Encuentros — 6 marzo, 2018 at 12:10

Egon Soda, pequeño apocalipsis de miel y barro

Cuando pienso en Egon Soda, suele azotarme una extraña sensación de que estamos ante algo verdaderamente especial. Alud emocional en el deshielo de una aleación de fuerzas creativas inusuales, que viven correlativas entre la virtud y la fortuna, entre la tensión y el automatismo. Arrojados al feroz y trascendental destino que es vivido de una manera muy pasional y humana. Perfilados en ese dualismo incómodo que atormenta a nuestra mente binaria y del que El Rojo y el Negro es un ejemplo perfecto, su sutil reverso artístico. Llegados a este punto, ¿Decidme qué grupo del mundo mundial vuelve al cuadrilátero escénico con un single titulado «Glastnost» que arranca con un verso que dice: dotada de un halo de asalto y rencilla, tu mirada panóptica me llama cobarde, me invita a que sea la reencarnación de un percutor.? ¿Pensáis igual que yo? Ya me sé la respuesta. Nadie.

Los versos de Ferran Pontón se aferran a la carne musical de Egon Soda como huesos que sostienen todo un universo. Yo empecé este disco de una manera atípica, algo que no había hecho antes con ningún otro, leyendo las letras sin haber escuchado la música aún. Y la emoción fue máxima. De alguna manera pude sentir como los versos bailaban solos. Palabras que desprendían una pureza nada habitual y entreabrían un inmenso latifundio musical. Luego, como dicen ellos, llega la cosmicidad, ese permuta entre individuo y grupo, la percusión del milagro cooperativo en el desenfreno holístico. Ese momento en el que la banda arremete con la materia prima que un laborioso Ferran piensa y madura en soledad. Luego aquello escrito y compuesto se convierte en un disco entero, bajo la mirada de una conexión ancestral y una telepatía casi atávica conjugada durante muchísimos años de hermandad.

Entrevistándoles, es cuando mejor puedo entender este fenómeno. Me siento como un espectador con el mejor ticket de platea. Un observador privilegiado absorto por la generosidad y la poética trascendental de Ferran, que se aferra al mito como una sanguijuela a la piel. Igual que el pragmatismo realista de Ricky que sabe ir al núcleo de la cuestión en un simple acelerón neuronal. Ellos están enmarcados en una sincronía que me hipnotiza y me maravilla. Con la vela a favor del viento viajan sus razonamientos, humanos, sinceros, clarividentes algunas veces, errantes otras. Aunque lo mismo se podría decir de mis preguntas.

Aquí están escritas sus palabras, casi sin ninguna adulteración. En ellas reposan las respuestas a muchas preguntas acerca de su último gran paso artístico. El Rojo y el Negro, un título que resume a la perfección el alma artística de su disco. Lo creas o no, detrás hay una historia humana y como tal es deliciosamente imperfecta. Se sabe vieja, antes de que la hayas degustado y ruge joven después de muchas escuchas. Está viva, tanto como Egon Soda. Estamos presenciando una nueva metamorfosis del centauro rockero. Enviste con mucha fuerza, inconsciente de su fuerza motriz.

¿Qué es Egon Soda para vosotros?

Ferrán: Es nuestro grupo de toda la vida, nuestra casa, nuestra familia. Es el lugar donde hemos crecido musicalmente: allí hemos aprendido a tocar, a hacer canciones y a buscar nuestro sitio en la música.

Ricky: Totalmente. Y es más cosas. Hoy he estado comiendo con dos colegas de toda la vida y se han pasado toda la comida hablando de temas de Egon, de canciones de cuando éramos adolescentes y se sabían los estribillos y los cantaban. Entonces me he dado cuenta de que también somos todo esto: nuestros amigos y nuestras experiencias de juventud.

Ferrán: Cierto. Porque hay que dejar constancia de que antes de que sacáramos el primer disco, Egon Soda ya habíamos grabado casi 100 canciones, en maquetas varias y otros proyectos pequeños. Estas canciones crearon una manera de hacer y generaron amor entre nuestros amigos y seguidores, gente que sigue acordándose de eso.

¿Qué significa el disco anterior cuando empiezas a pensar en el nuevo? En vuestro caso, ¿Cómo veis, Dadnos Precipicios desde la distancia? ¿Qué aporta a la carrera de Egon Soda?

Ricky: Para mi es el primer disco de la estabilidad del grupo, porque lo hicimos en un timing normal y razonable respecto al disco anterior. Esto aportaba continuidad al proyecto. Fue un disco que nos hizo parecer un grupo por primera vez. Musicalmente creo que eliminamos un poco el libre albedrío en el que estábamos instalados y pudimos sintetizar mucho mejor y hacerlo todo más digerible, más centrado…

Ferrán: …y más homogéneo. Yo lo escucho ahora y me doy cuenta que estábamos muy cómodos en esa manera de hacer, encontramos un sitio muy agradable en el que estar. Para mi es un disco muy hogareño.

¿Qué pregunta no os gustaría que os hicieran nunca?

Ricky: ¿Cómo te ha sentado dejar el alcohol? ¿Cómo te encuentras desde que eres vegetariano? ¿Cómo te ha ido tu primer año y medio de pilates?

Ferrán: Imposible superar esto.

¿En una hipotética autoentrevista cual seria la pregunta que os fliparía contestar?

Ferran: ¿Por qué no haces otra cosa? ¿Por qué sigues picando piedra en un camino que no te aporta nada de pasta, te consume un montón de tiempo y te provoca muchas veces un estrés acojonante?

Y ya que estamos, ¿Qué te autoresponderías?

Ferrán: Porque no puedo vivir de otra manera. Me gustaría que me preguntaran esto para responder que llevo toda la vida viviendo de otra cosa que no es la música pero al mismo tiempo no puedo vivir sin ella. Y eso es importante porque me define mucho como músico y creo que a Egon como a grupo. Pase lo que pase, funcione o no funcione, lo necesitamos, porque no podemos hacer otra cosa, no sabríamos vivir de otra manera.

Ricky: Igual es una reflexión muy estúpida pero, ¿Te has dado cuenta que desde que estas vivo llevas más tiempo tocando en Egon Soda que sin hacerlo?

Ferrán: Nuestra vida se define más por lo que hemos hecho juntos que por lo que no.

¿Había alguna premisa pregrabación? ¿Una intención con la que empezar a tejer?

Ferrán: Sí. Cuando empecé a trabajar en las maquetas tenía bastante claro que quería mostrar el elemento música negra, enfocado poliédricamente pero sin circunscribirme a un estilo concreto, más bien intentando absorber esa manera de tocar del espíritu afroamericano. Y quería que saliese de una manera natural, no impostada. Y bajo esa premisa necesitaba tener un contrapeso con las letras. Versos que fueran más cercanos a mí experiencia vital, algo que no había hecho de manera tan evidente hasta este momento. Las letras de El Rojo y el Negro son donde más he puesto de mi mismo, de mi vida y mi manera de entender el mundo y por eso era importante que tuvieran un envoltorio extraño, distinto, incluso dislocado. Que no fuese lo natural.

En este caso las letras tienen un potente peso político, progresista duro de izquierdas, que es el mundo en el que yo he crecido y me he educado como persona. Para mí lo natural hubiera sido darle un formato más rock, garagero punk. Al menos para mi hubiera sido lo habitual. Pero mezclarlo o adherirlo a una patina distinta, como es la tocata más relajada, funk, down tempo negroide, me parecía una mezcla más arriesgada y al mismo tiempo me apetecía mucho probarla. Estos dos elementos son los que quise transmitir desde un primer momento. Lo más bonito de todo fue llegar al estudio, ponerse a grabar y ver que todo el mundo, no solo tuviese la generosidad de escuchar y aceptar esa mezcla rara, sino que además la entendiera de la misma manera que yo. Solo de esta manera pudimos remar todos en la misma dirección.

No pasó nunca que alguien entendiera el camino en el sentido opuesto. Para esto fue muy importante Jordi Mora, nuestro técnico que ha hecho un trabajo de producción brutal y entendió el elemento sónico desde el minuto cero. Eso ha sido de lo más bonito que nos ha pasado en este disco. En este punto me gustaría subrayar que en Egon yo hago el trabajo de hacer los temas, pero luego, del tema original a lo que acaba pasando en el disco hay una película radicalmente distinta. Es aquí donde radica la magia de este grupo.

¿Qué les explicaste? No se porque pero tengo la sensación que antes del disco les dijiste algunas palabras mágicas. En mi cabeza hay una secuencia de película americana, la típica con un entrenador arrojando épica motivadora a su equipo antes de la gran final.

Ferrán: Una vez grabo las maquetas, la primera persona que necesito que lo escuche todo es Ricky, a quien considero mi hermano mayor musical. Ante mi habitual falta de seguridad él siempre me aporta una opinión muy rotunda y muy interesante que para mi es esencial. El hecho de que Ricky lo viera viable y quisiera enfrentarse a tesituras musicales que hasta ahora no habíamos hecho como banda me pareció que era lo mejor que podía pasar y también lo que más quería, porque necesitaba sacar a la banda de nuestra área de confort. Era necesario para que siguiese respirando.

Y lo que les transmití es este concepto que he hablado miles de horas con Martí Perarnau de Mucho. El negror, como concepto general. Y luego intentarlo mezclar con mis letras. Tenía muchas dudas de que esto fuera una buena idea y que lo hubiese sabido transmitir correctamente en las maquetas. Pero como siempre tengo esa red increíble que me protege que es Egon Soda, ese descubrimiento que tu familia te quiere a pesar de todo. Es muy bonito y puedo explicar con toda seguridad que estoy convencido que llegaremos casi siempre al mismo lugar todos. De todas formas a mi me gustaría oír qué opina Ricky desde el otro lado, de la persona que recibe mi intención.

Ricky: Para mi tiene un carácter un poco menos trascendental. Esa es la realidad. A ver como lo enfoco porque tu pregunta nos da para hablar de todo y mucho. Nosotros históricamente somos un grupo que hemos vivido en el ensayo pero desde que tenemos una carrera, desde que hay publico que escucha lo que hacemos, contrariamente a lo que cabria esperar, decidimos dejar de ensayar. O sea que en el fondo estamos teniendo la carrera inversa a cualquier grupo. Desde que tenemos la oportunidad de hacer cosas que se van a oír, hemos decidido lanzarnos sin red y a la brava y este es el disco que más es así, porque en el anterior aún habíamos pactado algunas cosas pero en este la realidad es que hemos ido muy a pelo.

Y esto es bonito porque para mi significa que el grupo evoluciona y tiene mil caras, e igual un día podemos volver a ser aquel grupo que graba un disco habiendo ensayado mucho. Es decir que no hay un grupo mejor ni uno peor. Llegados a este punto para mi este es el disco en el que dijimos: esto va de negror y vamos a hacerlo. A ciegas totalmente.

A mí me gustaría que me amplificarais un poco más este concepto vuestro de negror.

Ricky: Un ejemplo: vamos a intentar que el beat dirija las canciones. Otro: vamos a evitar que una capa de guitarras acústicas y hamonds ocupe todo el espacio. Todo estos son decisiones que para nosotros significaban un gran cambio y se dirigían hacia nuestra manera de acercarnos al abecé de como ﷽﷽﷽﷽﷽﷽nera de acercarnos a la abc de can osn decisioneslas canciones de Pablo. Ellos siguen como muchorupo evoluciona y quomo se construye una canción en la música negra, esa que hemos oído toda la vida: el beat es lo importante, la voz es lo importante, el espacio que hay entre las cosas es lo importante.

Es un disco en el que yo me he tenido que enfrentar al hecho de que las cosas estaban muy vacías, y esto me provocaba pánico y tenía el instinto de querer llenar espacios constantemente. Pero ante mi tentativa, ellos me decían: ¡no, para! Y yo: ¿Estáis seguros? Y Jordi Mora por detrás diciendo: no sufras, ya lo haré sonar, no te preocupes. Esa ha sido mi lucha con este disco. Pero contestándote a tu pregunta, no te imagines a Ferran haciéndonos un speech en plan Braveheart y todos respondiéramos hipnotizados: si! Lo veo, lo veo! Más bien fue una lucha de cada pista. Porque al fin y al cabo para nosotros el negror significa hacer un disco vacío y esto es una cosa a la que no estamos acostumbrados.

Todo esto te lo explico teniendo en cuenta que estoy siempre hablando dentro del marco sutil de Egon Soda, porque sino parece que estamos haciendo un disco minimal y no es así. Es Egon Soda igual, pero son esas pequeñas decisiones que el público ni lo nota y para nosotros son muy importantes. Porque muchas veces nosotros nos flipamos y creemos que hemos hecho un súper cambio y en el otro lado los demás piensan: muchas gracias, otro disco más de Egon Soda y ya está, no pasa nada. Pero para nosotros es un disco de banda, el que más hemos hecho nunca y aquí esta el núcleo del negror para mí.

Ferrán: Hay dos maneras de enfrentarte a lo que genéricamente denominamos como negror. Una es emulando los estereotipos y la otra es intentar entender como se hace esto. Y a nosotros nos interesa la segunda opción. Tendría que ser la premisa necesaria para cualquier disco: ¿Podemos acabar el disco sabiendo un poco más de lo que sabíamos cuando empezamos?

Aunque ya me lo habéis contestado un poquito, me apetece preguntaros ¿Cómo afronta Egon Soda los arquetipos musicales? ¿Hay una voluntad de marcharse, de absorber, de imitar o un poco de todo?

Ricky: Yo creo la mayoría de veces Egon Soda se mueve en algo especial y único que es Egon Soda y muchas de las canciones viven allí. Y estas son las que forman el corazón del disco. Luego hay algunas que son ejercicios de estilo, que es una cosa muy tópica, pero es real. Y no tiene porque ser en este disco. Pasó en «Volverá esa Región», intentando hacer Triana, «Escápula» haciendo lo propio con un soul cañón o el «Siempre Hay Alguien en el Bosque» con Manassas. ¿Entonces como lo afrontamos Egon Soda? Como un juego, siempre pensando en lo mejor para la canción. La mayoría de veces somos Egon y solo algunas hacemos un ejercicio de estilo y seguramente, al final, nos quedamos en medio del camino.

Ferrán: Y lo que dice Ricky va relacionado con lo que decíamos antes. La parte bonita de la banda es la búsqueda dentro de un género pero desde el punto de vista de Egon Soda, evitando la imitación.

¿Al preparar el disco rebuscasteis en unas influencias en particular?

Ferrán: Primero tengo que decir que mientras hacia las maquetas pude compartir mis inquietudes con Emilio Saiz y Juli Saldarriaga. Hablamos de lo que yo quería hacer, de lo que podía llegar a hacer y de mis dudas, y me ayudaron mucho a creer en mí mismo y en darme cuenta que iba en la dirección correcta. Si que hice un tracklist de temas que pensaba que nos podían ayudar a perfilar la intención del disco. Y fue muy bien porque Jordi Mora entendió perfectamente la sincronía entre el tracklist y el repertorio. El por qué de cada selección y como se relacionaba con lo que intentaba transmitir en cada tema.

A mí a veces me pasa que hay un arte que me gusta pero hay otro que me causa otro efecto superior y es que me inspira y me provoca crear. ¿Os pasa lo mismo? Si es así ¿Cómo os pasa?

Ferrán: Realmente la mayoría de músicos que escucho son aquellos que me generan la necesidad de tocar. Hay cierta música, poca, que escucho por el placer de escucharla, como el jazz, pero en cambio cuando escucho soul me provoca ponerme a tocar. Para mi es un tipo de música que se disfruta de manera muy visceral, y me invita a coger mi guitarra y tocar encima. Me flipa hacerlo.

¿Cómo fueron las sesiones de grabación?

Ricky: El disco lo grabamos en diez días. Voy a intentarte hacer un mapa del día a día de esas jornadas. Levantarse con resaca, desayunar algo, escuchar la canción que teníamos que grabar en el salón, irme un ratito con Ferran a intentar cantarla por primera vez, coger a la banda, tocarla juntos y dos horas después tenerla grabada. Este era el modus operandi. Entre medio Dry Martinis, Bloody Wahacas, Gin Fizz, Ginn Fizz Australiano y un poco de urgencia, un poco de dudas, un poco menos de Exile on Main Street que otras veces y un poco más de concentración, al menos por mi parte. También un poco de observar los días como pasan y lo que nos queda por hacer.

Ferrán: Esto sumado al elemento de que los temas los grabamos en el mismo orden que aparecen en el disco.

¿Qué es lo más necesario en una grabación de Egon Soda?

Ricky: Lo más necesario es nuestra conexión ancestral, que es nuestro súper poder, y después que toque la batería Mole.

El rojo y el negro son dos palabras que engloban dos universos concomitantes. Por un lado el peso del entorno, de la sociedad, de la mirada cercana, por el otro la parada musical y la necesidad de cambio. Vamos a empezar por la política, ¿Era ahora el momento?

Ferrán: Yo creo que a día de hoy es imposible obviar la tensión política. Puedes decidir no entrar en ese marrón, que es una opción muy legítima, pero eso es una posición, no es una decisión estética.

Ricky: Dejadme hacer un stop en este momento. Yo tengo la sensación que no solo es una cuestión contextual sino que también es una opción personal y que Ferrán, visto desde mi perspectiva, necesitaba cada vez más un poco más de esto y este es el disco en que lo ha necesitado del todo. A veces era solo un coqueteo, en el disco anterior ya fue una apuesta seria en algunas canciones y en este ha sido definitivo.

Ferrán: Yo creo que la política y la parte personal se mezclan mucho. Es decir, para mí lo esencial de la parte roja del disco no es la parte política a secas, sino la parte política que yo he vivido, que yo he mamado y como la he sufrido y disfrutado a la vez. Es más como vivo la política que la política en sí. Es el hecho de que la política forme parte de mi vida y yo he tenido la suerte y la desgracia que me pasara. Entender que partes de eso han sido magníficas y cuales han sido jodidas es muy importante para mí.

Ricky: Cuando eres joven te importan mucho los Smiths, pero a medida que te haces mayor te das cuenta de que las cosas que oías en casa cuando comías y que te tocaban la polla, ahora cada vez son más importantes. Entonces te ves a ti mismo dándole más peso a eso y por eso te conviertes en un ser humano mayor. Sin darte cuenta poco a poco te vas convirtiendo en tu padre.

Tengo la sensación de que hay mucha rabia contenida en las palabras del disco, ¿Son estas una mina de alma?

Ferrán: Yo pienso que no hay demasiada rabia contenida. Yo creo que la rabia está ahí. Es un disco muy como yo lo siento y como lo he vivido. He hecho un esfuerzo para no contenerme a la hora de decir determinadas cosas que otra vez me hubiera dado mucha vergüenza.

Ricky: Yo no veo tanta rabia, veo más resignación, algo así como: estos es así. Este es el mundo que tenemos.

Ricky, déjame hacerte una pregunta que tenía para el final y que te deben haber hecho un montón de veces, ¿Cómo recibes las letras de Ferran?

Ricky: Es la pregunta de siempre. Intento no preguntarle demasiado ni entender las metáforas. Yo con las letras hago mi caminito. El primer paso no tiene en cuenta el contenido de la letra. Solo me fijo en la métrica y la música. Entonces me siento con Ferran y hago lo posible para sentirme cómodo con aquella letra, que a veces pasa por cambiar una melodía o sacar alguna palabra. Después de haberla cantado muchas veces me doy cuenta de lo que estoy diciendo, y entonces es cuando digo…ostras que cabrón. Porque mi primera tendencia es pensar que algunas frases son de relleno, que son pura estética. Porque es difícil pillar lo que dice Ferran a la primera, pero cuando lo haces es como, joder lo ha vuelto hacer, era eso a lo que se refería. Y la mayoría de veces tardo mucha a llegar a este momento.

¿Qué significan las palabras en el universo Egon Soda?

Ferrán: Es una parte muy importante del grupo. Yo dedico mucho más tiempo a hacer las letras que la música. Punto.

Ricky: Son muy importantes. ¿Conoces algún grupo en el que haya tanta gente fan, mirando la Wikipedia a escondidas cuando están escuchando las canciones? ¿Verdad que no? Pues es así. Y es maravilloso. Es más, ¿Conoces a alguien que escriba tantas palabras que tengas que buscar en la Wikipedia y que además no quieras partirle la cara y que encima no parezca un gilipollas por ponerlas? personalmente me parece un camino muy difícil de andar el que hace Ferran.

Hablaba el otro día con Joan del Petit de Cal Eril y me explicaba que el se veía incapaz de intervenir en sus canciones, que estas llegaban y él tan solo era una especie de transmisor. ¿Cuanto hay de cósmico y cuanto de voluntario, cuanto hay de genético y cuanto de aprendido?

Ferrán: Yo no me identifico nada con eso. Yo soy una persona muy racional y creo mucho en el trabajo y me esfuerzo mucho para escribir lo que quiero de la manera que pienso. Intento acercarme lo más posible a aquel concepto que tengo en la cabeza. En este disco he escrito seis veces más de lo que acaba apareciendo en el disco.

Ricky: Yo creo que en las letras de Ferran no hay nada de cósmico, todo es completamente racional y trabajado. Donde él se entrega a lo cósmico es cuando tira la canción sobre sus amigos. Es en este mágico momento en el que sí se permite que pase cualquier cosa.

Ferrán: Yo no hablaría de cósmico o de espiritual sino más bien de algo comunal o de trabajo entre todos.

Cambio de tercio ¿Era la Americana un plaga ya insufrible?

Ricky: Para nosotros no, fue un lugar cálido y necesario donde fuimos felices y de hecho nos lo llevaremos a la tumba. No creo que Ferrán cuando está pedo deje nunca de poner discos de los Felice Brothers o Bob Dylan por citar solo algunos. Pero lo que ha estado bien es darse cuenta de que no era el monstruo final.

Ferrán: Además Egon Soda no es un grupo de género ni lo va a ser nunca

Y ya para acabar ¿Tenéis la sensación de que con la edad los prejuicios se van difuminando o al contrario crecen las manías?

Ricky: En nuestro caso los prejuicios se han ido difuminando sin lugar a dudas. Te voy a poner un ejemplo. En el tema «Los Hombres Topo Quieren Tus Ojos» de nuestro disco El Hambre, el Enfado y la Respuesta intentábamos hacer algo muy cercano a Roy Orbison. Hacer esto diez años antes hubiera sido impensable. Lo mismo nos ha pasado en este disco con «Matanza» intentando hacer un tema latin. Y no hemos hecho un reggae pero nos ha faltado muy poco, y estoy seguro que en el siguiente disco habrá uno. Nosotros lo intentamos, y lo hacemos sin prejuicios porque antes los teníamos todos y era horrible.

 

Texto: Andreu Cunill Clares

Fotos: John Coogan

 

 

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