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Azkena Rock Festival – Vitoria

Emmylou Harris

Una edición histórica ha pasado sobre nuestras cabezas y cuerpos dejando ese sabor tan mágico que dejan los grandes momentos. Un recuerdo que perdudará muy presente todavía unas semanas y aumentará el deseo de que pasen rápido los meses para volver a repetir la experiencia azkenera. El Azkena es un ritual, una liiturgia, una necesidad vital. Aquí desbozamos algunos de sus mejores momentos.

HISS GOLDEN MESSENGER

El primer punto de atención del jueves para un servidor eran Hiss Golden Messenger, el grupo de músicos que lidera M.C. Taylor, alma de un proyecto que domina en su totalidad. Aunque en ocasiones se me atragantan sus discos de estudio, ese abuso de medios tiempos hace que me despiste a veces y mi atención vuele a otros lugares, la oportunidad de ver como se comportaba en un festival me intrigaba. Y estuvo más que bien, respaldado por una banda muy solvente mostró su cara más rítmica y de sus instrumentos surgió la vitalidad y luminosidad contenida en esas canciones de rock norteamericano de toda la vida que tan buen rollo desprenden, sobre todo en vivo. Buenos temas, pulidas armonías vocales, solos luminosos y un espíritu jam band que resultó ser una refrescante compañía para soportar el inusitado calor de la tarde alavesa. Manel Celeiro (MC)

JERRY CANTRELL

Hay artistas que salen de la zona de confort de la banda madre para hacer otras cosas, dejar fluir la creatividad y exponer algo que sea marca de la casa pero con un toque diferencial. No fue ese el caso de Jerry, pues lo que trajo a Mendizabala se parecía en demasía a Alice In Chains, contando ya de por sí que seis canciones eran de la vieja Alicia. Y claro, si vas a parecerte a tu otra banda, al menos, que los músicos estén a la altura de las circunstancias, lo cual no fue el caso. Tampoco el sonido ayudó a que la cosa fluyera con naturalidad. Había un hombre tocando el pedal steel, pero nadie lo oyó. Lo cual hubiera dado a las canciones ese toque diferencial antes reclamado. Sergio Martos (SM)

DEWOLFF

Los neerlandeses DeWolff tenían que lidiar, a priori, con una de esas malas horas que el calor que azotaba Mendizabala hacía todavía peor. La lluvia, esta vez, lo arregló un poco y evitó que el sol masacrara a los presentes. Quizá espoleados por eso dieron un concierto sin fisuras – aunque nos perdimos el principio -, conscientes de lo que hacen y de que lo hacen muy bien. Levantaron los ánimos al personal, siempre tarea ingrata a primera hora, y acabaron por encender  con su hard rock & blues melódico y su rock psicodélico la llama de un día que acabaría siendo de los históricos del festival. Siguen creciendo sin parar. Eduardo izquierdo (EI)

MORGAN

Había cierta reticencia por los que queremos a Morgan por lo que podía pasar en ellos en un festival como el Azkena, donde el rockero de casta no perdona nada. El resultado es que lo volvieron a poner todo patas arriba. Fueron inteligentes y olvidaron buena parte de sus temas más lentos para centrarse en su versión más movida. Además, la voz de Nina no solo sonó tan rotunda como siempre, sino que llegó a rugir literalmente, sorprendiendo a más de alguno y alguna. Brillaron con el eterno pero de su disposición en el escenario. Algo que creo que no hace ningún bien a la banda. Estamos demasiado acostumbrados a que alguien tome el centro de la pista, y aunque musicalmente no les hace falta nada, eso deberían replanteárselo. Les resta puntos (EI)

FU MANCHU

Los californianos me parecen la banda más asequible de todas las etiquetadas como rock fumeta. Han hecho gala desde los primeros albores de su carrera de un gran sentido melódico y, dado que provienen de la escena hardcore y skate, siempre han tirado por la directa. Es decir, composiciones que se alejan de los cuelgues instrumentales propios del género y que disfrutan más de la inmediatez y de la energía que de las nubladas atmósferas de humo verde. Cercana la medianoche subieron al escenario y desplegaron toda la potencia de su arsenal guitarrero, devastando Mendizabala con un repertorio de clásicos que hizo las delicias de la concurrencia, que levito con pelotazos como «Hell On Wheels», «King Of The Road», «Eatin’ Dust», «Moongose» o su celebrada lectura del «Godzilla» de Blue Öyster Cult. (MC)

ISRAEL NASH

Se le acusa al músico americano de cierto inmovilismo en sus últimas obras. Al final, si uno se mueve con soltura en un estanque diminuto, para qué nadar en grandes océanos y ahogarse cuando menos lo espera. A esas alturas de la tarde, las 7 de la jornada del sábado, la música agradable y «segura» de Nash era un buen paliativo para lo que estaba por llegar en el resto del día: canciones que funcionan con poco, una voz envolvente y una banda segura. A veces menos es más. La música es música, o entras en ella o no. Y poco más hay que añadir. (SM)

EMMYLOU HARRIS

Hay que amarla. Dueña y señora de los escenarios, cada vez que pisa uno, la Harris no cedió ante los que pensábamos que adaptaría su repertorio, se inclinaría solo por el honky tonk y aquí paz y después gloria. No lo hizo. Sabe que su sola presencia y su impecable voz, por la que no parecen haber pasado los años, son un seguro de vida. Por eso no dudó en mantener sus temas más lentos, más Daniel Lanois, para entendernos – alguien que, de paso, marcó su manera de enfocar los últimos años de su carrera desde que coindieran en los noventa-.  En medio, brillaron momentos como un «Ooh Las Vegas» que empezó algo atropellado o el «Two More Bottles Of Wine» de Delbert McClinton pero, por encima de cualquier cosa brilló Emmylou. Tan eterna como su música. (EI)

DRIVE-BY TRUCKERS

Los Truckers parecen vivir el ocaso de su carrera, con discos venidos a menos, disminución de presencia en prensa especializada y fans perdidos en el camino. Viendo el estado físico de Patterson Hood tras la pandemia uno puede afirmar esa decadencia. Para remate, en los primeros 20 minutos de su concierto tuvieron en su contra un sonido pobre, que para catástrofe final, acabó yéndose del sistema de sonido exterior. Pero los tipos son perros viejos y remontaron, ya lo creo, a base de cojones, actitud, y sí, canciones, las que tanto les reclaman sus detractores. Porque esa tripleta final con «Let There Be Rock», «Marry Me» y «Angels And Fuselage» fue para quitarse el sombrero. (SM)

THE AFGHAN WHIGS

Llegó Greg Dulli mermado, aunque ignoramos el diagnóstico, y según los rumores que circulaban (de los cuales no tenemos certeza) fue por ello que la banda se dejó tres canciones en el tintero, haciendo enfadar a los responsables, que les exigían el minutaje estipulado en el contrato. Desde fuera no se apreció ninguna arista. Sí, Dulli ha engordado desde que dejó el tabaco y ya no pasa por la peluquería a disimular el pelo canoso. Pero nadie puede dudar de su capacidad como intérprete, cantando con corazón, rabia y una disciplina casi militar. La banda, a la que se ha incorporado Christopher Thorn de Blind Melon, suena como un tiro. Y tan solo se les puede achacar un repertorio en el que ya no hay tanto de lo otro, y sí mucho de lo de ahora. Dulli se acordó de su colega Lanegan, inmortalizado en una de las pancartas laterales del escenario grande. (SM)

SOCIAL DISTORTION

Nos lo debían, tras arrasar en la gira de presentación de uno de sus mejores discos, White Light White Heat White Trash (1996), no pasaron del aprobado en su primer paso por el Azkena (2005) y suspendieron en 2009 con conciertos cortos, el de Barcelona rozó el escándalo, y de baja intensidad. Bien, pues Social Distortion nos compensaron con creces en la presente edición, desde que abrieron con la pieza instrumental «Road Zombie» ya se barruntaba que esta vez sí. El sonido era rotundo y poderoso, las guitarras crujían y la predisposición de la banda presagiaba que iba a ser una gran noche. Lejos de la apática actitud que teníamos como último recuerdo salieron a comerse el escenario, con Ness dominado el cotarro con su chulería habitual, tirando de un repertorio prácticamente infalible, «Bad Luck», «Bye Bye Baby», «Sick Boy», «Machine Gun Blues», «California (Hustle & Flow)», que fundió en comunión a banda y audiencia, comunión que llegó a su cénit -partiendo unos cuantos corazones de la emoción- cuando sonaron «Dear Lover» o «Prisión Bound». Y la traca final con «Story Of My Life» y una apoteósica «Ring Of Fire», menudo jolgorio se montó, cerraron un soberbio concierto. Algo que el propio Mike Ness confirmaba al día siguiente en sus redes sociales.

THEO LAWRENCE & THE POSSUMS

La baja a última hora de Kim Lenz hizo que fueran Theo Lawrence y su banda, The Possums, los encargados de animar la matinal del sábado en la Plaza de la Virgen Blanca. El tremendo solazo que caía sin piedad sobre el bonito enclave vitoriano pronosticaba un concierto en la distancia, es decir, con el personal refugiado a la sombra de los edificios adyacentes o protegido bajo las sombrillas de las terrazas. Y así empezó la cosa, pero poco a poco la cautivadora mezcla de rock & roll, country, honky tonk y rockabilly que salía de los altavoces fue conquistando los pies de los presentes provocando que el frontal del escenario se llenara de alegría bailonga, cervezas frías aligerando la resaca y reparadores chorritos de agua que los buenos samaritanos lanzaban desde sus pistolas de agua y vaporizadores. Toda una fiesta. (MC)

Ryley Walker

RYLEY WALKER

Llegas al escenario, te sitúas fácilmente en primera fila y lo primero que ves es sorprendente: dos baterías. Porque a Ryley le figuraba más en su faceta folk, tranquila y llena de adornos de fingerpicking, en los que sobresale esa voz que a veces recuerda al inmortal John Martyn. Pero esta vez llegó en formato rock, con un bajista alucinante, los dos baterías flotando y coloreando los espacios, y él en plan «dios del noise», farfullando con esos extraños punteos, acordes imposibles y variando las canciones como le llegaban a la cabeza (o corazón). Fue el concierto jam band del festival y lo disfruté enormemente. De hecho, la incorporación de bandas o artistas del estilo para el futuro, sería una más que encomiable noticia. (SM)

PATTI SMITH

Llevaba tiempo sin disfrutar de Patti. Aunque cueste creerlo, la última vez que le vi en Barcelona me dejó la sensación de ser una artista devorada por el personaje, actuando por inercia y disfrutando los vítores de un público poco exigente y capaz de aplaudir la mayor estupidez. De ella quedaba el escupitajo eventual y la voz. Sin embargo, la pandemia nos trajo de vuelta a la vieja y combativa Patti; furiosa, empática, emotiva, y creyéndose cada silaba entonada, cada nota cantada. No fue cosa eventual por tener al público de Azkena enfrente, pues las voces ya avisaban de este cambio tras la actuación en Barcelona dos noches antes. «El futuro es ahora», avisó Patti, pero no era palabrería barata, era un refuerzo a unas interpretaciones bárbaras, en las que ella se contoneó por el escenario con el puño en alto, siendo esta una de las imágenes icónicas del rock, el tatuaje perfecto. Emocionó leyendo a Ginsberg con esa sobrada naturalidad, la apoteosis de «Free Money» fue uno de los mejores momentos de la historia del festival,  y cuando llegó «Pissing In A River» estábamos absolutamente vendidos. Al final se sumó Emmylou Harris para la festiva  y reivindicativa «People Have The Power». Fue la foto perfecta.  (SM)

DANIEL ROMANO

Dejando al margen el sentimentalismo de ver según qué artistas y la mitomanía, el canadiense se pasó por la piedra a todo el mundo. No dio tregua, ni siquiera entre canción y canción. Salió y arrasó. Como el Dylan más punk, el de principios de los ochenta. Haciendo lo que Bob ya no quiere, pero tampoco puede hacer. Apabullante. Sin repertorio previsto. Aplastante. Acelerando todos sus temas. Seleccionando pinceladas de muchos de sus discos y demostrando que si hay futuro en el rock and roll está en manos de tipos como él. Con decir que hubo gente que tras su concierto decidió irse porque no podía asimilar lo que había vivido está todo dicho. (EI)

SUZI QUATRO

Hablando de imágenes icónicas, la de Suzi con el bajo a la altura de la cintura. Tan solo se me ocurre un músico que denote esa fuerza con el instrumento y ya no está entre nosotros: Phil Lynott. Lo de Suzi es inspirador, pues su carrera se estancó en tres éxitos que sucedieron hace décadas (cuatro si contamos el dueto con Chris Norman, «Stumblin’ In», que sonó en su concierto), pero ha batallado, se ha mantenido en una forma brutal, ha recibido el halago de la industria con el documental dedicado a su figura y hoy día ofrece un espectáculo de arena-rock que puede competir con muchas cosas que lideran el circo de clase A. Sección de viento, coristas, banda solvente… Todo para cubrir los poros, si los hubiera, y ella reinando al borde del escenario, mostrando simpatía y sudando la camisa. Escuchar «Can The Can», «Devil Gate Drive» y «48 Crash» tras años de hacerlo en la intimidad de la habitación, fue una sensación indescriptible. (SM)

MICHAEL MONROE

Hubo quien abandonó Mendizabala tras la actuación de Romano, quizás inconscientes de que el único rey del rock era quien cerraba el festival. Insensatos los que lo hicieron. Monroe, que llegaba con los 60 años recién cumplidos, destrozó, literalmente, el escenario. Y lo hizo desde que apareció, contorsionando su cuerpo como un adolescente, trepando las barras laterales, bajando a la audiencia, y además, cantando con agallas y potencia. Un día más en la oficina. Pero es curioso, a Sami Yaffa se le ven las costuras, pese al carisma napoleónico; Steve Conte ha agarrado peso durante la pandemia y está mucho más estático que antaño. ¿Pero él? ¿De qué galaxia procede este hombre? Doy por hecho que algún día bajará el voltaje, pero hoy día sigue sin tener rival en un escenario. Y luego está ese puñado de canciones que defiende con orgullo. El final con «Oriental Beat» conjeturó un broche dorado a una edición de Azkena necesaria. Redención con rock & roll. Inmejorable. (SM)

Textos: Manel Celeiro, Edu Izquierdo y Sergio Martos
Fotos: Dena Flows

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