Encuentros — 20 noviembre, 2017 at 9:58

Salto: “No soy ni la uña del pie de Tom Petty”

Germán Salto acaba de editar “Far From The Echoes”, un segundo trabajo con el que se confirma como alguien a tener muy en cuenta. Salto presentará su disco el próximo jueves 23 de noviembre en la sala Sidecar de Barcelona.

18 de noviembre de 2015: “Son las 5 de la madrugada en Nueva York y estoy escuchando tu programa de radio. ¿Cuál es el nombre del artista de la canción “Monster” que has pinchado? Rock de los 70, beatlelish”. Era el mismísimo Paul Collins -en un mensaje privado vía Facebook- interesándose por una canción que le había cautivado. Le expliqué que era Salto, un tipo que sólo unos meses antes había grabado un álbum de debut estupendo. Lo cierto es que unos cuantos locos no parábamos de alabarle en blogs, programas de radio y redes sociales y supongo que fuímos provocando un (modesto) efecto bola de nieve que acabó llevándole del anonimato a colarse en nuestro ranking de mejores discos nacionales de 2015: los redactores del Ruta 66 votamos como tercer mejor disco del año a ese vinilo en cuya portada lucía un imponente gallo y que se había convertido en la revelación de la temporada.

Sus temas sin duda lo merecían. Como bien apuntaba Paul Collins, rebosaban melodías de querencia beatle; aunque también se mencionaba en las entusiastas reseñas a Big Star, Jayhawks y Tom Petty como posibles influencias. Por el camino descubrimos que era un tipo barbudo de unos treinta años y que había tocado la guitarra con Willy Tornado, Serpientes y Hairy Ladies; también que había grabado ese primer y homónimo disco en el estudio de Rams (Right Ons, Jet Lag…) y Martí Perarnau (Mucho), con la producción y ayuda de ambos y de otro puñado de buenos amigos.

En 2016 llegó un single (Signs / Valley) que flirteaba con el sunshine pop californiano más enjundioso, regado con unos desarrollos instrumentales que destilaban auténtica lisergia gracias a unas afiladas guitarras harrisonianas. Era una evolución lógica y gozosa cuya onda expansiva ha acabado alcanzando a “Far From The Echoes”, su esperado segundo trabajo y motivo de este primer encuentro rutero…

¿Crees en el manido tópico de “la prueba de fuego del segundo disco”?

Creo que habría que diferenciar entre el de alguien que ha tenido un gran éxito con su primer álbum de mi caso, que no lo habrán escuchado más de seiscientas personas (risas).

 El éxito es relativo, pero creo que la cálida acogida y las reseñas cosechadas por tu debut así lo acreditan.

En ese sentido sí he tenido bastante presión. Es algo que hasta lo hemos comentado en los ensayos, que el segundo disco al menos tenía que ser igual de bueno que el primero. Y, si te soy sincero, ha sido imposible dejar de compararlos constantemente mientras grabábamos, cuando hablaba con los productores…

¿Hasta qué punto esa presión puede condicionar tu creatividad? Ya sea porque se convierta en un reto o porque pueda acabar bloqueándote…

Creo que a mí no me ha afectado por mi forma de componer, que es distinta a la de mis amigos. La gente que conozco suele llevar treinta canciones y ven cuáles gustan más y cuáles menos, y al final deciden y se quedan con diez para el disco. A mí una canción me tiene que entusiasmar para que no la deseche en el mismo día; así que supongo que podría tener un montón de canciones mediocres que directamente he preferido descartar. Durante ese proceso no pienso en si es mejor o peor que el primer álbum, lo que miro es si hay o no una canción, y en ese momento es cuando decido terminarla. No sé si son mejores o peores, sólo sé que me encantan y hasta que no se graban me falta un poco de perspectiva. También podría ocurrir que, aunque las canciones sean buenas, acabes haciendo un disco de mierda, pero hasta que no está terminado no sabes si va a gustar más o menos.

Has hablado de tu forma de componer. Con esto del marujeo 2.0 que nos proporcionan las redes sociales, vi que te escapaste al campo unos días (aparentemente) solo para componer sin interferencias.

No suelo componer así, pero vivo con un estrés brutal y siempre voy fatal de tiempo, así que me vino muy bien y supongo que lo repetiré. De hecho el disco entero habla de este estilo de vida que llevo por mi trabajo; es tan estresante que si me paro a pensar en ello me derrumbo y me bloqueo. Así que no me queda más remedio que ir para adelante. Es de lo que hablo en “Moving”.

Pero respecto a la música, entiendo que es una presión autoimpuesta.

Esto es lo que más me gusta de mundo y hay días que me meto jodido en la cama porque veo que no me ha dado tiempo a tocar lo que yo quisiera o que no he compuesto nada. Lo que siempre deseo es hacer un siguiente disco espectacular, y si veo que no estoy trabajando lo suficiente en ello me lo acabo echando en cara; me planteo si no sería mejor músico si me dedicara un poco más a ello; me planteo incluso centrarme sólo en la música y dejar de lado la vida social. Por eso, cuando vi que tenía unos días libres decidí irme solo; de hecho me llevé comida para no tener que ver a nadie los primeros días. No hablaba con nadie y sólo me dediqué a cantar y escribir. De las tres canciones que hice dos acabaron entrando en el disco, así que por ese lado estoy bastante orgulloso.

Quizá estoy sugestionado por haber visto un piano en tu casa, pero he encontrado en este disco muchos más teclados.

La verdad es que me lo acabo de traer de casa de mis padres, porque de pequeño tocaba clásica. Estaba allí abandonado y la intención es empezar a utilizarlo y hacer canciones distintas. Pero aunque haya compuesto mucho con la acústica, lo hice con la mano derecha pensando en que serían tocadas luego con un piano.

Pues si te ha salido este disco sin tener un piano en casa, no sé si en el próximo te vas a convertir en Richard Clayderman (risas)…

En serio, hay muchas figuras de mano derecha que eran para un piano directamente, como en “Everything”. Por eso he fichado a Willy para la banda.

Si lo has hecho para intentar llevar este disco al directo creo que directamente vas a necesitar a una orquesta.

No pretendo reproducirlo fielmente en directo, pero sí que Willy puede ayudar. Además del teclado meterá percusiones, coros, guitarras y hasta toca el cello, pero no creo que lo acabe haciendo en directo. Hay mucha gente que siempre dice “oye, tienes que grabar un disco que vayas a poder defender en directo” y yo no lo necesito. Lo que más me gusta de la música es componer y grabar discos y no voy a dejar de hacer un disco mejor pensando en la puta gira de ese año, cuando en realidad lo que no quiero es pensar cinco años más tarde “¡Joder! ¿Por qué no metí ahí una orquesta?”. El disco seguirá siempre ahí y de la gira es posible que ni me acuerde. Además, me gusta que las canciones en un concierto te puedan aportar algo diferente, te dan como un plus, te genera la curiosidad de ver cómo lo defienden en directo.

Por tu complicada agenda de trabajo, que incluye muchos fines de semana, supongo que es difícil organizar una buena agenda de conciertos, ensayos… Imagino que ése es uno de los motivos por los que se te ha podido ver en directo sólo con la acústica, a dúo, a trío, como banda… ¿Qué es Salto ahora mismo?

No he tenido más remedio que aprender a vivir con ese estrés y llegué a asumir que iba a dar cada concierto con una banda distinta, con los que hubiera disponibles. Por eso he cambiado el grupo, me he visto obligado a prescindir de mis amigos por el éxito de sus proyectos (Morgan, Miss Caffeina, Sidecars…). Así que bendito problema, me alegro muchísimo por ellos y siempre les agradeceré que me hayan acompañado con una sonrisa, aunque fuera ante sólo trece personas en Zaragoza. Ahora necesito contar con gente para la que Salto se convierta en su prioridad y que al final las canciones suenen como quiero, ya no me vale salir del paso con una jam. Salvando las distancias, ¡este disco tiene que sonar como si fuéramos los putos Wilco! (risas)

Y, entonces, ¿quienes te acompañarán en Salto a partir de ahora?

El único que sigue es Utah, al bajo. Gabi Planas, el hermano de Willy, es el batería y supongo que cuando estéis leyendo esto ya habremos sumado otro guitarrista. Pero no quiero renunciar al formato acústico, aunque si podemos hacerlo entre varios mejor.

El reverso de tu estrés es que tienes un trabajo que te da de comer y que te ha permitido el lujo de grabar este disco.

Las cosas tampoco son exactamente como parecen, pero de una manera u otra me he liado la manta a la cabeza y no he querido escatimar a la hora de grabar, dándole a cada canción lo que pedía. De hecho deje de llevar la cuenta de lo que me estaba gastando en el disco para no deprimirme (risas).

Supongo que eres muy consciente de que hay muchas posibilidades de que no recuperes todo lo que has invertido.

Ahora mismo, a la hora de hacer música sólo pienso en recuperar lo invertido, pero si el disco me gusta, y dentro de veinte años voy a sentirme orgulloso, no me importa acabar perdiendo mil euros. Hay quien dice que es arriesgado, pero yo creo que tiene más valor que amigos hayan decidido dejar todo para dedicarse completamente a la música.

Pero estas canciones también habrían sonado muy bien grabadas de una manera más austera, aunque fuera con otro grado de satisfacción para ti. Si tus condiciones personales cambiaran, ¿te ves grabando tus canciones de una manera más modesta?

Supongo que sí. Ahora estoy muy motivado, pero si de repente veo que llevo cinco discos y sigo tocando para trece personas quizá me venga abajo. Pero entonces probablemente me centraría en sacar discos, que es lo que más me gusta, y dejara de tocar. Lo que tengo claro es que ahora y con estas canciones, prefiero pasarlas putas y estar sin un duro, pero haber grabado este disco.

Como oyente, egoístamente por tanto, tu situación es la ideal: no escatimas ni en esfuerzo ni medios para grabar el mejor disco posible, pero al no vivir de ello te puedes permitir hacer exactamente lo que te dé la gana, sin coartar tu creatividad, sin someterte a ningún dictamen externo ni moda alguna.

Totalmente de acuerdo, aunque siempre acabe sufriendo por no poder dedicarme completamente a ello, por no ser tan bueno como me gustaría. Pero, por otro lado, la verdad es que hago lo que quiero.

Hay músicos españoles -de los que no nos gustan nada sus canciones pese a tener en común con ellos miles de discos en nuestras discotecas- que logran meter sus éxitos en las radiofórmulas y llenar plazas de toros… ¿Hasta qué punto crees que están haciendo los discos que les gustaría hacer por culpa de la presión de la industria, ya sea externa o autoimpuesta?

No sé, hay unos cuantos con los que sé que podría pasármelo muy bien hablando de música, pero quizá también estén orgullosísimos de sus discos o quizá se limiten a hacer bien lo que saben hacer. Lo que está claro es que en sus conciertos se puede constatar que a su público lo tienen ganado, aunque no sean muy musiqueros y el ochenta por ciento no hayan escuchado un disco de J.J. Cale en su vida.

Aun a riesgo de ser lapidado… Creo que eso lo podríamos hacer extensivo a los conciertos de Springsteen. Conozco a un montón de gente que le han visto decenas de veces en directo y sólo le escuchan a él, que no saben ni quien es Tom Petty ni Mellencamp y si me apuras tampoco Bryan Adams.

Tengo un compañero que tiene a Springsteen como artista favorito y que el otro compacto que lleva en el coche es del musical de Mecano. A mí, lo que me gusta de él me gusta mucho, pero el resto me deja muy frío.

Volvamos a tu disco. Mientras que en el primer trabajo se condensan habitualmente tres o cuatro años de trabajo, el segundo suele ser una instantánea de un momento concreto; y si este acaba llegando es porque el primero funcionó. Generalmente suele haber además un proceso de maduración del artista. ¿Cómo valoras tú esa evolución en tu caso, existe? ¿Es producto de la confianza, de una mayor pericia como músico?

Creo que sí hay una evolución. El componer también se aprende y se entrena, y las canciones del primer disco eran prácticamente las primeras que escribí en mi vida; aunque también los hay que su primer disco es magnífico y el resto una mierda (risas). Yo sí he trabajado mi forma de hacer canciones y ahora tengo algunas que antes habría sido incapaz de escribir. Por otro lado es muy sencillo componer una canción resultona, porque tú coges do, fa y sol y cantas lo primero que se te ocurra que encaje en esa armonía, y ya tienes algo agradable al oído. A eso le añades una guitarra haciendo unas sextas bonitas, y unos arreglos obvios y consigues algo que le va a gustar a cualquiera. Hay muchos que viven de ello. Sin embargo, cuando escuchas “American Tune” sabes que ésa no es la primera canción que ha escrito alguien en su vida, aunque sea un genio como Paul Simon. Aunque suene cursi decirlo, eso es un producto artesanal.

¿Crees que has llegado a un punto en el que ya has encontrado tu sonido o piensas que vas a vivir en una evolución constante, sujeta a estímulos y vaivenes emocionales e influencias externas?

Más bien lo segundo. Fíjate, ya estoy escribiendo canciones para un hipotético tercer disco y me apetece hacer algo totalmente distinto, sólo con dos guitarras, batería y bajo o quizá, por el contrario, algo aún más sofisticado. Tengo unas cuantas en cada dirección y no sé qué es lo que me va a apetecer hacer, pero es posible que pueda ser una vuelta a las raíces y de repente el siguiente sólo orquesta y voz. En cualquier caso será “muy Salto”, porque lo que haga será porque realmente me apetezca hacerlo, lo tengo clarísimo. Te aseguro que no voy a acabar haciendo un disco de estribillos y riffs fáciles sólo porque haya visto lo bien que funcionan en los festivales.

Lo que más me ha gustado en este trabajo son las melodías de la voz. No sé si las has cuidado especialmente…

Me gustan los guitarrazos, pero lo que más valoro en una canción es sin duda eso: la melodía. Las canciones de los Kinks de la primera época, pese a esos riffs, no me volverían loco si no tuvieran esas melodías tan increíbles. Ya te decía que es muy fácil hacer una canción que guste, pero cuando estoy componiendo si veo que es algo que lo podría haber hecho mi vecino del quinto lo descarto directamente. Sin embargo, cuando encuentro algo más complejo me quedo con ello y sin duda la melodía es lo que más me gusta de la canción

Pero, más allá de la composición, ¿no crees que estás cantando mejor o es que ahora te atreves a cantar cosas que antes ni te planteabas?

Sí, sin duda; pero es que yo nunca he sido cantante. Todavía recuerdo el cachondeo de mis padres el día que llegué del colegio a casa y les dije que me habían cogido para el coro (risas). Cantar en el primer disco fue una especie de tortura, porque no lo había hecho en mi vida y lo pasé realmente mal. Sin embargo he ganado tablas después de haber hecho unos cuantos conciertos, tanto ante gente que te atiende como otros que no te hacen ni puto caso. Me ha venido muy bien y creo que con este disco sí que es posible que haya llegado a mi nivel como cantante.

Has metido muchísimos arreglos, ya no sólo vientos, todo tipo de teclados y cuerdas, también capas de coros femeninos y una multitud de detalles, como ese punteo que entra por detrás al final de “Everything” y acaba rompiendo el puente… ¿Es algo que ha surgido en el estudio a la hora de producir o que ibas pensando mientras componías en tu casa?

Hay más de lo primero, aunque en realidad es un poco de todo. Cosas que yo he pensado pero también ha habido otras que Ram y Martí me han tirado para atrás y algunas en las que me han animado. He trabajado con gente que me entusiasma, tanto músicos -que han estado especialmente inspirados y creativos- como a nivel de producción. El disco es lo que es gracias a su colaboración, y mucho mejor que si lo hubiera tocado y producido yo solo.

¿Pero tanta ha sido su colaboración como para que ellos dos figuren como coautores en un puñado de canciones?

Sin duda. Hasta ahora he grabado siempre con ellos, así que les considero también parte del grupo. Muchas veces, cuando me bloqueo en una canción se la mando a Rams para que opine y más de una vez me ha abierto una puerta que me permite terminarla. Por no decir que, por ejemplo, el estribillo de “Her Man” directamente es suyo y el proceso fue el inverso. Otro ejemplo, en “It’s All About You” Martí consideró que le faltaba una parte y como si nada se sacó ese estribillo delante de mí, que de hecho en el disco canta él.

¿Hasta qué punto ha sido necesario que existiera el single de 2016 para que “Far From The Echos” sea así?

Son dos canción que tenía y me gustaban mucho… La de “Signs” se quedó fuera del primer trabajo por poco y me dio por grabar el single. Lo veo como un aperitivo de lo que iba a venir a continuación, en cuanto a melodías y desarrollos.

No es un disco difícil, pero es de esos de los que van ganando tras cada escucha, atrapándote mientras vas descubriendo muchos más matices. Pero se ha llegado a decir “En España nunca se ha grabado un disco como éste”. ¿No crees que cuantas más expectativas se crean más fácil es que acabe decepcionando?

Yo te puedo decir que hay grupos que no están mal y que sin embargo les tengo manía porque porque hablan de ellos como si fueran los salvadores del rock.

Entonces, cuando escucho que “esta canción de Germán la podría haber escrito Tom Petty” me muero de vergüenza porque es la mayor barbaridad que se puede decir y es algo que no soporto con otros grupos. Valoro mucho más cuando te dicen cosas buenas pero también son capaces de decirme las cosas que no les han gustado.

Por ahí iban los tiros… Juan Santaner, tu manager, ha llegado a decir que “En España nunca se ha grabado un disco como éste”…

Es posible que gracias a comentarios como ese vaya a haber gente que escuche el disco, aunque sea para criticarme. No me voy a meter con su forma de hacer promo, pero no sé… Lo que quiero es que la gente escuche y opine, porque estamos en un mundo de redes sociales y con un peloteo tan grande que me hace pensar que hemos perdido la perspectiva y que el que las ha dicho no sabe en realidad de qué va la música. “Salto no es ni la uña del dedo del pie de Tom Petty” podría ser hasta el titular de esta entrevista (risas), quizá sea la antipromo que me gustaría hacer. Escucha mi disco, que es posible que esté de puta madre, pero, por favor no me compares con el último de Neil Young.

Bueno, el último disco de Neil Young precisamente es bastante mediocre, me quedo con el tuyo sin dudarlo… Creo que hay músicos que en lugar de modestia directamente tenéis un complejo, no sé si de inferioridad. ¡Tiene que haber un término medio entre los que creen que no hay nadie como ellos, como Loquillo, y vosotros! (risas)

Creo que Tom Petty o Neil Young han demostrado llegar a una altura que es completamente inalcanzable para mí y eso no es tener un complejo de inferioridad ni nada por el estilo. Es la pura realidad, yo no voy a hacer un disco como “Zuma” en mi puta vida, lo sé y no me preocupa. Igual que Neil Young sabe que no va a hacer nada como Mozart, y con esto no quiero decir que no pueda aparecer ahora alguien mejor que Mozart. Igual que no entiendo cuando John Lennon habla mal de “Your Bird Can Sing”, ¿¡cómo te puede parecer mala!? Para mí la alegría es que alguien escuche “Everything” y me diga que se ha emocionado; eso sí que es una sorpresa para mí. Y lo que me resultaría incomprensible es que alguien me diga que ha escuchado “Waterloo Sunset” y no se emocionó.

Me parece que has escogido un ejemplo un poco tramposo…

 Ok, Neil Young se ha ganado el derecho a hacer un disco más corriente, incluso diría que no son tantos los discos que tiene completamente redondos, pero da igual, es Neil Young. Es como si a McCartney no le hubieran dejado ir a Nigeria a grabar “Band On The Run”, no le puedes cortar las alas a gente que he ha ganado a pulso hacer lo que les dé la gana, sea cual sea el resultado final.

Antes te has referido a tu primer disco como “el del gallo”. Supongo que el single será “el del barbudo”… ¿Cómo nos vamos a referir a “Far From The Echoes”, porque la portada no es tan obvia?

Soy yo con una especie de isla en mi cabeza, una isla con mi locura. Le di el disco a Jose [Fragoso, su primo y responsable del artwork de todos los trabajos de Salto, N. del A.] para que lo escuchase y ver lo que le sugería. Yo quería algo menos minimalista que los anteriores y él acabó dibujando esos muñecos bailando y con esas trompetas que entran y salen.

Nos avisaste de esa “ida de olla” en algunas canciones cuando realizamos la preescucha del disco en tu presencia.

En realidad creo que estaba poniéndome un poco a la defensiva, desde la inseguridad, porque Captain Beefheart me diría pero eso es música para viajar y Zappa directamente se reiría. Podría haber hecho otro disco como el del gallo, con canciones más sencillas, pero me apetecía hacer algo diferente, más complejo.

Sin embargo, hace poco vio la luz una versión de “Til The Morning” algo más elaborada, con un interesante desarrollo instrumental… ¿Es algo que habías dejado guardado o que no te encajaba en el disco?

En realidad surgió la oportunidad de grabar una canción y no quería utilizar ninguna de las que iban a ir en el segundo álbum, tampoco un descarte, así que decidí grabarla como la estábamos haciendo en directo y con la colaboración de Mike Viola.

Supongamos que llamara a tu puerta alguien de una discográfica potente -no necesariamente una multinacional, podría ser una independiente importante-, ¿hasta qué punto estarías dispuesto a renunciar a parte del control artístico en pos de una mayor difusión de tu música?

Eso es muy difícil de contestar, pero creo que hay muchas cosas por las que no pasaría. Quizá soy capaz de decirlo de una manera tan tajante porque tengo otro trabajo y me niego a que alguien me obligue a cantar a en castellano o a buscar un hit. No me niego a cantar en castellano, pero lo haré si algún día me apetece. No me podría perdonar escuchar algo dentro de unos años y no estar completamente orgulloso. El día que no pueda hacer lo que yo quiera lo más probable es que lo deje.

Lo has mencionado antes… En las redes sociales, incluso en algún artículo de algún periódico, se ha montado un buen debate acerca de la gente que se pasa los conciertos hablando. No sé si realmente la cosa se está yendo de madre o si es que nos hemos vuelto demasiado intransigentes.

Yo lo llevo realmente mal pero no suelo protestar. No comprendo pagar 35 € por ir a ver a alguien para pasarte todo el concierto hablando con un amigo. Entiendo que comentes algo del concierto con el que está al lado, pero en el concierto de Neil Young le tuve que decir -todo lo educadamente que pude- a los chicos que tenía delante que me estaban jodiendo el concierto. Y como músico lo llevo fatal, porque mis canciones no entran tan fácil, necesito que el público ponga algo de su parte y cuando les veo hablando me frustro y pienso que no me están dando esa oportunidad. Pero al final te vas acostumbrando.

Las redes sociales y YouTube te dan la oportunidad de llegar a un montón de gente…

La verdad es que tengo una asignatura pendiente con eso, pero con el estrés con el que vivo elijo poner todas mis energías musicales en escribir canciones. No tengo ni tiempo ni fuerzas de ir más allá. Además sé que si empleara tiempo en eso luego me iba a sentir fatal porque sería un día perdido, un día en el que no he escrito mi “Waterloo Sunset”. Mis energías tienen que ir destinadas a escribir la mejor canción que sea capaz de hacer; sé que nunca conseguiré la mejor canción del mundo, pero moriré tranquilo por haberlo intentado y no haber perdido el tiempo con estas cosas. Sé que me vendrían muy bien, pero no me lo puedo permitir y me hace mucho más feliz hacer una canción que conseguir que me vean mil personas en YouTube.

 

Texto: JF León

 

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