Encuentros

A Contra Blues, un guantazo sonoro en toda la jeta

 

JAB, el último disco de A Contra Blues supone a confirmación como una de las mejores bandas de este país en el amplio espectro que va del blues al rock & roll. Así lo han demostrado en cada uno de sus conciertos de presentación. Asistimos al de la Sala Apolo de Barcelona después de haber charlado con ellos en su local de ensayo y el resultado es esta a contra crónica.

En el mundo del boxeo el jab es un golpe rápido, generalmente utilizado para marcar o medir distancia con respecto al oponente, o incluso en ocasiones para sorprenderlo y mandarlo a la lona. Es el golpe que define el estilo personal de un púgil. Cuentan que el de Sonny Linston era rápido y letal como la mordedura de una serpiente y que Cassius Clay lo administraba en una serie agotadora para desmoralizar al contrario. Ese es precisamente el título y la filosofía que ha aplicado el grupo A Contra Blues en su último disco porque, tal y como ellos mismos explican: «Es uno de los golpes básicos del boxeo. Abre la defensa del rival, marca distancia pero también puede ser un golpe duro en toda la cara. Es un concepto sencillo y directo que, a la vez, implica fuerza y maestría en la ejecución. Creemos que define bien los temas del disco y como están tocados. Además el boxeo, si obviamos las fastuosas veladas de Las Vegas, es un mundo que evoca trabajo, esfuerzo, superación y conciencia de clase. Son cosas con las que nos sentimos identificados».

Consecuente con su origen, el álbum JAB no es producto del azar ni de la improvisación, sino de años de trabajo en los gimnasios del ritmo de los locales de ensayo y los cuadriláteros de los escenarios. Lejos queda ya aquel concierto de 2009 en la antigua Sala Monasterio, hoy abrevadero de guiris bolingueros, en el que se llevaron el primer premio del II Concurso de Blues de la Societat de Blues de Barcelona, algo que inicialmente les marcó como banda de blues y dio origen a una controversia que les ha acompañado durante toda su carrera, aunque a ellos las etiquetas nunca les han preocupado especialmente: «La gente siempre se queda con el Blues, pero nunca mira el Contra Sí, ese debate nos ha acompañado desde el principio. Después de estos años tenemos un sonido propio pero la gente necesita referencias para saber que se va a encontrar más o menos y hacerse un imaginario de lo que se va a encontrar en el disco».

De ese sonido y esa actitud dan buena prueba en la presentación en la Sala Apolo de Barcelona, que comienza con Núria Perich golpeando los parches de su batería con la contundencia de un peso walter mientras sus compañeros, Alberto Noel Calvillo y Héctor Martín armados de sus guitarras y Joan Vigo con su bajo, salen al cuadrilátero del escenario en plena efervescencia musical y Jonathan Herrero grita: «¡Buenas noches. Esto es un jab en vuestro careto!». Acto seguido, en una evidente demostración de intenciones, entran a muerte con «Machete», un tema con ecos de spaguetti western con aires tarantinianos con el que la banda le grita al público que solo hay una vida, una oportunidad de vivirla, y que no tiene sentido vivirla agarrotado por el miedo.

Tras un coqueteo con el rock ‘n’ roll cincuentero en «Cimarrón», con la base rítmica de Nuria y Joan empujando a todo trapo, la banda se zambulle en «Maybe Tomorrow», con su punto de rock sureño para el lucimiento guitarrero de Héctor y Alberto, el que en nuestra charla previa se ha mostrado más vehemente a la hora de defender la independencia creativa del grupo y rechazar la servidumbre de las etiquetas: «Con lo que cuesta encontrar gente con la que puedas tocar, gente con la que te lleves bien, que sólo discutas una o dos veces a la semana, gente con la que te peleas pero sabes que hay cariño, gente con la que hacer un proyecto, gente con la que de repente llevas catorce años, pues tío ¿te vas a poner a plantear cómo se llama lo que estás tocando?». Y lo que están tocando es un amplio abanico de música de raíz afroamericana en el que no podía faltar un homenaje a Bo Diddley con «Hey Bo!», en el que rinden pleitesía a quién, con toda justicia, es conocido como The Originator: «Bo puso el rock en rock and roll / Nos mostró cómo menearnos haciendo el hambone».

Superado el cuarto asalto prometen darlo todo y lo dan con «Coyote», una canción de evidente aire texmex, y a continuación, sin bajar la guardia, Jonathan pide «unas migajas de amabilidad» y reivindica la necesidad de la risa y el baile a modo de salvavidas para la catastrófica situación mundial descrita magistralmente en «A crumb of kindness», un tema que cuenta que andamos por el mundo como pollos sin cabeza rumbo a ninguna parte, con el miedo alimentado por la ignorancia, y la banda se plantea si son los únicos que están temblando de miedo en un mundo en el que el saqueo es ley, la avaricia es dios y la sabiduría banal. Con el público metido en el bolsillo la banda recurre a uno de sus escasos temas en castellano, su viejo éxito «Loco amor», y el publico siente en la boca del estómago el golpe bajo de sus versos: «Me llevo los buenos momentos / para ayudar a olvidar / aquellos que mantienen heridas / y se retuercen como orugas en sal» y de inmediato regresan al último disco con «The Silence After The Scream», una canción sosegada, casi delicada, que habla de una ruptura sentimental y en la que la voz de Johnnatan Herrero vibra literalmente como el silencio después de un grito.

 

A continuación el grupo regresa al rincón de los viejos temas con «I Will There Be Light», de su LP Heart and Guts, de 2017, en una sesión de golpes de tanteo que continúa con «Chances», la canción que da título a su cuarto LP, editado en 2013. Pero el tanteo se acaba de una forma contundente cuando se echan en brazos del rockabilly con «I’m Leaving Town» que pone a dar brincos al heterogéneo público que llena la sala. Y la fiesta rockera sigue con «A Hole In My Pocket», otro viejo tema de 2013 y «Paraphilic Way Of Love», todavía más viejo, de su segundo LP en 2010, con el que la banda hizo un guiño a las raíces del grupo y sus «casi catorce años tocando juntos», siempre con una filosofía muy clara: «Hay cinco personalidades destacables, tanto musical como humanamente y trabajamos para un objetivo común, que es básicamente liarla parda todo lo posible».

Y parda la lían con los dos siguientes temas, «Bad Blood» y «Toxic Love», dos aproximaciones muy personales al rock blues. La primera nos transporta a los duelos del viejo oeste, como un ejemplo de la diversidad de influencias a la hora de componer, tal y como reconocía Jonathan en la conversación previa al concierto: «Incluso ser banal y frívolo es un trabajo, porque tú en tu vida no eres banal y frívolo todo el rato, pero puedes serlo en ocasiones y a veces está bien meter una letra que sea un poco más canalla. A mí nadie me hubiera dicho que iba a escribir sobre un pistolero del siglo XIX y lo he hecho. A mí me divierte mucho, lees artículos de prensa de la época, te informas, lees libros, buscas y de ahí salen frases buenas». La segunda, «Toxic Love», es presentada en directo por el propio cantante como «una receta de cocina para conseguir algo que nadie debería poder conseguir: el amor tóxico». Ambas levantan entusiasmo entre el variopinto público que caracteriza a los conciertos de esta banda, capaz de congregar una audiencia que va de los 20 a los 60 años, algo que encaja perfectamente con la autenticidad que reclama su siguiente canción, «Less Leather More Rock And Roll», que Jonathan califica como «Menos cuero más rock & roll, una plegaria pagana, a ver si algún día a la gente le importa menos la pinta que lo que hay de verdad en cada uno».

En la recta final, con la energía empleada en los 17 asaltos anteriores pasando factura, más declaraciones de intenciones, primero con un tema de su anterior LP, «Demons Running Wild» en el que los A Contra Blues muestran abiertamente sus cartas: «Todo el infierno se desata esta noche / Seremos como demonios corriendo salvajes / Solo cinco pequeños demonios divertidos corriendo salvajes»; y a continuación una canción de su disco Rarezas & Blues, de 2015, «Sinnerman», uno de sus temas talismán que siempre eleva la pasión del público que pide más y que les lleva en volandas a «I’ve Made My Time», el momento en el que la banda deja que Jonathan Herrero comience solo ante el peligro para que arranque de dentro ese poso de negritud que tiene su voz, lance a los cuatro vientos «Ya cumplí mi condena» y desgrane los versos de un serpenteante country blues: «De mi pecho hice una prisión / una cárcel para mis deseos / He sido el juez, el carcelero y mi propio guardián / Ahora anhelo encontrar mi perdón / igual que el agua encuentra la grieta / porque sé que he cumplido mi tiempo». Porque en este combate por el éxito musical nada es casual y las letras de sus canciones son uno de los pilares de su trabajo, como nos recordaba en sus declaraciones Alberto: «Es algo que se trabaja a conciencia, con mayor o menor éxito, evidentemente. Es otro reto, como músico trabajas de una forma pero como letrista de lo planteas de otra manera, qué quieres y cómo quieres expresar las cosas», y como remachaba Jonathan: «Creo que las letras de A Contra Blues están muy bien Y lo creo de verdad. Desde que tengo 12 años soy un friqui de las letras y creo que hay un nivel lírico que está muy bien».

Dispuestos a lograr el KO definitivo, en su último tema, se calzan unos simbólicos guantes rojos para lanzar un último mensaje que define perfectamente el espíritu lúdico e inteligente de estos cinco amigos que un día montaron una banda con la intención de pasárselo bien y encima hacerse un hueco en el difícil mundo de la música. Por el momento parece que están consiguiendo lo segundo disfrutando de los segundo con recetas como las de «Fail and Grin»: «A veces hermanas todo lo que necesitamos / A veces hermanos todo lo que tenemos / A veces amigos, todo lo que nos queda por hacer es fallar y sonreír».

Texto: Manuel López Poy

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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