Discomático

Jonathan Wilson – Dixie Blur (Bella Union-Pias)

Nueva vuelta de tuerca de quién encarna mejor actualmente los valores establecidos en San Francisco a finales de los sesenta. Al menos en lo que se refiere a sonido. Si Rare Birds (2018) nos cogió desprevenidos por la extravagancia y el modernismo en algunos pasajes, su nueva apuesta sigue sorprendiendo sin perder ni un ápice de su personalidad. Para este disco, deja de mirar a Laurel Canyon para instalarse en Joshua Tree. O quizás sería más correcto hablar de Nashville, que es donde se han grabado estos nuevos catorce cortes, con predominio de violín y pedal-steel. No se tiren de los pelos, pues sigue siendo el mismo Jonathan Wilson de siempre, solo que esta vez ha parido un disco de country-rock lisérgico sin perder sin alejarse de su inconfundible sello.

A día de hoy, su emancipación del legado psicodélico queda lejos de ser una realidad. Prueba de ello es el tema escogido para abrir dicho lanzamiento; ni más ni menos que «Just for Love» de los fundamentales Quicksilver Messenger Service —una delícia que suele tocar en vivo—, que no desentona con el que fue el primer adelanto de este Dixie Blur, «69 Corvette». Una preciosa tonada que reafirma el hecho de que estamos ante su álbum más personal hasta la fecha. Aunque hay espacios para aportes más festivos como «In Heaven Making Love» o «El Camino Real», en las que planea el espíritu de Doug Sahm. Salvo tan solo una excepción —«Korean Tea», que conforma el final del camino de esta nueva tanda de canciones—, no encontramos excesos de minutaje en dichas composiciones, con lo que demuestra que se puede mover cómodamente en ese registro. Un cambio de aires que bien exige nuevos compañeros de viaje, tales como el guitarrista Kenny Vaughan (Lucinda Williams, Marty Stuart), el mago de la pedal-steel Russ Pahl o el violinista Mark O’Connor (David Grisman Quintet, Dixie Dregs) entre otros. Para dar forma a todo esto, aparece la figura del multinstrumentista Pat Sansone (The Autumm Defense, Wilco) tras los controles, mano a mano con nuestro protagonista.

Un resultado que seguirá gozando de las bendiciones de sus incondicionales, puesto que en el fondo pocos cambios hay; más bien una personal manera de hacernos degustar su nuevo material. Ahí están «So Alive» y «Oh Girl» para cerciorarnos que es la misma persona que dió a la luz una de las obras puntales de la década pasada, Fanfare (2013). Flirteando con los aires campestres, pero sin perder de vista su omnipresente vertiente ácida. Otro peldaño en una de las carreras más interesantes de los últimos veinte años.

Texto: Jordi del Río

 

 

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