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Imelda May – Bourbon Fest / Teatro de las Esquinas (Zaragoza)

El viernes echaba la persiana esta edición del Bourbon, con cambio de sede de la intimidad en el habitual Rock & Blues, al Teatro de las Esquinas. Un cambio esencial para acoger toda la magia que tenía preparada para la noche la maestra de ceremonias encargada del cierre, la dublinesa Imelda May. No entraremos en si mejor Imelda rocker o Imelda ARTISTA (si, con mayúsculas), porque parafraseando a Samuel L. Jackson, “ni siquiera son el mismo jodido deporte”.

Antes de pasar al acto principal, merece la pena reseñar la actuación de Rachel Sage, que junto a Kelly Halloran al violín dejaron una excelente tarjeta de visita. Propuesta intimista pero llena de infinitas capas imaginables -tanto sonoras como visuales- en sus composiciones. Talento al desnudo desatado con embriagador aroma primaveral.

Tras un breve descanso, se hizo la oscuridad para dar paso a Imelda y su banda sobre el escenario. Desde el primer acorde quedó claro que la producción de esta gira es inconmensurable, apreciándose una cuidada atención en cada detalle. A la excelente combinación de efectos de luz y proyecciones, se suma el sobrio vestuario de May, ataviada con un elegante vestido negro con volantes -que iría cambiando por flecos o por tirantes conforme avanzaban los temas. Como resultado, una apabullante experiencia visual. El sonido no queda atrás, resultando exquisito y rico en matices, a la par que demoledor cuando es necesario, gracias al savoir faire de la banda, a la sintonía con el equipo técnico, y sobre todo al manejo de la dinámica vocal de Imelda.

El repertorio se basó con acierto en sus dos últimos largos, especialmente en el reciente 11 Past the Hour -cuyo tema homónimo abría la actuación- haciéndose fuerte en la intensidad de los tiempos medios, reminiscencias a Etta James mediante en una poderosa Black Tears, actitud vacilona en Just One Kiss y momentos realmente álgidos en Breath y Never Look Back. Sin renegar de sus anteriores trabajos, pero liberada de su legado, escogió solamente tres de sus temas antiguos, aprovechando una elegante reinterpretación del propio Mayhem para cerrar el grueso del concierto.

Regresaría no obstante al escenario con sendos recuerdos para Meat Loaf y Gloria Jones -que probablemente estuvieron de más- para finalizar íntimamente con una hermosa Diamonds, invitando a escarbar en el interior a la caza de los diamantes que siempre han estado en lo más profundo de nuestros corazones. Una actuación soberbia de una artista descomunal.

Texto: Hildy Johnson

Fotos: Cristina DeVille

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