Discomático

Rupert Wates – Elegies (Bite Music Ltd.)

Elegies | Rupert WatesUna guitarra acústica, un bajo ocasional y por encima de todo una voz suave y profunda, seductora en sus aterciopeladas inflexiones, son todas las armas usadas por Rupert Wates para este, su duodécimo álbum. Un nuevo tratado de folk repleto de referencias literarias que no esconde ni por un momento, en sus melodías, la deuda contraída con el género en Reino Unido a finales de los sesenta. Imposible dejarse mecer por estas canciones sin que vengan a la mente los nombres de Nick Drake (siempre él), Bert Jansch o los dos Johns, Martyn y Renbourn.

Pendiente de que se le reconozca un día de estos como el maestro del fingerpicking que es, este londinense afincado desde hace tiempo en Nueva York tiene la capacidad –al menos en los discos suyos que he escuchado, la mitad más o menos– de resultar sedante en el mejor de los sentidos; esto es, esquivando lo soporífero (ese mal siempre emboscado a espaldas del cantautor) para regalar retazos de música hipnótica y analgésica, canciones que relajan el cuerpo pero te masajean esas partes del cerebro más receptivas a la belleza, al equilibrio y la armonía.

Con múltiples guiños poéticos, como hemos citado, pero haciendo gala a su vez de un prodigioso talento propio al respecto, por los versos de Elegies se pasean Poe y Coleridge (ambos más que implícitos en la maravillosa «The Storm»), John Keats o Alfred Lord Tennyson, sin olvidarnos de La Muerte de Arturo, de Thomas Malory, de cuyas páginas sonsaca y reinventa un emocionante diálogo entre Ginebra y Lancelot tas la muerte del rey, en la magistral «Guinevere». Demostraciones de persona leída, que no irían más allá de la anécdota si no vinieran acompañadas de algunas de las mejores y más inspiradas melodías que uno ha escuchado desde hace tiempo. Incluso cuando renuncia a la cita culta, como en «Cathy» o «Like Sunrise», el resultado no desluce ni por un instante. Ni siquiera cuando toma prestadas todas y cada una de las virtudes de Nick Drake en «On A Midsummer Morning», uno no puede por menos que quitarse el sombrero, imaginando lo perfectamente que encajaría la canción entre el resto de temas en Five Leaves Left y, aun así, mantener su personalidad. Si además pensamos, una vez disfrutado el conjunto, que el disco entero fue grabado en un solo día, solo queda volver a ponerse el sombrero para poder quitárnoslo de nuevo.

 

Eloy Pérez

 

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