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Alhambra Monkey Weekend – El Puerto de Santa María

Biznaga

VIERNES 16 DE JUNIO

Cuando aprieta el calor, algo cada vez más frecuente, sobre todo en el sur, los monos bajan de la copa de los árboles y buscan la tierra firme. Y eso es lo que hicieron el viernes 16 de junio, resguardarse entre las murallas del Castillo de San Marcos –otrora apartamento turístico para ilustres como Juan de la Cosa o incluso Cristóbal Colón–, agotando todas las entradas de la primera jornada del Alhambra Monkey Weekend.

 

Alejando el viernes de la premisa de ser un trampolín de bandas emergentes  –premio al que descifre al completo un programa de mano de un Monkey Week o Weekend–, la primera noche del festival se dedicó a cuatro bandas conocidas y reincidentes. Branquias Johnson, un gordo que toca rock and roll de mierda, en sus propias palabras, tuvo un doble mérito: abrir un festival cuando aún la gente está saludando a los camaradas y haciendo las últimas gestiones típicas de estos eventos (…) y salir a tocar con una camiseta interior de tirantes. Ambas cosas las solventó a la perfección, ya que no solo toca rock and roll, sino que lo siente y lo transmite. Y el viernes, además, lo sudó.

Branquias Johnson

Aún con el ambiente crepuscular de las fechas que preceden al día más largo del año apareció Dani Llamas al frente de su banda, otorgándole la mayor parte de su repertorio a su último largo, A fuego, justo tres días antes de empezar a grabar su nuevo disco. Una banda engrasada y en estado de gracia a la que quizá le hubiera hecho más justicia actuar en un recinto más apropiado –léase teatro, auditorio…– para paladear el estudio y la deconstrucción honesta de los palos del flamenco que viene haciendo Dani Llamas desde que se instaló musicalmente en nuestro folclore. Aún así, canciones como “Que lleva el río” o la solemne “Romance de Juan García” son capaces de elevarse por encima de todo eso y calaron en la parroquia. Parroquia que, a esas alturas iba pidiendo fiesta, que para eso paga su abono –quien lo paga, claro–, y creo que la propuesta de Arde no logró hacer entrar en calor al respetable, emparedados entre Dani Llamas y Biznaga.

Dani Llamas

La valiente propuesta de Isaac Mangas, a medio camino entre lo psicodélico y lo progresivo, pese a salir airosa y notable en disco, flaqueó por momentos sobre las tablas y bajo las almenas, pese a algunas buenas fases de comunión. Y, para finalizar, Biznaga, una o dos generaciones por debajo de la media del respetable, dieron el concierto esperado, pese al outfit que gastaban. Le apretaron las tuercas al punk, ora tirando de melodías, ora elevándolo con juegos de guitarras. Tengo curiosidad por ver cómo evolucionará la banda madrileño-malagueña.

La post-party, a la que accedimos a través de pasadizos secretos del castillo, no convenció ni a tirios ni a troyanos, y mira que era fácil, así que nos largamos de las Bodegas Caballero para afrontar lo menos mal posible la jornada sabatina.

 

SÁBADO 17 DE JUNIO

 El Monkey Weekend del viernes, así aislado, podría pasar por uno más de los festivales que se reparten por toda la geografía española. Un escenario, cuatro conciertos, y nada nuevo, salvo el cobijo de las murallas centenarias. La jornada del sábado ya es otro cantar, porque el escenario, en singular, se convierte en un protagonista más, si no en el protagonista, del Monkey Weekend, como el desierto de Arizona en las películas de John Ford.

Este protagonismo se pone manifiesto en toda su extensión en la ruta Puerto Escondido, cuyas dos primeras paradas fueron en la jornada matinal del sábado.  Atravesando un patio y subiendo una escalera metálica llegamos a la sala de los molinos de la Fábrica de Harinas El Vaporcito. Allí, bajo un entramado de tuberías, rodeados de maquinaria vintage con grandes botones (Peckinpah hubiera matado por rodar allí una pelea con Warren Oates) se congregaron los más madrugadores (yo también, sin que sirva de precedente) para ver el concierto de Arico, una suerte de Micah P. Hinson canario con camufladas dosis de reivindicación. Allí, en un rellano de una escalera, rodeado de sacos etiquetados como Don Churrito (maravilla), dio su recital, intimista, lírico e intenso. Suena a coñazo pero no lo fue, en serio.

La siguiente parada de la ruta era la destilería de Cacao Pico, donde actuaba Amaia Miranda, cantautora a la que me apetecía ver; pero, hete aquí que cuando llegué el aforo estaba cubierto y una cola de humanos esperando al sol. Le pregunté al de la puerta por el acceso para periodistas gonzos, pero creo que no me entendió. Entre una espera incierta al sol y una cerveza fresquita, opté por lo segundo, así que os debo un concierto de Amaia Miranda.

Arico

La tarde del sábado comenzó a las 17 en el Castillo, después de bajar la paella, pero con un sol de justicia. En el Patio del Olivo, los portuenses Seco Seco Seco congregaron a un buen número de fieles que se apretujaban buscando la sombra que derramaba la torre del castillo. El perímetro cambiante de esa sombra separaba la vida de la lipotimia. Pese a todo, divirtieron al personal con su música marciana para cadenas de montaje, de precisión milimétrica e hipnótica. Me dolió dejar la sombra, que mis buenos codazos me costó conseguir, pero tenía que trabajar, y pisé por primera vez la Pista Jagermusic, una versión lite del famoso y añorado escenario de los coches de choque del Monkey Week (en mi pueblo, coches tropezones, maravilloso).

Allí, el cuarteto Lisasinson vació su repertorio con energía y nos restregó su insultante juventud por la cara. Nota a su favor: sonreir mientras cantan. Qué poco le pido a la vida. De vuelta al castillo, mi sombra había sido okupada, así que tuve que ver al sol la música refrescante (menos mal) de Sebastian Orellana y Lorenzo Soria, y viceversa. Mucha cumbia, mucho folclore lationamericano y buena sintonía con el respetable, que iba con ganas de bailar, como debe ser. Bien por ellos, hombre. Todo lo contrario a cualquier atisbo de baile (y menos aún, de cumbia) tenía lugar a la misma hora en el Museo Arqueológico “El Hospitalito”, el tercer escenario de la ruta Puerto Escondido. En el enorme patio de entrada del edificio neoclásico de 1753 –que lo he leído en la Wikipedia–, hoy convertido en museo, estaba Rebeca Díaz, más conocida como Rebe, entusiasmada por dentro, ofreciendo su show a cielo abierto a un nutrido grupo de asistentes. La propuesta, una suerte de Jeanette cruzada con Laura Ingalls, puede gustarte o no, pero no deja indiferente, y creo que ha sido uno de los bolos donde más salieron a relucir las cámaras de los móviles. El tirón de las Lolitas.

 

Los Jaguares de la Bahía (Foto: Pablo Bernardo)

¿Qué más? Ah, sí, dejamos el escenario Hipotensión y volvimos a uno de nuestros enclaves favoritos, la Pista Jagermusic, donde los dos gregarios de Rosin de Palo –aficionados al ciclismo en su Zaragoza natal– salieron de debajo de una enorme bandera no sé de dónde para llevar su bendita marcianada, a base de contrabajo y batería, al público, cada vez más entregado.

Con este caldo de cultivo, Los Jaguares de la Bahía no tuvieron que esforzarse mucho (ya lo hicieron seguro en los ensayos para dar forma a mashups imposibles) para convertir el famoso karaoke del Monkey Weekend en el centro neurálgico del festival, lo que me impidió ver otros bolos que se solapaban como el de Ravecalé, Carmen Xía y Juan Azul. Que uno tiene ya una edad. Y cuando acabaron “My way”, sin vergüenza ninguna, al Castillo de San Marcos, que se imponía un doble regreso a las cavernas. Por un lado, Guadalupe Plata, , ahora convertidos en dúo, que venían con su sexto álbum bajo el brazo. El título: Guadalupe Plata (ríete tú de Fleetwood Mac, que solo tienen dos discos con el mismo título homónimo. Los de Úbeda tienen ¡seis! con el mismo título. Y que no decaiga). Los Guadalupe ofrecieron un concierto con dientes de sierra en un festival en el que se sienten como en casa.

Guadalupe Plata

Al mismo tiempo, Monteperdido descargaban ímpetu en el escenario gratuito de la Plaza del Castillo ante un aforo escaso, lo que no hizo mella ni en su brío, ni en actitud ni en los bailes serpenteantes de Bego. Igual hay que cobrar entrada. De nuevo dentro del castillo, Guadalupe Plata concluían, aulllando, el conjuro con el que liberaron las almas de los que fueron torturados en sus mazmorras. Toma ya. De un arqueólogo del folklore, Pedro de Dios, a otro arqueólogo del folclore, Tomás de Perrate, en su encarnación más transgresora. Acompañado del compositor sevillano Árbol (de segundo apellido Pavón, como La Niña de los Peines) hizo astillas los palos del flamenco y las esparció entre el respetable. Electrónica, percusión, quejío, raza y sentimiento. Suena muy bonito pero parece que la propuesta no caló como debiera en un público parlanchín y huidizo.

Al igual que sugería con Dani Llamas, quizá se necesita un escenario más adecuado para este tipo de propuestas, para que sean disfrutadas con la atención y el respeto que merecen. Y si hablamos de atención, de llamar la atención, hay que hablar de nuevo de Paco Loco, Los Jaguares de la Bahía y sus trajes de luces, que no de toreros. Para ese momento ya sí se había animado la Plaza del Castillo, y eso que no es que sean una novedad, precisamente. pero bueno,como cada concierto suyo puede ser una sorpresa, el trío sigue arrastrando a sus fieles, y más jugando en casa.

 

Sistema de entretenimiento (Foto: Pablo Bernardo)

El último concierto del festival estuvo muy gracioso. Skiper, Anna Banana y Guixu son Sistema de Entretenimiento, una banda que podría haber sido entrevistada en Caja de Ritmos por el recientemente fallecido Carlos Tena allá por 1983. Con desparpajo, mucho morro y poco repertorio, al habérseles jodido el disco duro externo donde llevaban las bases, descargaron su punk retro-futurista (a ver cómo se come eso) en poco más de tres cuartos de hora, convocando el pogo, ausente durante toda la jornada (con Guadalupe Plata y Perrate no era plan, también es cierto) y concluyendo el concierto repitiendo la primera canción. Igual como cierre de festival hubiéramos deseado ver a una bandaza consolidada que nos hubiese puesto los vellos como escarpias, pero, como reza el slogan, esto es para descubrir hoy la música del mañana. Y no se hable más.

Y como la jornada diyeística del viernes nos espantó un poco (no solo a mí), preferimos retirarnos antes de recorrer de nuevo los pasadizos secretos de la fortaleza y acabar en la pista de baile. Además, que uno tiene ya una edad.

Texto: Juan Carlos León

Fotos: Luís Romero

 

 

 

 

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