Vivos — 20 noviembre, 2017 at 9:49

Dee Dee Bridgewater, Conde Duque / Festival Int. de Jazz de Madrid

El otoño de Madrid se antoja invierno y cuesta ya arrancarse el frío cuando la tarde cae por sus calles, pero hay días mágicos como el de hoy, en el que hasta el sol firma una tregua con la luna para ocupar de la mano asientos contiguos. Esa estela seguimos y encontramos el mejor de los refugios: Un Teatro Fernán-Gómez iluminado por miles de ojos abiertos como platos, expectantes de eclipse y leyenda, preparados para sintonizar el dial y viajar al Memphis dorado de la mano de Dee Dee Bridgewater.

La que quizás sea la mejor voz del género en la actualidad, vuelve a pisar las tablas del Festival Internacional de Jazz de Madrid, esta vez con el flamante y magistral “Memphis… Yes, I’m Ready” bajo el brazo, uno de sus trabajos menos jazzísticos, pero pieza imprescindible para comprender como se fraguó la personalidad de la pequeña Denise Eileen que sale en la portada. Un recorrido por aquellas voces que salían de la vieja radio de su infancia y adolescencia, canciones empapadas de blues, gospel y soul que le dejaron huella.

Sale a escena de riguroso negro (vestido, sombrero y gafas con purpurina), elegante y sexy a sus 67 años, nos tiene en el bolsillo tras el primer parpadeo. Así nos dejamos llevar por la emisora de su vida (ADN Stax y Hi!), regalándonos interpretaciones inolvidables, arriesgando en cada tema y haciéndolos totalmente suyos. Del sofisticado “Yes, I’m Ready” en el que, preparados o no, caemos totalmente enamorados, al “B.A.B.Y” de Carla Thomas, con el que hace que se contonea todo el teatro, pasando por un sentido “Why (Am I Treated So Bad)” que nos hace tragar saliva, o los aullidos salvajes del “Hound Dog” que popularizó Elvis, pero que siempre fue y será de su querida Big Mama Thornton. Como dice la canción, a Lady Bridgewater no hay nada ni nadie que la intimide por mucho que ladre.

Acompañada por una genial Memphis Soulphony que no le pierde ojo en ningún momento, haciéndolos girar y mimetizándose con cada uno de ellos. Sus cuerdas vocales serpentean con la guitarra de Charlton Johnnson, el saxo de Bryant Lockhart o la trompeta d Curtis Pulliam, con sordina o sin ella, con la misma facilidad.

Nos araña con el soul “I Can’t Stand the Rain” de Ann Peebles y recuperamos el aliento mientras bromea con Farindell “Dell” Smith (omnipresente al teclado y órgano). Derrocha vitalidad y simpatía, imitación de Mr Presley incluida tras una sublime “Don’t Be Cruel”.

Llega el final, y aunque la letra cuenta que “el sentimiento se suele ir…”, si estuviste delante de Dee Dee Bridgewater cuando se dejó la vida en el “The Thrill is Gone” de BB King, asentirás si digo que, la emoción y ese momento no se irán nunca. Teatro en pie y ovación monumental, a la que Dee Dee responde con un “Try a Little Tenderness” que nos remata y deja una sonrisa colectiva, que comparte hasta el mismísimo Otis Redding allí donde esté.

Ya puede llegar el invierno y durar lo que quiera… Recordaremos que una noche Madrid fue Memphis y Dee Dee Bridgewater nos quitó el frío para siempre.

Texto y fotos: David Pérez Marín

 

 

 

 

 

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