Vivos — 19 noviembre, 2018 at 11:17

Cala Vento. Sala El Sol, Madrid

 

De vez en cuando toca parar, coger aire, cargar pilas y planear lo que vendrá después. Y eso, precisamente, es lo que se trae entre manos el dúo del Empordà. Bueno, en realidad entran a grabar en unos días y andan envueltos en los preparativos de ese esperado tercer disco. Aún así, lo de sus dos llenazos en la madrileña sala Sol (días 9 y 10 de noviembre), con motivo del fin de gira de su gran reválida, Fruto Panorama (BCore Disc, 2017), y el apéndice de ésta, Canciones De Sobra ep (BCore Disc, 2018), tenía todos los visos de lo que conocemos como un punto y aparte.

En primer lugar, porque dejan de tocar durante una temporada para centrarse en lo comentado. En segundo lugar, porque por última vez, las canciones del disco en cuestión, de cuya salida se cumplirán dos años en breve, devienen protagonistas de la velada. Como decíamos, hubo doblete madrileño. Pero también lo hubo en Barcelona previamente, llenando las salas Vol y Sidecar, respectivamente. Un éxito de convocatoria que explica bien a las claras el exponencial ascenso del dueto y su estable asentamiento, más allá del suflé propio de un hype de temporada. Una presunción de culpabilidad que se quitaron de encima en un abrir y cerrar de ojos, a base de trabajo y canciones.

Para esta cuádruple celebración contaron con el concurso de diferentes bandas amigas invitadas, encontrándose el público a estas por sorpresa en cada uno de los bolos, sin previo aviso sobre qué banda tocaría en cada una de las fechas. En el segundo pase madrileño, el que nos ocupa, los invitados fueron los vascos Vulk, con quienes los gironins han compartido escenario en diversas ocasiones.

Ya hemos hablado por estos lares de las virtudes que atesora esta joven banda. Nervio, tensión, una sólida base rítmica y benditas dosis de aspereza. En su segundo disco, Ground For The Dogs (Elsa Records/ Meyo Records / Gran Sol, 2018) van más allá del post-punk de su primera obra, apostando también por el euskera y encontrando nuevas formas de vertebrar un discurso musical ambicioso y nada acomodado, siempre ávido de nuevas aristas. Les faltan canciones memorables, pero les sobra de todo lo demás. Sonaron, tanto ellos como sus amigos catalanes, perfectamente engrasados. Por méritos propios, claro, pero también gracias a un sonido impecable, fruto de una reciente mejora en el equipo de sonido de Sol, del que pudimos disfrutar en todo su esplendor gracias también al buen trabajo que se hizo desde la mesa de sonido; dicho sea de paso.

Cala Vento iniciaron su pase con «Historias de Bufanda». Su pegadizo estribillo puso la sala patas arriba a las primeras de cambio. Se preveía una liturgia de altos vuelos, sí. «Hay Que Arrimar», «En Cueros» o una de sus mejores canciones, «Antes De Él», sonaron enérgicas, ejecutadas con el ímpetu que requería tal ocasión. «Arquitectura» y «Benidorm«, de su último epé, eran casi los únicos momentos de respiro, situados en mitad de la actuación. Y ni así, pues los fans lo cantaban todo. Caso de la celebrada «Hoy Es Un Gran Día», que sonó a himno existencial púber… y no tan púber.

Ni que decir tiene que las enérgicas «Sin Apenas Conocernos», «Estoy Enamorado De Ti» o la impecable «Unos Pocos y Otros Tanto» prendieron, ya en la recta final, a los presentes, dibujando un final de traca, para el que reservaron «Abril» e «Isabella Cantó». Ambas imprescindibles siempre frescas, como cuando fueron concebidas. Y como colofón, la que probablemente sea su mejor canción. «Isla Desierta» lo tiene todo y quedó demostrado con creces, en una interpretación apasionada, en la línea de los añorados Fugazi, de quienes sonó «I’m So Tired» como tonada de bienvenida al pisar los dos amigos el escenario. Todo encaja.

Cala Vento siguen creciendo. Y lo hacen porque hay calidad en sus canciones, porque trabajan en su banda como el que más, con religiosa seriedad y entrega, y porque los detalles tienen para ellos máxima relevancia. Esto quedó patente en todo lo que rodeó a la cuádruple celebración (bandas invitadas sorpresa, fechas repartidas en diferentes lugares y salas, repertorio sesudamente hilado…). La música de Joan y Aleix, los dos amigos tras el invento, puede gustar a un fan de Nueva Vulcano o Japandroids, pero también a uno de Vetusta Morla o Taburete. Y eso es una virtud que escasea. Los Planetas, a quienes mencionan en una de sus letras, les invitaron a abrir para ellos. Probablemente, J y compañía se sintieron reflejados en la capacidad del dúo para crear versos cercanos sobre cuestiones conyugales, a menudo agrias, que atañan a cualquier hijo de vecino.

Pero mientras los de Granada viran hacia la poesía con textos maduros, milimétricamente cuidados, los del Empordà tienen en el buen uso del lenguaje coloquial y la espontaneidad, su mayor virtud. Por eso sus letras suenan familiares, pero también crípticas. Siempre descarnadas y directas. También paradójicamente metafóricas (por mucho que “critiquen” esta figura retórica en otra de sus letras). Ah, y con menciones recurrentes a los intríngulis que inherentes a estar en una banda. Un cóctel de rasgos personales fresco y honesto, que les define casi más de lo que probablemente sean conscientes. Hemos hablado ya de espontaneidad y honestidad, ¿verdad? Pues he ahí la mejor prueba.

 

Texto: Daniel González

Foto: Adrián YR

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