Vivos — 27 noviembre, 2017 at 9:45

Morgan, Centre Artesà Tradicionarius (Barcelona)

No iba muy convencido servidor al concierto de Morgan en el CAT de Barcelona. A pesar de conocer de primera mano la capacidad interpretativa y vocal de Nina de Juan, alma máter del proyecto, su North, disco de debut y del que cerraban presentación en lo que respecta a tierras catalanas, me había parecido incompleto. Comprobar como sonaban sus temas en directo no iba sino a confirmar mi impresión: como tantas veces, una producción demasiado plana y lineal había dejado sin alma las canciones y eso, amigo, se paga en lo discográfico. Afortunadamente están los conciertos para que Morgan demuestren lo que en plástico solo se deja entrever, que tienen un directo emocionante, atractivo, adictivo, y de mucha calidad. Y, sobre todo, que el grupo camina con paso firme hacia algo grande.

 

Abrió la noche Chivo Chivato, el proyecto de Pepo López, compañero de Nina a la guitarra en la banda de Quique González, mostrándose como un cicerone perfecto para la velada. No es que sus propuestas tengan demasiado que ver, pero López mostró sus tablas a la hora de caldear el ambiente bromeando, despertando la atención hacia lo que sucedía en el escenario para atreverse incluso a estrenar un par de canciones, más que bien recibidas, de lo próximo de Chivo Chivato. Pero lo gordo estaba por llegar. De blanco impoluto aparece Nina acompañada de los suyos, se sienta al piano, abre la boca y mi mandíbula se desencaja. Aquello poco tenía que ver con el citado North. Sí, las canciones eran las mismas, claro, pero el grupo sonaba más compacto, con mensaje musical. La guitarra de Paco Oviedo ponía el contrapunto perfecto a la acojonante (lo siento, pero no se puede describir de otra manera) voz de Nina. Mientras, David “Chuches” Schultess, se erigía como una especie de Garth Hudson que desde su piano controlaba y dirigía de manera imperceptible el cotarro, y no sería la primera vez que The Band me vendrían a la mente. Ayudó para ello la disposición en forma circular del grupo, sin nadie en el centro, la citada reminiscencia de “Chuches” a Hudson, y hasta cierto aire que Alejandro Ovejero, al bajo, se da a Rick Danko. Pero no solo fue eso. El espíritu del concierto mucho tuvo que ver con el de los canadienses. Porque si allí los músicos se sumaban para un todo, aquí hacen lo propio. La diferencia es Nina. Entiéndanme. No pretendo comparar, sino asimilar. No es que The Band no tuvieran una Nina de Juan. Ellos tenían cinco, y eran capaces de sumar sus talentos para sonar únicos. Aquí la excelente base instrumental suma los suyos para que Nina brille. Y vaya si brilla. Mágica en muchos momentos, asombró incluso a los que sabíamos de lo que era capaz. Mostró una pasmosa facilidad para controlar las intensidades y dinámicas del concierto, nos enamoró con ese pequeño set en castellano integrado por «Sargento de Hierro» (ojo que va al próximo disco) y «Volver», cantada por el público, y acabó de ganarnos con su delicioso nerviosismo en los speech vocales. Y, para cerrar el círculo, como si quisieran decirme” ¿te has dado cuenta?” Se marcaron un «The Night They Drove Old Dixie Down» en los bises. Magia pura, pero ojo. Que les sirva para reflexionar sobre su próximo disco.

 

Eduardo Izquierdo

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