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Jimi Hendrix, «Electric Ladyland» … y los dioses hicieron el amor, con un guitarrista / #EnRutaEnCasa

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Desde su aterrizaje en Londres en septiembre de 1966 los hechos se habían sucedido a una velocidad de vértigo. Llegado el verano de 1967, y lejos de intentar aminorar la marcha, Jimi Hendrix afrontaba la composición y la(s) grabación(es) del que sería su tercer álbum de estudio como una tarea a intercalar en una agenda que, sobre todo debido a unas extenuantes giras americanas, apenas admitía un momento de respiro. ¿Misión imposible estar a la altura de las expectativas? No para él, desde luego. Es más, Electric Ladyland iba a ser su obra más ambiciosa, extensa, majestuosa y, también, la más personal, entre otros motivos porque acometió casi toda la embestida sin el respaldo de quien había actuado como su padrino hasta esos días, Chas Candler. Producido y dirigido por Jimi Hendrix, leíamos en los créditos del disco. Toda una declaración de intenciones.

Para muchos, este doble elepé es la obra maestra definitiva del guitarrista. Evitando entrar en comparaciones incómodas, no vaya a parecer que restamos méritos a sus impecables trabajos predecesores, lo realmente relevante es que Hendrix quería seguir innovando, asumía que tenía el talento y la creatividad necesarios para explorar terrenos desconocidos, disfrutaba de lo que hacía, se autoexigía como el que más y huía de cualquier tentación que le arrastrara hacia una zona de confort. De ahí que, en un contexto de tremenda presión, de distracciones intrínsecas al éxito y la fama, de fricciones entre músicos, de flirteo con las drogas y de giras agotadoras, fuera capaz de publicar un doble álbum tan influyente e imperecedero.

Tan pronto como en julio de 1967 -después de un multitudinario concierto en el Central Park neoyorquino- se grabó en los Mayfair Recording Studios de Time Square «Burning of the Midnight Lamp». Trece meses después, el 28 de agosto de 1968, concluyó la última sesión del álbum, en el Record Plant, también de New York. Conocer lo que sucedió durante ese año largo, es comprender más y mejor la génesis y el contenido de Electric Ladyland.

TRÁFICO AL CRUZAR LA CIUDAD… Y EN LA TORRE DE VIGILANCIA

Dejemos que sea el título de uno de los temas más emblemáticos del disco, el vibrante «Crosstown Traffic» con su extraordinaria recreación sonora de un caos rebosante de vitalidad, el que ilustre el entorno en el que se movía la Jimi Hendrix Experience a finales de 1967. Aunque la ya citada sesión de la que salió «Burning of the Midnight Lamp» se había consumado meses antes – con su peculiar intro de clavicordio, su atmósfera psicodélica influenciada por el verano del amor y los coros de las Sweet Inspiratons – las sesiones formales de Electric Ladyland no arrancaron hasta el 20 de diciembre en los Olympic Studios londinenses, precisamente con la grabación de «Crosstown Traffic». El power-trio original, con la ayuda de Dave Mason a los coros, parecía encarar la travesía urbana que relata la canción de la misma forma que abordaba su presente más inminente. Es decir, con la confianza de quien se ve capaz de superar holgadamente una carrera de obstáculos.

Un mes después se abrían de nuevo las puertas de los Olympic, esta vez para inmortalizar una revolucionaria rendición del «All Along the Watchtower» de Bob Dylan. Esta versión daría para un artículo entero, sin duda, empezando por la conocida admiración que Jimi sentía por Bob, siguiendo por las diferencias abismales respecto a la (entonces muy reciente) versión original y acabando por lo influyente que sería la visión de Hendrix en el futuro, hasta el punto de que el propio Dylan se inspiró en ella durante décadas al interpretar la canción en vivo.

Por otra parte, la sesión de «…Watchtower» estuvo marcada por la espantada de Noel Reading, molesto con el creciente impacto que tenía la vida social de Jimi en su faceta profesional. El bajista no soportaba la proliferación de invitados que acudían al estudio de grabación, haciendo que las sesiones se asemejaran más a una fiesta que a un trabajo serio. La Jimi Hendrix Explerience como concepto empezaba a desintegrarse, pero esto, afortunadamente, no iba a frenar el proceso creativo en el que estaba inmerso su líder.

Como consecuencia de la tirantez con Redding, el propio Hendrix fue quien asumió la tarea de bajista en gran parte de Electric Ladyland, incluyendo este «All Along the Watchtower» que, además, contó en algunos momentos con Brian Jones tocando instrumentos de percusión y, de nuevo, con Dave Mason, esta vez a la guitarra de doce cuerdas además de los coros.

Justo después de grabar la versión de Dylan, la Jimi Hendrix Experience debía volar a Paris para dar dos conciertos y, a continuación, a New York para atender diversos compromisos promocionales. Entre ellos, uno curiosamente llamado “The British are Coming”.

UNA EXTRAÑA PEQUEÑA SEÑORITA

Una vez en la Gran Manzana, Hendrix decidió fijar su base de operaciones allí. Los dueños del recientemente construido Record Plant Studios habían fichado a su ingeniero de sonido de cabecera, Eddie Kramer, motivo más que suficiente para implementar la mudanza. Añadan a ello que, mientras los Beatles acababan de grabar su Magical Mistery Tour en unas míseras cuatro pistas, el Record Plant ofrecía una mesa de mezclas de hasta doce canales, sin duda un estímulo irresistible para la faceta más aventurera del guitarrista.

Jimi con Eddie Kramer

Sin embargo, Kramer tuvo que resolver algunos trámites con el departamento de inmigración estadounidense antes de poder afincarse en el país. En consecuencia, el plan para ocupar el Record Plant no estuvo operativo hasta el mes de abril. Entre tanto, Jimi organizó una sesión en los Sound Center Studios para el 13 de marzo, sin la presencia de Chandler e incluyendo una rareza: iban a grabar una composición de Noel Redding.

«Little Miss Strange» partía de un interesante riff de guitarra acústica, delator del origen británico del bajista y, en menor medida, de ciertas reminiscencias lisérgicas. En cualquier caso, Hendrix acabó dejando su sello en los arreglos, por supuesto, y el tema encajó de forma natural en el conjunto. Con todo, la versión resultante de esa sesión, en la que Redding había tocado la guitarra, Stephen Stills el bajo y Buddy Miles la batería, fue descartada en favor de una posterior ejecutada en el Record Plant.

Otro tema recogido en las cintas de ese día es «Angel Caterina», que no es más que un reflejo de la evolución que siguió «1983… (A Merman I Should Turn To Be)» antes de adoptar su definitiva, larguísima, seductora e hipnótica forma final (en la que participaría Chris Wood de Traffic tocando la flauta).

EL BLUES DEL NIÑO DEL VUDÚ

Por otra parte, Jimi había fijado su domicilio en una habitación del Drake Hotel de Manhattan, donde -con ayuda de una recientemente adquirida grabadora Teac- trabajaba en ideas y esquemas base para el que iba a ser su nuevo disco. Algunas de las demos resultantes de ese trabajo informal –se cree que grabadas también en marzo de 1968- se incluyeron en la edición del cincuenta aniversario de Electric Ladyland. Así, entre embrionarias versiones de temas como «Gypsy Eyes», «Long Hot Summer Night», el citado «1983… (A Merman I Should Turn To Be)» y otras que no entraron en la selección final, podemos escuchar una cruda, primitiva, incompleta y a la vez reveladora «Voodoo Child».

En ella, mientras desgarradores acordes rasgados en la acústica de Hendrix se acompañan por lamentos de su nunca suficientemente ponderada voz, uno trata de adivinar hasta qué punto en la mente del compositor ya se vislumbraba la versión incluida finalmente en el disco, con su cadencia bluesera heredera de Muddy Waters, su generoso desarrollo instrumental y su palpitante emotividad. O, incluso, si Hendrix ya contemplaba ponerle una marcha más a la canción, como acabaría haciendo en la brutal «Voodoo Child (Slight Return)», prima hermana de la anterior y auténtica tormenta sonora que, impulsada por un abrumador uso del pedal wah wah, sería la elegida para cerrar el doble elepé.

En unos días en que era habitual ver a Hendrix subiendo a pequeños escenarios de clubs de la ciudad -para protagonizar intensas jams junto a otros nombres más o menos ilustres de la escena- la sesión de «Voodoo Chile» surgió la madrugada del 2 de mayo, cuando estando en The Scene Club, Jimi invitó al Record Plant a unos veinte de los presentes e inmortalizó una jam de quince minutos con Steve Winwood al órgano, Jack Casady de Jefferson Airplane al bajo, Mitch Mitchell a la batería y él mismo a la guitarra y la voz. Al día siguiente, el núcleo duro de la Experience, o sea, Hendrix, Redding y Mitchell, le daba una vuelta de tuerca más a la jam y hacían historia grabando «Voodoo Child (Slight Return)». Pura magia… o el poder del vudú, quién sabe.

 

SUEÑOS DESVANECIDOS EN DÍAS DE LLUVIA

Hasta 142 conciertos llegó a dar la Jimi Hendrix Experience en 1968, mientras componía y grababa un doble álbum. El Miami Pop Festival fue entonces una de las citas destacadas, como atestigua hoy en día el doble álbum – editado en 2013- correspondiente a la actuación del 18 de mayo. Lo que no desvela el disco es que las lluvias torrenciales del día posterior obligaron a cancelar una segunda actuación en el festival. Y, como no había tiempo que perder, Hendrix aprovechó un desplazamiento en limusina para escribir la letra de «Rainy Day, Dream Away», sin duda inspirada en lo que estaba viviendo en ese preciso día, pero quizá también reflejo de cómo sentía que se desvanecían algunos de sus sueños.

De vuelta en los Record Plant Studios, y ya en el mes de junio, Hendrix plasmó en cinta su melancólica idea, una vez más a través de una jam. “Hendrix & Friends” es el título que quedó escrito en el envoltorio del master. Lógico, teniendo en cuenta que contó con Mike Finnigan al órgano, Freddy Smith al saxo, Larry Faucette a la percusión y su viejo amigo Buddy Miles a la batería. Probaron diversos acercamientos al esqueleto de la canción, incluyendo uno al que llamaron “Rainy Day Shuffle”. Finalmente -y al igual que sucedió con «Voodoo Chile»- en Electric Ladyland se incluyó, además de “Rainy Day, Dream Away”, una segunda perspectiva nacida a partir de la misma semilla, la igualmente deliciosa y más enérgica «Still Raining, Still Dreaming». Dos pájaros de un tiro, dos caras en una misma moneda.

MIRADA GITANA EN LARGAS Y CALUROSAS NOCHES DE VERANO

Electric Ladyland terminó de grabarse en unas épicas sesiones de agosto de 1968. Llegó entonces el momento de poner orden.

Hendrix quiso que el disco empezara de forma nada convencional con «…And The Gods Made Love», recreando algo así como los sonidos del aterrizaje de una nave espacial. O, como diría él posteriormente, “con diecinueve segundos pintando el cielo”. ¿Era así como sentía que hacía el amor con los dioses? A continuación, con «(Have You Ever Been To) Electric Ladyland», parecía darnos la bienvenida a su particular harén de señoras eléctricas, mientras lanzaba un delicado guiño a Curtis Mayfield y sus esencias soul. «Long Hot Summer Night» proponía un potente desarrollo sobre una matriz rhythm & blues irresistible, en este caso adornada, además de por coros algo fantasmagóricos y una guitarra sublime, por el piano de Al Kooper. «Come On» era y es un auténtico chute de optimismo: “let the good times roll, sugar!”… definitivamente, lo de Hendrix haciendo versiones (el original es de Earl King) era de otra galaxia.

Dicen que la grabación de «Gypsy Eyes» fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Chas Chandler. Puede llegar a entenderse, a tenor de la complejidad del tema y que en el proceso se superaron las cuarenta tomas. Sea como fuere, al escuchar la pieza ahora, en lugar de huir como Chandler uno no puede más que genuflexionarse ante esta exhibición de destreza, creatividad y originalidad vehiculadas en forma de canción de rock and roll. Por último, y además del apunte experimental de «Moon, Turn The Tides… Gently Gently Away» y los temas ya citados a lo largo del artículo, «House Burning Down» parecía prender fuego a la stratocaster de Hendrix por su contundencia sónica, su cadencia chispeante y su motivación más política de lo habitual.

TIERRA DE GROUPIES ELÉCTRICAS

En cuanto a la portada, Jimi solicitó explícitamente que se usara una foto en color –tomada por Linda Eastman, quien pronto se convertiría en Linda McCartney- del grupo en Central Park, posando en la estatua de Alicia en el país de las maravillas. La discográfica de EEUU, inmune a los deseos del artista, acabó imponiendo una expresiva imagen del rostro de Hendrix. En Reino Unido, el sello Track fue incluso más lejos y encargó al fotógrafo David Montgomery la ahora célebre fotografía de diecinueve modelos femeninas desnudas. El buscado efecto publicitario de la misma acabó siendo relativo, si bien es cierto que algunas tiendas rechazaron venderlo y/o colocarlo en sus estanterías. El propio Hendrix renegó de ella, a diferencia de muchos fans a los que –confesémoslo- nos parecerá siempre superlativa.

Electric Ladyland salió a la venta el 16 de octubre de 1968. En EEUU llegó al número uno de las listas de ventas a mediados del mes siguiente. «Crosstown Traffic» y «All Along the Watchtower» fueron elegidos como singles, siendo el segundo de ellos el más vendido de la historia de la Jimi Hendrix Experience. A pesar de que inicialmente no todas las críticas fueron favorables, desde hace décadas la incalculable valía de esta obra maestra ya sólo suscita unanimidad.

Entristece caer en la cuenta de que al genio de Seattle le quedaban entonces menos de dos años de vida. Serían, además, dos años radicalmente diferentes a 1968. Se iba a disolver definitivamente la Experience, llegaría la Band of Gypsys y empezaría la construcción de los Electric Lady Studios. Pero ésa, queridos admiradores de Hendrix, es otra historia.

Texto: Xavi Llop

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