Discomático — 22 mayo, 2018 at 7:35

John Paul Keith – Heart Shaped Shadow (Last Chance)

Dos momentos tengo grabados a fuego en mi mente respecto a la carrera de John Paul Keith. Dos simples recuerdos, banales probablemente, pero que ilustran a la perfección mi relación con este artista de Knoxville aunque afincado en Memphis, ambas en el estado de Tennessee. La primera de ellas tiene lugar en la ahora renovada La [2] de Apolo, en Barcelona. Una noche de junio de 2010 un trío integrado por Jack Oblivian, Harlan T. Bobo y John Paul Keith se presentaba en la ciudad condal con la idea de ir desgranando juntos temas de su carrera en una noche en la que los dos primeros amenazaban con acaparar todo el protagonismo. La idea es curiosa. Irse intercambiando entre ellos los instrumentos para que cada uno pudiera interpretar su repertorio mientras los otros dos ejercían de banda. Keith partía con desventaja. No en vano venía con un único disco bajo el brazo. Un Spills and Thrills que servidor se había agenciado unas semanas antes en esa indispensable tienda que es Radio City, en Madrid. Su aspecto humilde, casi tímido, no le auguraba la atención de los focos pero yo, anonadado ya por aquellas canciones de su disco de debut, me concentré en su manera de encarar un concierto en el que se sabía secundario. De lujo, pero secundario. Y su actuación fue, simplemente impecable. Sabiendo donde estaba y esperando sus momentos, que los tuvo, para ganarse su cuota de atención.

Por eso, cuando en marzo de 2015 se anuncia que aquel tipo con pinta de cruce perfecto entre Elvis Costello y Buddy Holly se suma al elenco que integrará la edición de aquel año del Azkena Rock Festival, el menda da saltos de alegría. Intento convencer a todo el que me acompaña que aquel promete ser uno de los momentos del festival, profecía que cual aprendiz de Nostradamus, se confirma de cabo a rabo. No, no tiene demasiado mérito. Para qué negarlo. Yo he visto a John el año anterior y sé la cara que se les queda al respetable después de verlo tocar. Así que el segundo de los citados momentos está a punto de darse. La gente que se acerca al escenario secundario en el que ha sido programado queda atrapada por su música, como si Keith tendiera una imaginaria tela de araña de la que no pudieras escapar. Utilizando como armas sus melodías, su forma de cantar, la manera de afrontar sus canciones y, sobre todo, un magnetismo difícil de explicar en alguien con esa apariencia cuando baja del escenario. Porque, en el fondo, John es un tipo que no transmite esa aura de estrella, excepto cuando se cuelga la guitarra y encara el micrófono. Entonces se sabe ganador, y esa fortaleza le llega a su público en cada nota, en cada acorde, en cada palabra.

Así que decir que John Paul Keith es muy bueno se convierte en una obviedad que se hace casi innecesaria. Lo que pocos podríamos imaginar es que a estas alturas, cuando va ya por su cuarto disco en solitario, fuera capaz de mantener el nivel de esta manera. Y no solo eso, sino que fuera capaz de sacar al mismo tiempo junto a su banda paralela, Motel Mirrors, grupo en el que le acompaña su inseparable Will Sexton y la encantadora Amy LaVere, otro disco fantástico. Ha tardado cinco años en superar su divorcio, y volver a ser noticia en lo discográfico, pero vaya manera de hacerlo. Producido por Sexton, Heart Shaped Shadow es una maravilla de principio a fin. «Something So Wrong» es un single tremendo, una de esas canciones impecables que, por qué no decirlo también, abundan en su repertorio. Lo mejor es que no es la única del lote. «Leave Them Girls Alone» es un pildorazo semi honky-tonk arrebatador, «Do You Really Wanna Do It» un boogie-twist’n’roll adictivo, «Throw It On Me Baby» es blues con cadencia rocanrolera de esos que tan bien cantaba Elvis —por momentos recuerda al «Too Much» que el Rey hiciera número uno en enero del 57— y «Miracle Drug» un homenaje velado al gran Roy Orbison del que pocos, y John Paul Keith es uno, pueden salir bien parados.

Y es que cuando uno piensa que la música verdadera, esa que se te cuela por la entrepierna antes que por ningún sitio, va de capa caída, llegan tipos como este y ponen de manifiesto lo equivocado que puedes llegar a estar. Le sobra clase. Le sobra calidad. Y a mí me falta tiempo para seguir escuchando estas doce canciones. Así que, si me permiten, voy a por ello.

 

EDUARDO IZQUIERDO

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