Encuentros

Santi Campos & Herederos, la necesaria felicidad

 

 

Con el explícito título de “Cojones” (Rock Indiana), Santi Campos puso final, en el 2016, al parón al que había sometido a su carrera. La aparición de un nuevo álbum, en realidad compuesto por dos volúmenes, de también categórico nombre, en este caso “La Alegría” (Rock Indiana, 2019), nos conduce a pensar, por lo menos de momento, en la consolidación de un proyecto que destaca, en su etapa actual, por un espíritu rupturista. Precisamente en ese contexto hay que inscribir, pese a algunos matices, a un reciente trabajo que se divide a su vez en cuatro bloques temáticos, de un extenso rango que abarca reflexiones sobre la infancia, los viajes, el paso del tiempo y, cómo no, las relaciones afectivas, y que responde a una estructura musical de amplia variedad.

Un escenario, y su resolución, que está llamado a ser uno de los episodios claves en el historial de este autor segoviano, con el que hablamos todavía sorprendidos por la capacidad demostrada para completar de manera extraordinaria una apuesta tan compleja que encara en breve su primera tanda de presentaciones en directo, que le llevará el jueves 20 a Café Berlín Madrid, viernes 21 en sala Barts Club dentro del ciclo Curt Circuit y el sábado 22 en Lata de Bombillas, Zaragoza.

 “La Alegría” supone tu segundo disco, tras “Cojones”, desde tu vuelta a la música en 2016. Cuando tomaste la decisión de regresar, ¿lo hacías sabiendo que iba a tener continuidad?

La verdad es que no tenía ni idea. Regresé contradiciéndome, ya que cuando me fui dije que no iba a volver, y cuando lo hice no me planteé si iba a tener una continuidad, simplemente tenía una colección de canciones distintas a lo que había hecho antes que me apetecía sacar. Y con éste igual. Por lo tanto, si vuelvo a tener canciones que me apetezcan publicar, y dinero para hacerlo como yo quiera, lo haré, si no, no.

Con ese anterior trabajo rompiste ciertos moldes en tu estilo, y ahora, más que ahondar en ellos, diría que este actual es un compendio de todos -y alguno nuevo- esos “Santi Campos” que hemos visto hasta la fecha…

Absolutamente de acuerdo, es exactamente esa la intención. Se trata de una especie de disco resumen de todo lo que he hecho en mi vida, pero con los conocimientos que se supone tendría que haber adquirido con el tiempo. Al igual que en el anterior rechacé cosas que he sido, porque quería una ruptura, con éste he recogido todo lo que he sido con un poquito más. Por ejemplo hay un lado roquero que no había existido en ningún trabajo. Lo curioso es que en este caso lo que resulta más novedoso es lo más clásico.

Te refieres a este nuevo trabajo como dos discos complementarios más que a un disco doble, ¿por qué haces esa diferenciación?

Es una cuestión de temática, quería poner cuatro capítulos, por lo que en realidad podían haber sido cuatro EPs, cada uno correspondiente a una cara, o un disco doble dejando claro esas partes. Lo que pasa que de cara a la gente que lo fuera a comprar en formato físico, y sobre todo porque hice un crowdfunding, me parecía un poco abuso pedir que pusieran el pastizal de un disco doble, y se me ocurrió hacerlos complementarios. Y me gusta lo que se ha generado al hacerlo así, porque hay gente que se decanta más por uno, otros me dicen que no han logrado llegar al segundo porque todavía están disfrutando del primero…

El hecho de dividir los dos discos en cuatro capítulos temáticos, ¿es una idea que surge antes de tener las propias canciones o fueron ellas las que te indicaron que podían agruparse?

Me pasó que lo encontré por accidente. En el momento de seleccionar las canciones para hacer un hipotético disco sencillo, me di cuenta de que no quería rechazar ninguna, porque si quitaba alguna se podía convertir en un disco más parecido al “Cojones”, o quedar más melódico, entonces me dio por juntarlas por temáticas, y quedaron perfectamente agrupadas. Lo que sí hice, una vez aceptada esa motivación, fue componer dos nuevas para completar algunos capítulos y que tuvieran más fuerza. En definitiva, fue un accidente, pero como casi todo lo que me pasa musicalmente, me lo encuentro, no lo busco.

Personalmente me resulta más difícil encontrar una división también en cuanto al estilo musical, no sé qué te parece a ti…

Yo sí veo en ellos una diferencia musical, lo que pasa es que siempre he metido alguna canción diferente para que no sean tan homogéneos. Claro, esta es una idea muy particular, pero por ejemplo el segundo capitulo lo veo mucho más cantautor tipo Leonard Cohen con un tamiz rockero, y el último más vanguardista desde un punto de vista noventero, tipo Radiohead. El primero sin embargo sí que es más variado.

Y existiendo tanta diversidad entre canciones, ¿pertenecen en cuanto a su composición todas a una misma época?

Casi todas son composiciones posteriores a “Cojones”. De las veinte, quince o así son de después de sacar el disco anterior, y otras cinco, a las que nunca les encontraba un sitio, han sido rescatadas. Me planteé que debían de estar precisamente por esa voluntad de recopilatorio que tiene el disco.

El disco aparece firmado con tu nombre pero también por el de la banda que te acompaña, Herederos, entiendo que es una señal para destacar y hacer hincapié en ese concepto colectivo…

Hemos funcionado como un grupo, en el disco anterior no estaban ellos pero en su presentación ya sí, y este lo hemos trabajado juntos en el local, como un disco de banda…

¿Se han involucrado también a la hora de componer o su labor ha ido más destinada a la ejecución y a la manera de vestir definitivamente los canciones?

Yo llevo las canciones muy claras, pero considero que los arreglos son tan importante como las propias composiciones en sí. Un riff de guitarra te puede llevar la canción a un sitio u otro. La estructura de los temas la llevaba ya hecha, en algunos sí he aportado más a nivel arreglos y sin embargo en otros me he dejado llevar, incluso en muchos no he opinado, bueno, he ejercido el derecho a veto, pero no he participado mucho en los arreglos, otros sí es cierto que han quedado como yo los había imaginado.

Pese a la heterodoxia musical del disco, que te lleva desde el post punk al minimalismo pasando por ritmos de vals, instrumentalmente hay un elemento que se repite y alcanza una presencia importante, y es la utilización del piano, ¿le has dado conscientemente ese peso?

Sí, porque como he empezado a tocarlo hace relativamente poco hay muchas canciones que están compuestas con él, de hecho, en directo también se va a notar su presencia, y la ausencia de guitarras acústicas, que no hay ninguna en toda el disco. Son las dos cosas que queríamos hacer de esa manera fija. El piano ha sido como un descubrimiento, incluso para ver la música de un manera muy distinta..

¿Quiere decir eso que el cambio de instrumento también ha modificado tu forma de componer?

Totalmente. Es algo que me lo decía toda la gente que toca varios instrumentos, que con el piano te metes de una manera distinta en la música, llegas a verla.. A mí siempre me parecía una exageración, hasta que me he puesto; y es otro mundo. Evidentemente hay cosas que no puedes hacer con él, igual que otras tampoco con la guitarra, pero sí que te aporta otra visión y compones de forma distinta. Muchísimas canciones no habrían podido salir de no hacerlas con él.

Otro aspecto llamativo es tu manera de cantar, en temas como “Afrancesado” o “Pueblo fantasma” se observa un paso adelante en tu manera de interpretar, donde te significas más, pruebas más recursos, ¿has hecho un trabajo concreto en ese aspecto?

Si, también en “Un ángel” pasa… Hay una voluntad de ser crooner, algo que no me había pasado antes. Todo surge porque Joe, mi guitarrista, en una de esas conversaciones con cerveza en mano sobre qué podía haber de nuevo en este disco, me dijo que debería aprovechar más la voz, porque siempre me he basado en una melodía muy constante, sin subidas ni bajadas. Este es el primer disco en el que una canción empieza más susurrada, más abajo, para luego subir, dentro de mis capacidades, juego con ella, algo que no he hecho nunca, y es algo que posiblemente también esté relacionado con la aparición del piano, cuando lo toco me siento más cantante.

Una de las letras, y en general la propia canción, mas contundente y explicita es “Ruido de fondo”, parece claro que querías ser rotundo sobre lo que significa para ti la educación católica…

Es la canción menos metafórica del disco y la más autobiográfica, de hecho he tardado cuarenta años en hacerla… Y es que es prácticamente literal, lo que pasa que hay muchas cosas que son privadas y no se entienden. Pero por ejemplo, lo que digo de Francisco Franco parte de que los curas nos decían que tus muertos te veían mientras te masturbabas. Mi abuelo se murió casi a la vez que Franco, y ambos eran calvos y con bigote, por lo que cuando empecé a hacerme pajas me los imaginaba a ambos mirándome (risas).

La forma que tenía de ver la música en el pasado no me habría permitido meter una canción así, y eso sí es una influencia directa de mi trabajo anterior, me ha abierto un camino que me lo permite hacer sin que me dé mucho pudor.

¿Dirías por lo tanto que estamos ante un trabajo más de carácter autobiográfico o de observación?

En general creo que es más de observación, pero hay cosas, como las comentadas, que son claramente autobiográficas. De todas formas un amigo que me conoce muy bien dice que todas mis canciones, aunque hablen desde esa observación, en la primera o segunda frase siempre parto de mí para luego ya irme por las ramas. No sé si estoy de acuerdo del todo, pero puede ser que en todos mis temas, aunque yo no lo pretenda, haya más de lo que creo de ese punto autobiográfico.

Cierras el disco con “La alegría”, el tema que da nombre al disco y que parece funcionar como decálogo vital, enfocado en general a no regocijarse en el desánimo…

Es una canción tipo manual de autoayuda, transmite la voluntad de no desfallecer. Está hecha como si se tratase de los propósitos de una vida nueva, que no tengo que hacer ciertas cosas y sí otras. Es un resumen del disco, después de todos los dolores y altibajos de la vida, la conclusión es que hay que mantener cierta actitud positiva, porque si no para qué…

Otra característica de tu música, o por lo menos en la actualidad, es tener el reto de no repetirse, ¿en algún momento ese constante intentar sorprender se puede convertir en una obsesión?

Pues… soy un poco obsesivo, eso es verdad, y en discos anteriores sí que he rechazado cosas por la expresa voluntad de no repetirme, pero en este me he dejado llevar más. Así que puede ser una obsesión pero me he relajado, no me ha podido, igual que en el anterior sí, en éste no.

Llevas casi 30 años en la música, tus últimos discos han visto la luz gracias a un método reciente como es el micromecenazgo, ¿tienes la sensación, echando la vista atrás, de que ha cambiado mucho este “negocio”? y ¿hasta qué punto te ha sido difícil adaptarte a toda esa nueva dinámica?

Yo siempre he vivido en la quiebra, debo de ser el último de una generación, cumplo 50 años, que nunca ha conseguido, como mínimo, un pico de éxito. Porque todos siempre han tenido un momento que les ha ido mínimamente bien a nivel de poder vivir de esto. Yo, como nunca he tenido esa, no sé , si fortuna, para mí ha sido éste siempre un camino pedregoso. Entonces si que puede que haya cambiado todo, pero a mi no me afecta, de hecho me es mas fácil con las rede sociales e inventos como crowdfunding.

Supongo que de todos modos eres consciente de que un disco como este, tan variado y con un importante poso temático, es un suicidio en estos tiempos de inmediatez..,

Pues sí, lo es (Risas). Soy consciente, y a medida de que va haciéndose realidad, más me doy cuenta de el jardín en el que me he metido. En realidad es absurdo, es el romanticismo de hacer algo porque así lo quieres, cabezonería, pero no tiene ningún sentido. No digo que me arrepienta, porque me encanta hacerlo, pero si lo haces con alguna vocación de que puedas recuperar la inversión estás muy equivocado. Pero bueno, otros se gastan el dinero en coches, yo en hacer discos exactamente como quiero.

 

Texto: Kepa Arbizu

Fotos: Guillem Pacheco

 

 

 

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