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The White Buffalo – Razzmatazz (Barcelona)

La anterior visita del búfalo blanco a la Ciudad condal, sala Apolo, se saldó con disparidad de opiniones. Bien para los amantes del hype de la presencia de sus canciones en la banda sonora de la popular serie de motoras Sons Of Anarchy y algo decepcionante para los que ya le seguíamos la pista hace tiempo. Fue, en mi opinión, un recital correcto, pero anodino, al que le faltaron matices y nervio, sobre todo que no puedes plantarte ante una audiencia ya considerable con la actitud hierática de una banda de folk. Para los bares y los pequeños clubes no hay problema; sin embargo, cuando das el salto hay que ofrecer algo más.

Con esas dudas nos plantamos en el espacio grande de Razzmatazz, todavía con más capacidad, para ver qué sucedía esta vez. No llegamos a tiempo de ver a los teloneros, L. A. Edwards, que a tenor de los comentarios recogidos lo hicieron realmente bien y se ganaron un puñado de nuevos fans. Desde el primer minuto ya vimos que algo había cambiado, ver a Jake en la puerta de la sala saludando y posando para los fans sonriente y feliz era una señal muy positiva, y así fue. Parecía una banda muy diferente a la de la anteriormente citada velada barcelonesa. El trío se plantó, de manera muy inteligente, en la parte frontal del escenario, en primera línea con el público, minimizando las distancias y generando sensación de proximidad. Actitud de banda de rock, enérgicos e intensos, con el batería Matt Lynott y el bajista Christopher Hoffé transformados en dos bestias pardas, bárbaros en la ejecución técnica y con Christopher aportando excelentes armonías vocales. Y Jack poniendo la guinda. Desbocado, subiendo a la tarima de la batería, saltando, arengando al público, comunicativo, simpático y demostrando unas dotes de fontman realmente notables. Tensos y con la vena marcada en los temas más rápidos y creando la atmósfera necesaria para esas baladas épicas que tan bien se le dan.

Su voz, esa gran baza, sonó poderosa y rota cuando fue necesario y sensible y descriptiva cuando el tempo lo requería. Como es lógico, las composiciones que ponían fondo sonoro a las populares aventuras del gang sobre ruedas de Charming fueron las que levantaron mayor reconocimiento por parte del respetable, «Come Join The Murder», «The Whistler», «Oh Darlin’ What Have I Done»», pero el repertorio del recital mantuvo el entusiasmo recorriendo toda su carrera. Que si de algo va sobrada es de buenas canciones, «Problem Solution», «One Lone Night», «The Pilot», «How The West Was Won», «Sycamore» o «Joe & Jolene», por citar algunos ejemplos, dieron fe de sus dotes de compositor. Canciones con vida, que respiran, que saben donde empiezan y donde terminan.

Total, que borró de un plumazo el agridulce recuerdo dejado en la gira prepandemia y justificó de sobras la cerrada ovación cosechada al finalizar su pase. De los mejores conciertos que un servido ha presenciado desde que podemos disfrutar otra vez de la música en vivo con cierta normalidad.

Manel Celeiro

Fotos: Sergi Fornols

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