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Madness – Jardins de Pedralbes (Barcelona)

 

La única que vez que había visto a los Madness había sido en Londres, en el Hammersmith Odeon, el 31 de diciembre de 1985. En el repertorio de aquella noche de Año Nuevo en su ciudad natal, apostaron fuerte por temas menos conocidos (Time, I’ll Compete, Michael Caine, Uncle Sam, Yesterday’s Men, Burning The Boats) y en cambio fueron muy tacaños con los grandes éxitos. Tal vez querían dejar atrás su faceta más ska, luminosa y divertida, y ser tomados en serio como grupo más maduro y sofisticado. En cualquier caso, todavía recuerdo salir del Hammersmith Odeon pensando que había perdido ese tren para siempre, que los Madness ya nunca volverían a ser los de los arrebatadores primeros discos.

Qué contraste radical con lo que tuve ocasión de vivir en Jardins de Pedralbes. Los que los habían visto en el Festival Vida hace pocos años ya me habían hablado muy bien de su actuación, y aún así, no esperaba un acto de reivindicación tan completo.

Salen al escenario, y como si quisieran despejar cualquier sombra de duda, arrancan con One Step Beyond, toda un declaración de principios, que en cualquier caso habría imaginado como tema de despedida. La banda suena espectacular, y la platea responde con un temprano pogo de bienvenida. La sección de viento invitada para esta gira es de altísimo nivel, y sin embargo para nada intenta robarle protagonismo al saxo de Lee Jay Thompson. El gorila calvorota es uno de los miembros originales de la banda y pilar indiscutible de la actuación. Suggs, el cantante, que en todo momento se muestra alegre y comunicativo con el público, no para de involucrarlo en sus bromas, y hacia el final del concierto entabla una breve conversación con un niño que está en primera fila. “¿Cómo te llamas? ¿Adrià? ¿Y cómo va el colegio? Haz lo que quieras en tu vida, pero sobre todo edúcate bien, o acabarás como…. ese de ahí!”

Después de One Step Beyond se suceden los hits. Embarrassement, Rock Steady Beat…. Coincidiendo con esta última, sobre la pantalla de vídeo que hay al fondo del escenario, proyectan imágenes de singles de Prince Buster (1938-2016), el artista de ska jamaicano que tanto los influyó en sus inicios, y cuyo tema, “Madness”, se convirtió en el nombre definitivo de la banda, que en sus inicios más remotos se había hecho llamar North London Invaders o Morris and the Minors. La noche, insisto, tiene mucho de puñetazo en la mesa y de reivindicación de una trayectoria musical impecable, arraigada en el ska y en el steady beat. No hay que olvidar que en 2004, coincidiendo con su 25 aniversario, el grupo se rebautizó brevemente como The Dangermen, y se dedicó a hacer versiones de algunos de sus temas favoritos de reggae o ska.

El uso que hacen de los audiovisuales es ejemplar: en algunas ocasiones desenfadado, en otras elegante y lleno de referencias al cine de autor los años 60. Las secuencias de “Billy Liar”, película británica de 1963, o las de “Los 400 Golpes” de Truffaut (1959), o las de Elizabeth Taylor en su papel de Cleopatra (1963) no desentonarían en un concierto de Morrissey.

Prosigue el espectáculo. Suggs arremete contra las Spice Girls, cuyo Wannabe se lanzó hace 25 años, y para dar paso a My Girl, dice que un día vio a Johnny Depp en un bar de Londres, y que éste le dijo que tenía problemas con su chica. Para sorpresa de todos, en los últimos compases del tema, se pone a cantar “what I really really want”.

No todo el repertorio consiste en temas clásicos. También suena Lovestruck, de 1999, o Mr Apples, de 2016, pero el peso recae en las canciones más memorables, joyas magistrales de pop, de dos o tres minutos de duración, como House of Fun, Baggy Trousers, Bed and Breakfast Man, Shut Up, It Must Be Love, Our House, The Return Of The Los Palmas 7…  Para la recta final, se reservan dos últimas andanadas: Night Boat To Cairo, acompañada por las ya mencionadas imágenes de Elizabeth Tayor en su papel de Emperadora de Egipto, y recibida por el público con el mayor pogo de la velada, y Madness, el tema de Prince Buster. Es el broche a una velada inolvidable. Por última vez, orgullosa reivindicación de sus orígenes musicales, y al mismo tiempo, ya que se trata de una canción sobre la locura, proyección de imágenes del excéntrico Boris Johnson en la pantalla de vídeo. Así eran las bandas a finales de los 70 o principios de los 80, no tenían miedo a enfangarse, a posicionarse políticamente o a hacer comentarios sarcásticos o hirientes sobre la actualidad.

Mientras abandonamos nuestros asientos, suena por megafonía “Always Look On The Bright Side Of Life” de los Monty Python. De principio a fin, el concierto ha sido una celebración de la cultura británica, con sus luces y sombras: mientras camino hacia la calle, pienso que muy al principio, Suggs fue despedido del grupo porque prefería ver partidos del Chelsea en lugar de ensayar; que los Madness tocaron My House en directo en un episodio de The Young Ones; que fueron invitados a actuar en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres, o que sin ellos, un disco clave de la década de los 90 como Park Life de los Blur nunca habría existido. Tan contento salgo del concierto, que a punto estoy de pararme en uno de los puestos de merchandising, y llevarme a casa uno de esos birretes rojos que venden en alusión a Night Boat to Cairo.

Texto: Alex Fernández de Castro

Fotos: Marina Tomás

 

 

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