero decir que están involucradas un tipo de circunstancias que escapan de tu control e incluso entendimiento; ¿Cómo saber cuánta gente va a ir a tu concierto hoy en día? He visto de todo, y seguiré viendo, y por eso he dejado de preocuparme de esas cosas desde hace ya mucho tiempo.

Lo que sí creo es que estamos viviendo una época de cierta supervivencia a cargo de legados. Me refiero sobre todo a ciertos artistas, procedentes de latitudes de popularidad, que no quieren arriesgar en la época actual o que simplemente se conforman con el éxito creado hace cuarenta años porque los fans lo reclaman. Yo esto lo respeto, y también lo podría entender, como no podría ser de otra forma, pero no lo comparto del todo porque es como si la vida se hubiera detenido en determinado momento y se viviera en un bucle…

Para mi el éxito absoluto, y esto lo digo de verdad, no para quedar bien, es poder acabar una canción y decirme: “Ya está”. Ni más, ni menos… El resto de cosas ya no dependen de uno.

Teniendo en cuenta que te has encargado prácticamente de todo tú, ¿qué futuro, y bajo qué formato, va a tener el disco de cara al directo?

La idea inicial es un formato trío, donde, a parte de mí, la configuración se completaría con un baterista y un teclista, pero la puerta siempre estará abierta a diferentes configuraciones. No quiero cerrar nada cuando el disco proporciona tantas posibilidades de interpretarse y formas diferentes de cara al directo. El futuro todavía no está escrito. ¿Esto lo dijo alguien, no?

 

Texto: Kepa Arbizu

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